Jordi Cuixart: “En España hay mucha gente que se avergüenza de cómo se está comportando el Estado con Cataluña”

  • Texto: Antoni Trobat | Foto principal: Jordi Borràs
  • dijous, 6 setembre 2018

La primera vez que quien firma esta entrevista oyó en vivo a Jordi Cuixart (Santa Perpètua de Mogoda, 1975) fue el día en que se estrenaba como presidente de Òmnium Cultural. Hizo un discurso sincero y firme. Se le veía nervioso, eso sí. Sustituía a Quim Torra en la presidencia. Cuixart, un 'self-made man' criado en Sabadell, estudió una FP en su ciudad. No tiene másters en ciudades extranjeras. Ha ejercido de empresario y de demócrata. Toda la izquierda catalana se lo rifa. Hoy está en una cárcel acusado de rebelión por el Estado español. Esta entrevista a Cuixart, socio colaborador de CRÍTIC, es la primera del nuevo curso 2018-19. No ha sido una entrevista normal. Porque, seguramente, esta no es una situación normal.

"Una parte de la izquierda española ha cerrado filas con la derecha, pero sería peligroso ponerlos a todos en el mismo saco"

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¿Qué está sacando de su experiencia en la cárcel?

Es una experiencia dura, pero tiene aprendizajes muy positivos, como perder el miedo y vivir el momento presente en plenitud, como un momento complaciente. También la importancia de intentar ser siempre lo máximo de coherente con lo que piensas, lo que dices y lo que haces.

¿Qué tipo de relaciones ha hecho?

Con gente muy diversa. Una de las primeras cosas que aprendes aquí dentro es no prejuzgar a nada ni a nadie. Me he hartado de escuchar historias de vida muy impresionantes, de final incierto. Esto me ha enseñado que la verdadera riqueza está en el interior de uno mismo.

¿Le ha hecho replantearse algo, como ciudadano y como empresario?

Aunque siempre había pensado que la misma existencia de presos es un fracaso para la sociedad, hoy aún estoy más convencido de ésto. No podemos olvidar que las cárceles las crearon los hombres en nombre de la justicia y la misma prisión puede generar muchas situaciones de injusticia, tanto para los internos como también para las familias. Por otra parte, en las cárceles hay mucha gente con talento y lo que más hay que trabajar son aspectos emotivos como la autoestima o la empatía para que este talento aflore. Aquí, en Lledoners, se hace mucho trabajo positivo en este sentido.

¿Se debe replantear el sistema penitenciario?

Seguro, porque directa o indirectamente la misma dinámica delictiva y de prisión se ceba muy a menudo con quien menos tiene pero más necesita. Si miramos el lado positivo de las cosas, el grado de reiteración delictiva en Cataluña está muy por debajo de la media estatal y europea. Seguro que no es nada casual e indica un camino.

Foto: LAURA FÍGULS

“Somos un país de luchas compartidas: es lo que nos ha hecho avanzar como sociedad”

El soberanismo. ¿Cómo se construyen puentes y por qué se deberían levantar? ¿Con quién deberían ser estos puentes? ¿Qué diferencia ve entre compartir y ensanchar?

Lo dice Concepción Arenal: “Las fuerzas que se unen por el bien común no suman sino que multiplican”. La razón de existir de Òmnium Cultural es la de encontrar consensos y fortalecerlos. Jugamos un espacio de punto de encuentro que es absolutamente querido pero no impostado; es también la realidad de nuestra masa social y nos sentimos cómodos así. No hablamos de ensanchar sino de compartir porque a nadie le apetece ser ensanchado por otro; ensanchar parte de la concepción de que tienes posesión de la verdad y necesita ensanchados y ensanchadores. Desde el respeto y más allá de lo que podría parecer un juego de palabras, preferimos el verbo ‘compartir’, es decir, estar dispuesto a recibir y dar, entender y escuchar lo que aporta el otro. De nuevo empatía como herramienta de diálogo y de entendimiento. Siempre reivindicaremos que somos un país de luchas compartidas: es lo que nos ha hecho avanzar como sociedad, y éste es un elemento fundamental de nuestra cohesión social.

