Antonio Maestre: “Me asusta tremendamente el ascenso del nacionalismo español en los barrios populares”

  • Texto: Homera Rosetti / Fotos: Ivan Giménez
  • diumenge, 1 juliol 2018

Antonio Maestre (Getafe, 1979) creció en un barrio popular de Fuenlabrada y hoy compagina el periodismo reflexivo y de investigación en 'La Marea' con apariciones en tertulias televisivas. A pesar del contraste, dice que son trabajos "complementarios". El primero le permite escribir análisis en profundidad; el otro le proporciona impacto mediático y le paga las facturas. Sus orígenes de clase le han marcado la forma de ver y explicar el mundo. Habla de la clase obrera desde la clase obrera, algo poco habitual en los medios. Se queja de que la izquierda española no comprende Cataluña, y que en Cataluña tampoco se entiende qué pasa en los barrios obreros como el suyo.

"Algunos periodistas tenemos un compromiso con la clase trabajadora, y otros lo tienen con las élites, pero lo que pasa es que no lo dicen"

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Tú coordinas un blog en ‘La Marea’, ‘Apuntes de clase‘, dirigido a la clase obrera. ¿En qué medida tiene sentido hoy hablar no sólo de la clase obrera, sino hablarle a la clase obrera? Y más en un momento en que hay quienes niegan su existencia.

En un principio, el blog ‘Apuntes de clase’ surgió precisamente para dar respuesta a un discurso mayoritario que intentaba negar la existencia de la clase trabajadora o la clase obrera. Existe un discurso de la meritocracia y la cultura del esfuerzo que tiende a menospreciar el lugar donde naces y de donde vienes: tu origen. El discurso mayoritario tiende a decir que sólo importa el mérito y lo que te esfuerzas, cuando es mentira, puesto que influye de manera vital el origen, el barrio del que vienes y donde te educas. Lo que te ocurre la mayoría de veces no es por tu culpa. Influye muchísimo más la clase a la que perteneces.

Es un reto escribir sobre un tema tan minoritario como la clase trabajadora, pero sobre todo es un gran reto que te lean.

‘La Marea’ no somos un medio mayoritario, y, cuando sacas un suplemento tan específico que suele ir dirigido a la gente que tiene conciencia de clase, sabemos que el público tampoco va a ser mayoritario. Nosotros pretendemos crear un lugar de encuentro, para que la gente sepa que tiene un lugar de referencia donde va a encontrar herramientas para poder defenderse en su entorno, en el trabajo, con su familia, frente al discurso mayoritario de la meritocracia y la cultura del esfuerzo. Es un pequeño grano de arena que intenta ayudar a quien lo necesite.

¿En qué medida tus orígenes de clase trabajadora influyen en tu práctica periodística?

Influyen en todo. A todos el entorno nos determina: el género, la raza y también la clase. Si yo vengo de un barrio humilde, eso me determina, y veo el mundo de una determinada manera. Igual que tú, que eres mujer, y ves el mundo de otra determinada manera que yo no puedo ver. Tenemos un montón de factores que determinan nuestra manera de ver la vida, de afrontar nuestro trabajo, y en el periodismo aún más. Yo he llegado al periodismo tarde. He llegado a la conciencia de clase muy tarde. He llegado a la política tarde. He llegado muy tarde a casi todo. Yo era un chaval de barrio al que lo único que le interesaba era el fútbol, beber y las chicas. Era mal estudiante y sólo quería divertirme. Quizá eso también me ha ayudado a ver cómo me determinaban mis orígenes. Todo no me pasaba porque era tonto; tenía unas trabas por el lugar donde había nacido. Y eso me determinó toda mi vida.

¿En qué momento te das cuenta de todo eso?