Nuestro papel es seguir promoviendo la cultura como herramienta fundamental contra la intolerancia y el totalitarismo, seguir trabajando para fortalecer la cohesión social de este país y seguir batallando para que se dejen de vulnerar derechos y libertades, conquistas democráticas que ahora vemos como no estaban nada consolidadas. La operación de Estado contra los lazos amarillos también quiere esconder que en Cataluña más de un 75% de la población está en contra de nuestro encarcelamiento, “curiosamente” el mismo porcentaje que de gente que defiende el referéndum como vía para resolver el conflicto político. El movimiento antirepresivo se convierte en una lucha compartida del catalanismo. Nosotros siempre hemos defendido la vía escocesa y es el Estado quien, cuando la niega, tiene el deber de proponer una oferta a los ciudadanos de Cataluña. El Estado se equivoca estrepitosamente si esta propuesta es la represión.

“El Estado español debe preguntarse por qué su proyecto nacional es completamente fallido”

Hace poco, el escritor Carlos Zanón decía de usted que hay muchas personas en Cataluña que se le parecen. De izquierdas, hijo de murciana y de catalán, de extracción trabajadora. ¿Al Estado le preocupa que el independentismo tenga figuras relevantes de esta extracción como usted? En casi todas las naciones sin estado europeas las diferencias entre grupos etnoculturales diferentes dentro del mismo territorio han sido difíciles de superar (un ejemplo paradigmático: Irlanda entre ‘Ulster scots’ protestantes y gaélicos católicos). En este sentido, Cataluña y el catalanismo son un modelo de éxito. ¿Qué le falta, pues, al proyecto nacional catalán para triunfar?

Para mi, la cohesión social en Cataluña es un modelo de éxito, acuñado en buena parte por el modelo de escuela y, con toda seguridad, por la voluntad acogedora de una sociedad como la catalana, donde el hecho migratorio es estructural. Lo hemos de reivindicar aún mucho más como uno de los principales motivos de autoestima colectiva. Muy mayoritariamente no preguntamos por los apellidos sino por el destino compartido. A pesar de la alerta permanente y de los profesionales del odio y la división, no hemos caído en la deriva xenófoba que recorre Europa y el mundo. Somos la sociedad del “Nuestra casa, vuestra casa” [lema de la campaña para acoger refugiados], y tenemos que hacer valer el abrazo de Rubí a raíz del 17-A, entre un padre que pierde el hijo en un acto terrorista y un imán que llora desconsolado. Mi realidad personal es la de muchísima gente en Cataluña. Hijos de personas que han venido de todo el Estado español o de fuera buscando un futuro más digno para sus familias. En muchos casos, gente que se asfaltó literalmente las plazas y las calles con sus propias manos. Les debemos estar eternamente agradecidos. Ellos no vinieron en patera pero sí con maletas de cartón. Y cada día más, recién llegados o hijos de inmigrantes ven, vemos, en el soberanismo, el único proyecto inclusivo que precisamente puede garantizar un presente digno y un futuro esperanzador.

Me parece que al pueblo de Cataluña no se le puede negar la fortaleza de un proyecto compartido. Colectivamente han sido capaces de madurar socialmente, de fortalecer sus estructuras, de salir pacíficamente a la calle durante años, de ejercer derechos y libertades sin miedo a pesar de los abusos de poder del Estado y de responder a la represión con determinación. Creo que es España quien debe preguntarse por qué su proyecto nacional, más que poco exitoso, es completamente fallido. Pero esto no es suficiente, porque el ‘ascensor social’ se ha detenido, o ralentizado en el mejor de los casos, y esto hay que revertirlo. Dar respuesta también a las necesidades más básicas de los vecinos más vulnerables. Estamos hablando de la crisis habitacional o la pobreza energética y las ejecuciones hipotecarias que todavía afectan a una parte muy grande de nuestra sociedad. Por ello Òmnium impulsó el Proyecto “Lliures” [Libres] con Coop57 y las ECAS. Hay luchas sociales compartidas que son una prioridad nacional.

“En un referéndum de autodeterminación también defendemos la igualdad entre conciudadanos para decidir libremente el futuro político”

En relación con la pregunta anterior, más allá de un cierto regusto de clase media enfadada en algunos episodios, el movimiento soberanista ha sido bastante transversal y de base mayoritariamente progresista y democrática. ¿Cómo cree que ve al soberanismo el ciudadano medio del otro bloque? ¿Hay que hacer un ejercicio de alteridad? ¿Ha habido un catalanismo demasiado esencialista etnoculturalmente hablando?

Una de las grandes riquezas del soberanismo es ciertamente su transversalidad y sus matices. Disculpadme que personalice, pero yo soy Cuixart y Navarro de apellidos, y nuestro vicepresidente es Mauri y de los Ríos, junto a la vicepresidenta Llansana y la mitad de la junta nacional, que son mujeres. Creo que los hechos hablan por sí solos. Como nos explica bien Carme Junyent [lingüista de la UB], hoy convivimos con más de 200 lenguas, ciudadanos que ya no tienen el catalán o el castellano como lengua materna sino que tienen el chino, el urdu o el árabe. Esto nos hace más ricos como sociedad y el catalán se convierte más que nunca en la lengua común y de cohesión, como lo es el italiano en Italia o el inglés en el Reino Unido. Unidos en la diversidad, que también significa sin renuncias de nadie, como simboliza el modelo de escuela catalana.

El concepto de alteridad nos religa con el concepto de compartir: tomo conciencia de que mi vecino tiene un punto de vista que se complementa y es igual de válido que el mio. No se contrapone, sino que suma haciendo un producto nuevo. La defensa del diálogo o de la libertad de expresión, del rechazo a la violencia política y a la judicialización política de cualquier alternativa, son grandes consensos de país: vuelvo al 75% de catalanes que rechazan la existencia de presos políticos. En un referéndum de autodeterminación también estamos defendiendo la igualdad entre conciudadanos para decidir libremente el futuro político. Antes que soberanistas somos demócratas.

Foto: GUILLEM ROSET

“Defender la libertad en Cataluña es hacerlo también en Murcia, en Madrid o en Andalucía”

¿Cómo ve la izquierda española? ¿Podemos representa un cambio real? ¿Ha escrito a Pablo Iglesias? ¿Espera nada del PSOE?

Pablo Iglesias me vino a visitar a la cárcel de Soto del Real. Tanto él como Alberto Garzón han sido los primeros líderes políticos de ámbito estatal que exigieron abiertamente la libertad de los presos políticos; también Pepe Álvarez, de la UGT. La izquierda española es un concepto muy amplio que hay que concretar. Es evidente que hay una parte de esta histórica izquierda española que, hasta ahora, y sobre todo con el conflicto político catalán, ha cerrado filas con la derecha española o, en nombre del federalismo sin hechos concretos y decididos, ha negado o menospreciado el derecho a la autodeterminación de la sociedad catalana. Pero sería peligroso ponerlos a todos en el mismo saco. En España hay muchísimas personas que se avergüenzan de cómo se está comportando el Estado con Cataluña. De cómo se están vulnerando impunemente los derechos y las libertades ciudadanas, de la brutal represión que se está infligiendo y los bajísimos niveles democráticos actuales. Desde el manifiesto ‘Derechos y Libertades’, firmado por 200 artistas e intelectuales, el manifiesto de más de 100 catedráticos de derecho penal, pasando por la denuncia de Amnistía Internacional o de otras víctimas de la ola represiva, como Cristina Fallarás o Helena Maleno, por citar dos nombres entre tantos. La campaña #RiveraQuitameEste es también un baño de realismo contra la provocación y el oportunismo.

Estamos en plena competición por la extrema derecha entre el PP y Ciudadanos, con un Gobierno del PSOE que se diferencia poco en lo fundamental, las dificultades de Podemos e Izquierda Unida para hacer llegar con claridad su defensa del derecho a la autodeterminación son reales, pero no pueden descuidar y renunciar a su histórica defensa de los derechos políticos fundamentales. Defender la libertad en Cataluña es hacerlo también en Murcia, en Madrid o en Andalucía. La libertad es plena o no es real.

“El 20-S, el objetivo no era impedir los registros, sino protestar pacíficamente por la actuación y las detenciones”

¿Cómo recuerda el día 20 de septiembre?

Tengo un buen recuerdo de aquel día, aunque tenía una fiebre de narices. La noticia saltó a primera hora de la mañana, y de manera espontánea la ciudadanía se fue concentrando en las puertas de la Conselleria d’Economía. Se estaban produciendo unos hechos gravísimos e inéditos. Las entidades y el tejido asociativo del país (sindicatos y entidades) coincidimos en que era necesaria una respuesta coordinada, sumamos fuerzas y nos concentramos a mediodía en la plaza de Sant Jaume de Barcelona para denunciar este ataque flagrante a la democracia y unirnos en defensa de las instituciones. En Economía cada vez se iba concentrando más gente, siempre con un carácter cívico, pacífico y festivo… y es que no lo sabemos hacer de otra manera. Yo fui a primera hora y luego por la tarde, a partir de las 6 más o menos. El objetivo no era impedir la ejecución de las entradas y de los registros, sino protestar pacíficamente por la actuación y las detenciones. Al mediodía ya anunciamos que la concentración terminaría a las 12 de la noche… Era consciente de que a buena parte de la gente no les gustaría que desconvocásemos, pero había que leer bien la situación. Ya por la tarde, Jordi Sánchez y yo desconvocamos la protesta.