Fue después de leer a ciertos autores, primero desde un punto de vista muy superficial, y ahora más profundamente. Y todo me resultó familiar. Ahora he leído a Pierre Bourdieu y lo he entendido. Pero yo no llegué a comprender el capital social o el capital cultural primero leyendo a Bourdieu y luego analizando la vida. A mí me ocurrió. Cuando hablo sobre el feminismo con compañeras, me doy cuenta de que es lo mismo. Cuando leen sobre feminismo, ven que todo lo que les pasa es por un sistema que las oprime. A mí, igual. Todo lo que me había pasado era parte de un sistema que me había determinado.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“Cuando no te posicionas, cuando no te mojas o juegas a no molestar, en el fondo te estás posicionando”

Y una vez despertada la conciencia, ¿qué contradicciones nos podemos encontrar al intentar compaginar un periodismo riguroso con el compromiso político?

Primero hay que reconocer que el periodismo objetivo no existe. Luego, los que hacemos periodismo tenemos un compromiso concreto, el que sea. Unos lo tenemos con la clase trabajadora, con la izquierda, y otros lo tienen con las élites, pero lo que pasa es que no lo dicen. Cuando no te posicionas, cuando no te mojas o juegas a no molestar, en el fondo te estás posicionando. Yo me acerqué al periodismo para intentar dar voz a personas que no la tenían. Yo era documentalista en medios de comunicación, y veía cómo funcionaba todo. Y desde allí decidí estudiar periodismo y hacerme periodista. El periodismo es subjetivo desde el momento en que decides qué contar o qué no contar, a quién dar voz o a quién no darla. Pero, una vez que tú asumes este punto de vista, luego está ser honesto y riguroso con los hechos, y hacer un trabajo como cualquier otro. A mí puede no gustarme una realidad desde mi manera de pensar, pero no puedes dejar de contar una realidad u ocultarla para no afectar mi punto de vista. Dado el lugar que tenemos en los medios de comunicación gente como nosotros, que por lo general estamos un poco más apartados por ese compromiso, la única manera que tenemos de hacernos un hueco es mantener ese compromiso pero siempre siendo honestos. Yo creo que es compatible.

Como documentalista, ¿qué elementos clave hay para determinar que una información es de fiar?

El proceso de investigación, que es el paso previo de cualquier trabajo periodístico, sirve para que el lector no tenga que fiarse de lo que tú le estás contando. Si el lector duda de mi opinión o mi análisis, con las referencias este podrá contrastar la información. Hace poco le pedí a mi coordinadora en ‘La Marea’ que me dejara dos días para hacer mi crónica de la moción de censura. Porque en ese tiempo podría reflexionar, documentarme y hacer un trabajo diferente con un poco más de análisis y profundidad, y eso me permitiría coger un poco más de distancia respecto a los hechos. Bajar un poco la espuma te ayuda también a plantearte unos puntos de vista un poco más rigurosos. Todo influye. Lo que pasa es que no siempre tienes el tiempo y la capacidad para hacer todo esto. Yo tengo la suerte de que mi coordinadora me deja.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“Si puedo meter el mensaje de la clase trabajadora y denunciar la mentira de la cultura del esfuerzo en ‘prime time’, pues lo aprovecho”

Escribes periodismo de investigación en un medio como ‘La Marea’ y hace un tiempo ya que apareces en tertulias de La Sexta. ¿Cómo vives este contraste tan grande? Porque en 10 minutos que apareces en la televisión tiene mucho más impacto que un trabajo de meses de investigación.