Tristemente, ninguna cadena de ámbito estatal no ha querido emitir el documental ’20-S ‘, de Mediapro: es un nuevo ejemplo de silencio informativo, de la manipulación mediática y del proceso de deshumanización que acompaña nuestra acusación en diversos medios. El 20-S es una fecha para reivindicar el derecho a la manifestación pacífica: son las dictaduras las que meten en prisión a opositores civiles por el hecho de salir a la calle, desde Marruecos, con las protestas del Rif, pasando por Turquía o bien Putin en Rusia.

“Las cosas no han salido como se esperaba, pero el paso de gigante es impresionante”

Antes de que el presidente Puigdemont declarara la independencia y, al día siguiente, buena parte de los consejeros se fueran al exilio, usted ya estaba en la cárcel. ¿Cómo vivió el 28 de octubre? ¿Había estructuras preparadas para hacer frente a la independencia?

Es una realidad que el referéndum se celebró y la República se proclamó. Como también es cierto que la violencia de Estado impidió que se votara con normalidad y la represión hace que hoy tengamos cientos de personas perseguidas judicialmente, 9 presos políticos y 7 políticos en el exilio. Las cosas no han salido como se esperaba, pero el paso de gigante es impresionante. Ahora ya sabemos que para avanzar no podemos poner como límite ni la cárcel ni las amenazas de violencia por parte del Estado. El acto de desobediencia civil del 1 de octubre nos reafirma en lo que dice Kafka: “A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto al que hay que llegar”. Nunca nada volverá a ser igual que antes del 1-O y todo lo que ese día simboliza para una parte muy importante de la sociedad catalana y la generación futura. No olvidemos que, a pesar de las imágenes de violencia desproporcionada por parte del Estado, la gente salía de sus casas para ir a votar y defender los colegios.

Nosotros, con Jordi Sánchez, entramos en prisión el 16 de octubre, antes de la proclamación de la República. En Òmnium siempre hemos dicho que nada nos será regalado, y es evidente que hay que extraer lecciones de cara al presente y al futuro, cada uno desde la posición que ocupa, como sociedad civil en nuestro caso. Òmnium hace tiempo que trabaja y al mismo tiempo pide al soberanismo una estrategia compartida, que sea amplia, transversal, inclusiva y ganadora, para conseguir los objetivos políticos que el pueblo de Cataluña decida en las urnas.

Foto: ELISENDA ROSANAS

“Hemos menospreciado el impacto sobre la ciudadanía española y catalana de una parte de la prensa del Estado que no hace periodismo sino propaganda”

En Soto del Real vio como las televisiones españolas explicaban Cataluña y se ha mostrado crítico muchas veces. ¿Qué reflexiones hace sobre el periodismo en España? Y ahora que está en Cataluña, ¿cómo ve el periodismo aquí? ¿Hacen falta más Évoles?

No podemos generalizar. Hay medios de comunicación, no sólo televisiones, que hacen un trabajo profesional y riguroso. Como también es cierto que hay otra parte de la prensa del Estado que directamente no hace periodismo sino propaganda. Hemos menospreciado de forma alarmante el impacto de esta potencia comunicativa propagandística en el conjunto de la ciudadanía del Estado, y especialmente la catalana. He quedado asombrado de la capacidad que tienen algunos medios para imponer un relato a la población totalmente acrítico sobre lo que pasaba en Cataluña. Tengo un gran aprecio por Jordi Évole; es un hombre valiente. No nos conocemos mucho, pero hemos compartido reflexiones y conversaciones muy interesantes, tenemos inquietudes sociales que nos unen y un pasado familiar bastante similar. Es lo que decíamos: compartir. Él siempre dice que es muy enamoradizo y yo también. Qué pareja. También se necesitan más Gabilondo, Francino, o Basté y Terribas … como decía la Muriel: “Escuchemos, que somos de todos”.

¿Hay lucha por la hegemonía dentro del soberanismo catalán?

Seguro que es legítimo; nosotros siempre hemos defendido el papel esencial de los partidos políticos en una democracia saludable, pero es evidente que en un momento político como el actual la gente que defendió las urnas con su cuerpo o que hace años que se moviliza en la calle no se merece una lucha partidista por más cuotas de poder autonómico. La unidad estratégica es fundamental.