Es difícil compaginarlo, pero tienes que saber muy bien cuáles son los foros, los públicos, los discursos que manejar en cada circunstancia. A mí todo el trabajo en ‘La Marea’ me sirve mucho para luego ir a la televisión conociendo mejor todos los temas porque los puedes trabajar de manera más profunda. Pero lo que yo puedo decir en televisión no tiene nada que ver con lo que yo puedo escribir con tranquilidad, y tengo que asumir que son públicos diferentes, que son medios diferentes y que la manera de comunicar también es completamente diferente, pero que es muy, muy necesaria y es muy válida y además también me da de comer. Lamentablemente la televisión paga mucho mejor que cualquier otro medio. Sin la televisión yo no podría escribir dos artículos semanales en ‘La Marea’, tal y como está la profesión, siendo autónomo, y cobrando a pieza. Además, llego a otro público al que no llegaría de otra manera. A mí como periodista de ‘La Marea’ me conocían sobre todo en las redes sociales y gente joven. Ahora que salgo en televisión me para gente mayor, jubilados, que me agradecen lo que digo. Es otra manera de hacer tu trabajo y defender un discurso en otro medio que llega a muchísimas más personas. Un artículo en el blog de ‘Apuntes de clase’ te lo leerán como mucho tres mil personas, pero con un minuto en televisión llegas a dos millones de personas. Si yo puedo meter el mensaje de la clase trabajadora y denunciar la mentira de la cultura del esfuerzo en ‘prime time’, pues lo aprovecho.

¿En La Sexta no te han censurado alguna vez?

Censura, no. Todos podemos intuir que, si dices determinadas cosas, ya no vuelves. Hay cosas que en una radio comunitaria puedes decir pero que en televisión tienes que modularlo y decirlo de otra manera. Eso es adecuar el mensaje, y la adecuación es parte de la comunicación. De todos modos, dentro de lo que cabe, yo he llegado a defender el derecho al tiranicidio en televisión. Algo complicado. Pero tienes que tener mucho cuidado con lo que dices y estructurar bien el mensaje para no acabar en la Audiencia Nacional. La televisión es muy traicionera. Y eso lo aprendes con el tiempo.

Pablo Iglesias también aprovechó muy bien sus apariciones en tertulias. ¿La irrupción de Podemos es una buena o una mala noticia para la clase obrera?

No te lo sabría decir. En su momento, fue una necesidad, o por lo menos encontraron el espectro para surgir. Pero no te sabría afirmar con rotundidad si fue una buena o una mala noticia. Al final se ha acabado amoldando a un discurso socialdemócrata, aunque en el momento en que surgió consiguió parar una deriva que llevaba IU. Pero ahora, en la coyuntura actual, no han sido muy buena noticia. No sé si por su culpa, o su responsabilidad. Ha habido otros movimientos tectónicos en la política nacional y europea que han hecho que todo salte por los aires perjudicando a la clase trabajadora de manera rotunda. Podemos en su momento fue necesario, ha hecho bien las cosas bien durante un tiempo, pero ha cometido errores tremendos, y no sé si es bueno o es malo; sólo sé que de momento no ha sido favorable para la clase trabajadora porque no ha logrado mejorar sus condiciones materiales de vida. Y eso es indudable.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“Lo que tiene Ciudadanos es sociopatía liberal, es darwinismo social, sálvese quien pueda; es dañino y tóxico”

¿Y Pedro Sánchez? ¿Su Gobierno es una buena noticia para los derechos de las trabajadoras y trabajadores?

De Pedro Sánchez nadie espera que mejore de forma sustancial nada. No cree en el proteccionismo de la clase trabajadora. Es un socioliberal que considera que la economía de mercado es un bien supremo que no hay que tocar. Que el liberalismo favorece a la economía y que no hay que mejorar la protección de los trabajadores. Yo soy muy nihilista en este sentido y no creo que vayan a mejorar de forma sustancial las condiciones de la clase trabajadora. Yo creo que los derechos perdidos de la clase trabajadora desde el año 2007 no se van a recuperar. Creo que podremos conseguir alguna mejora, pero que jamás llegará a los niveles anteriores a la crisis. Al menos a corto o medio plazo. La clase trabajadora ha perdido la fuerza de los sindicatos, que es la única que tenía. Los sindicatos siguen perdidos en los centros de trabajo tradicionales, no tienen ninguna capacidad para dar una salida a ese nuevo proletariado del sector servicios, a la mayoría de la clase trabajadora. Yo soy muy, muy pesimista y ahora mismo me conformaría con que no empeoraran las cosas.