El eje izquierda-derecha, ¿qué sentido tiene?

Fíjese en las militancias de los presos políticos hoy: encontraremos desde liberales hasta socialdemócratas, desde el centro hasta la derecha y hasta la izquierda, pasando por responsables de entidades. El soberanismo hoy ha hecho romper muchos esquemas clásicos.

¿Son modelos socioeconómicos e identitarios diferentes los que se confrontan? ¿Qué izquierdas y qué personajes de izquierdas del mundo os resultan referenciales?

Joan Baptista Cendrós, uno de los fundadores de Òmnium, dejó escrito que se inspiró en el Mayo del 68 para la creación de la entidad y más adelante creó el partido Esquerra Democrática de Catalunya; entre muchas otras acciones, él era uno de los principales mecenas de Joan Oliver. Reivindicamos una sociedad catalana compleja y llena de matices, de contradicciones vividas con naturalidad, donde las lecturas rápidas son muy susceptibles de error. Creo que las fuerzas políticas soberanistas interpelan a un electorado que, en su parte central, puede tener muchas cosas en común, y lo hemos visto con las leyes de carácter social aprobadas en el Parlament de Catalunya y suspendidas posteriormente por el Tribunal Constitucional. La oposición activa del Ibex 35 y de ciertos poderes fácticos de Madrid y de Barcelona para negarnos la democracia ha sido tan evidente que vincular catalanismo con burguesía hoy todavía cae más por su propio peso. Gente como Cendrós o Paco Candel, Jaume Botey, Marta Mata, Rosa Sensat o Muriel Casals, nos serán siempre referentes. Como Josep Fontana, que tristemente nos dejó hace poco, con un legado y mensajes que perdurarán: “Tengo una gran esperanza en la capacidad de la gente para recuperarse y volver a ponerse de pie”.

Foto: BERNAT VILARÓ

“Mantengo el convencimiento de que las sentencias les serán mucho más incómodas a ellos que a nosotros”

¿Cómo ve el espacio de ANC y Òmnium? ¿Cuál debe ser su papel en esta nueva etapa? ¿Surgirán nuevos actores en la sociedad civil?

Yo os puedo hablar por Òmnium Cultural. Como hicimos antes del 1 de octubre, seguiremos defendiendo la democracia por encima de todo y, a pesar de los ataques del Estado para debilitarnos, hoy nos sentimos más legitimados y a la vez responsables que nunca para los cerca de 125.000 socios que nos apoyan. Con la cultura como pilar fundamental para la cohesión social.

Para el referéndum de autodeterminación del 1 de octubre no hicimos campaña ni por el sí ni por el no. Hicimos un Llamamiento por la Democracia [Crida per la Democràcia] que hoy es más vigente que nunca. Estamos ante un Estado que reprime las libertades fundamentales y nos mantiene en prisión de manera totalmente desproporcionada. Desde la aprobación de la ‘ley mordaza’ y a raíz del ‘procés’, más de 20.000 personas han sido sancionadas o procesadas por el hecho de ejercer derechos como la libertad de expresión, la libertad de información, el derecho a manifestación o el derecho a voto. Hemos impulsado la campaña “Mañana puedes ser tú”, con otras entidades, precisamente para denunciar esta regresión autoritaria. Convencidos de que “No callaremos”, no harán callar el grito de “los Borbones son unos ladrones“, y seguimos y seguiremos exigiendo también la plena libertad de Valtònyc, Tamara o Adri. Queremos vivir en plena democracia, no vamos a renunciar a nuestros derechos.

Percibo la cárcel como una oportunidad clara de denuncia, en ningún caso una moneda de cambio política, y mantengo el convencimiento de que las sentencias les serán mucho más incómodas a ellos que a nosotros. Nuestras sentencias serán sus condenas. “¿Qué hizo usted para ayudar a liberar a Nelson Mandela, a quien Margaret Thatcher calificaba de terrorista?” Esta es la pregunta que la actual ministra británica, Theresa May, fue incapaz de responder hace pocos días a un periodista. Si algo ha demostrado el proceso, es que esto no va de personalismos y que tiene una capacidad de generar nuevos liderazgos que puede hacer envidia a los ojos de muchos proyectos de ruptura a escala europea. Hoy más que nunca, necesitamos los liderazgos existentes tanto en prisión como en el exilio o en la misma sociedad, pero no me cabe duda que también surgirán dtros nuevos, y esto es perfectamente compatible con los existentes y extremadamente saludable. En el caso de Òmnium, somos afortunados por el hecho de tener a Marcel Mauri.