Entonces, ¿la única buena noticia tras la moción de censura es el previsible freno al avance electoral de Ciudadanos?

Sí, por ahora se ha parado el golpe que se avecinaba. Yo creo que lo que ha ocurrido tras la moción de censura es muy perjudicial para Ciudadanos y para Albert Rivera, y esto debería congratular a todas las personas que se consideren defensoras de la clase trabajadora, o directamente de izquierdas. Porque lo que venía era muy jodido. Dentro del PP todavía quedan retazos de la democracia cristiana, que aunque sea por caridad, aún tiene unos atisbos de protección. Lo que tiene Ciudadanos es sociopatía liberal, es darwinismo social, es sálvese quien pueda, y eso es dañino y tóxico. Lo peor. A veces puedo parecer alarmista con Ciudadanos, pero es que sería demoledor que llegaran al Gobierno. La izquierda tiene que asumir que está en una situación de minoría, débil, que su discurso no es mayoritario. No tiene preeminencia ni siquiera en los sectores de clase trabajadora a quien intenta defender, y a los que les puede parecer más apetecible un discurso como el de Ciudadanos. Hay que atrincherarse hasta que pase esto.

¿A quién te refieres cuando hablas de la “izquierda”?

A todo lo que está a la izquierda del Partido Socialista, pero no sólo a nivel parlamentario. Movimientos sociales, periodistas también, asociaciones vecinales, los sindicatos. La masa social que de verdad defiende los derechos de los trabajadores por encima de cualquier discrepancia nacional, como puede pasar entre la izquierda mesetaria y la catalana.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“En mi barrio, en Fuenlabrada, hay muchas banderas españolas, y no son fascistas”

¿Cómo se ven desde la Meseta las diferencias entre la izquierda española o madrileña y la catalana? ¿Ciudadanos es el enemigo común?

Hay muchas discrepancias, pero en lo sustancial defienden a los mismos, o eso debería ser al menos. Porque, cuando se plantea el eje nacional, a veces no nos damos cuenta de que la victoria de Ciudadanos a nivel estatal también iba a afectar mucho aquí a Cataluña. Sería demoledora para todos. Y habría que ver cuáles son las dialécticas políticas que favorecen un fenómeno como el de Ciudadanos, e intentar de algún modo menospreciarlo. Cuando yo hablo de esto en Cataluña no se entiende. Es jodido, pero es así. El eje nacional enriquece de una manera brutal en España a Ciudadanos. En mi barrio, en Fuenlabrada, hay muchas banderas españolas, y no son fascistas. Fuenlabrada es una ciudad dormitorio, obrera, de inmigrantes extremeños y andaluces sobre todo, a 20 kilómetros de Madrid, donde siempre ha gobernado el PSOE. Y eso ocurre, aunque a mí no me guste verlo. Cuanto más se alimenta la dialéctica de enfrentamiento entre España y Cataluña, eso crece. Yo lo veo todos los días, y en barrios como el que yo vivo no se comprende lo que ocurre en Cataluña. Igual que se le achaca a la izquierda española que no se comprende lo que pasa en Cataluña, tampoco se comprende aquí lo que pasa en los barrios obreros como el mío. En los barrios obreros de España se ponen las banderas españolas y no se acepta la independencia de Cataluña. Y hasta que no cambie esto, continuar apelando al eje nacional alimenta de una forma exacerbada al nacionalismo español. Y eso favorece a Ciudadanos. Y a mí eso no me gusta.