Foto: BERNAT VILARÓ

“La fractura social que tenemos es el ‘ascensor social’: pobreza, desigualdad y exclusión”

¿Existe el peligro de que el independentismo tenga una deriva más identitaria o más nacionalista? Y la extrema derecha españolista, ¿cómo ve su reforzamiento en Cataluña? ¿Cree que el Estado intenta ‘ulsteritzar’ Cataluña? ¿Qué recetas hay para poder combatirlo?

No podemos banalizar lo que pasó en el conflicto norirlandés ni caer en comparaciones que caen por su propio peso. En Cataluña no hay riesgo de fractura social, por mucho que algunos intenten inculcar esta idea repitiéndola como un ‘mantra’. Todo el mundo sabe que una gran virtud del soberanismo es ser un movimiento totalmente pacífico con una riqueza y transversalidad que lo hace genuino en el sentido de interclasista e intergeneracional, características que lo alejan del populismo. La fractura social que tenemos es el ‘ascensor social’ que decía: pobreza, desigualdad y exclusión que hay que combatir de raíz.

El refuerzo de la extrema derecha en Europa y en el mundo entero me preocupa enormemente, así como también en Cataluña. Pero es que no olvidemos que Franco murió hace 40 años y ahora, en el año 2018, por primera vez un Gobierno (de un partido que ha gobernado 20 años y no ha movido un dedo) pone sobre la mesa la exhumación del dictador. Es algo inédito, vergonzoso para cualquier democracia. Lo más preocupante no es el ‘Valle de los Caídos’ sino la pervivencia cultural y estructural del franquismo. Más de 700 altos mandos militares, muchos de ellos en la reserva, han firmado ya un manifiesto en defensa de la figura del dictador. Más de 700! Y la Fundación Francisco Franco no sólo es legal sino que recibe dinero público; hay miles de personas enterradas en los arcenes de las carreteras, en las fosas comunes… Los que se hacen la foto retirando lazos amarillos nunca han retirado ninguna placa franquista y en el Parlament de Catalunya no condenan el franquismo.

España es el país de Europa con más desaparecidos en fosas comunes, el segundo del mundo sólo por detrás de Camboya. El Estado español nunca ha condenado al franquismo, ni se ha juzgado a sus miembros, los juicios sumarísimos continúan vigentes, incluyendo las ejecuciones del presidente de la Generalitat, Lluís Companys, o de Salvador Puig Antich. Por ello Òmnium, junto a entidad memorialistas, cada 20-N seguimos clamando justicia por los crímenes del franquismo. Es preocupante que algunos actores políticos y sociales legitimen la violencia con la que actúan ciertos grupúsculos en las calles de algunos municipios. Son los mismos que no han condenado el millar de votantes pacíficos heridos el 1 de octubre. Es intolerable legitimar cualquier forma de violencia. Lo único que hace es alimentarla. Es necesario que todo el mundo cierre filas en este tema. La violencia es intolerable, venga de donde venga. Fascismo nunca más, en ningún lugar y contra nadie, es un clamor transversal que reclama tolerancia cero, empezando por las instituciones públicas, y valentía de toda la ciudadanía.

”Los que se hacen la foto retirando lazos amarillos nunca han retirado ninguna placa franquista”

¿Qué lee en prisión?

Mucho y muy diverso, desde la ‘Revista de Catalunya‘ hasta uno de mis favoritos como Thoreau, uno de los padres de la desobediencia civil. También me gustaron mucho las cartas de Václav Havel y las de Gramsci o la traducción en catalán de la antología poética del coreano So Jong-Ju, que me cautivó por su extrema cotidianidad.

Mi compañera, Txell Bonet, me regaló ‘The pot book’, de Edmund De Waal, otra antología, pero en este caso de 300 piezas de cerámica hechas a lo largo de la historia de la humanidad; me paso horas mirándolo. Y ahora, por ejemplo, tengo un libro que me ha hecho llegar Anna Gabriel desde Ginebra, sobre la abolición de la prisión de Angela Davis. Es en francés y me irá bien para practicar. También tengo pendiente las ‘Cartes des de la presó’ [‘Cartas desde la prisión’], de Nelson Mandela.

[Jordi Cuixart ha respondido por escrito el cuestionario de CRÍTIC desde la prisión de Lledoners. Las preguntas le fueron remitidas a través del equipo de comunicación de Òmnium Cultural a mediados de agosto. Las respuestas de Cuixart están fechadas el viernes 31 de agosto.]
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