Has pasado tiempo estos últimos meses en Cataluña y has informado de la represión del 1 de octubre. También encontrarías incomprensión de lo que habías visto aquí a tu vuelta a Madrid…

Cuando yo llegué aquí el 1 de octubre, vi las cargas policiales y conté lo que vi. También vi que la Diada no era una manifestación burguesa, sino totalmente transversal. Pero existe un rechazo frontal desde la gente de barrio porque lo que ocurre en Cataluña se considera mayoritariamente una revuelta de ricos. Se considera que es algo insolidario y que lo único que los catalanes quieren es más dinero. Combatir eso, con los medios mayoritarios que hay en Madrid, donde no hay mucho espacio para la pluralidad y el discurso es fundamentalmente frentista, es muy difícil. Explicar que lo único que quería la gente aquí el 1 de octubre era votar pacíficamente y que no había ningún golpe de Estado no se entiende. Rápidamente te colocan en el lugar de uno de los dos bandos. Yo tengo la suerte de ver cómo en Cataluña se me considera un nacionalista español y cómo en Madrid se me considera el tonto útil del independentismo. Es muy difícil matizar cuando se polariza tanto la situación. Tú puedes intentar analizar la situación desde un punto de vista periodístico y de clase, y aceptando un derecho básico como el de autodeterminación. Pero simplemente mostrar aquí lo que ocurre en los barrios de Madrid, o explicar allí lo que ocurre en Cataluña te aleja de cualquier posibilidad de matiz. No se te permite. Los que lo intentamos allí hemos quedado totalmente excluidos del debate de Cataluña, también en televisión. Y lo mismo sucede aquí. Me excluyen en ambos lugares. Cabe la circunstancia de que la mayoría de la gente que trabaja en la televisión no vive en los barrios populares, y yo sí. Me asusta tremendamente cómo los barrios populares en España se hacen nacionalistas españoles. Y, ojo, te puedes encontrar a una persona nacionalista española y que después vota Podemos. Dejadme que diga que esto es demoledor para los barrios de España. Y eso, si afecta a España, va a acabar afectando también a Cataluña. Con la confrontación lo único que se alimenta son los mayores monstruos, como Ciudadanos. Y dan miedo.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“En Cataluña me consideran un nacionalista español, y en Madrid, el tonto útil del independentismo”

Si tienes una visión tan pesimista de la realidad, ¿para qué escribes?

Mi compañera me dice: “Para qué insistes en derribar la pared si piensas que no va a ceder”. Y es cierto que yo no creo que cambien de forma sustancial las condiciones de vida de la clase trabajadora, pero quizá sí se pueden mejorar un poquito. La clase trabajadora es pragmática, y ese pragmatismo lo tiene que ver la izquierda. Tú puedes ilusionar a la clase trabajadora, pero sin mejoras concretas que ayuden a las personas a impulsar su proyecto de vida la izquierda no tiene nada que hacer. Mi compromiso es intentar que vean que hay opciones y que se puede mejorar algo las condiciones de vida desde una perspectiva de la justicia social, y que no se vayan al monstruo.

Hablas mucho del “monstruo”…

De pequeño, mi obsesión era leer sobre el fascismo. Mi primer libro fue ‘Holocausto’, de Gerald Green, que compré en la cuesta de los libreros. Se explicaba que había unos periodistas del ‘National Post’. Siempre se dice que no se vio venir el ascenso del fascismo. Pues estos periodistas, que eran unos cinco, desde los años veinte empezaron a alertar sobre el fascismo, y recibieron amenazas y atentados. Hitler los llamaba “la cocina venenosa”. Había uno de ellos que decía que prefería pecar por exceso que por deceso. Reconocían que quizá podían parecer exagerados; pero, ante la posibilidad de que ocurriera, continuaron escribiendo y denunciando. Acabaron los cinco muriendo en un campo de concentración. Habían acertado. Yo espero no acertar nunca. Pero las circunstancias que he visto en los últimos meses me han hecho alertar de lo que sucede. Tal vez soy demasiado alarmista, pero prefiero pecar por alarmista. He visto señales de alerta.

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