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Foto: DAVID FERNÁNDEZ
Entrevistes

Àngels Barceló “La gente solo quiere escuchar lo que ratifica sus ideas”

Àngels Barceló (Barcelona, 1963) se inició en el mundo de los medios de comunicación sin casi decidirlo. De aquella joven periodista que con 20 años presentaba los informativos de TV3 hasta la veterana comunicadora que es ahora, todavía queda la pasión por explicar las cosas. Habla rápido, ríe y charla. Y quizás porque duda, despliega tanta energía como profesionalidad. Tras presentar ‘Hora 25’ en la SER durante los últimos once años, inicia una nueva etapa en la radio: presentará el ‘Hoy por hoy’ la próxima temporada. Un nuevo reto. Le preocupa la crispación actual, defiende el periodismo comprometido y sobre el maltrato, me dice: “si buscas objetividad con este tema, yo no soy la persona adecuada”. Àngels Barceló tiene las ideas claras.

15/08/2019 | 00:15

Vienes de una familia mestiza, según me comentas: tu padre del Priorat y tu madre de Murcia…

Sí. Mi madre era modista, como tantas mujeres de su generación que dejaron de trabajar cuando tuvieron hijos. Y mi padre trabajaba en un laboratorio farmacéutico.

Y tu hermana mayor, con quien jugabas a maestras, es enfermera.

Sí. Ella me enseñó a leer antes de lo que me correspondía. Y por esta razón siempre iba un curso avanzado porque ya sabía leer. Me gustan las palabras.

Nada que ver con el periodismo en tu casa.

Nada. Bueno, sí que había, por parte de mi padre, un compromiso político silencioso habitual en aquella época. No era un compromiso activo, pero sí callado. Él compraba periódicos de izquierdas. Y de pequeña, yo los abría y los hojeaba. De hecho, no puedo decir que sea una periodista de vocación porque, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, nunca dije periodista.

Quizás todo empieza porque te gustan las palabras.

Sí, porque me gustaba leer, pregunto mucho y soy muy curiosa. Si esto lo canalizas, te lleva a ser periodista. Ahora bien, también sé con certeza que si no hubiera sido periodista, no sé qué habría hecho en la vida. De pequeña ya lo preguntaba todo. De hecho, durante las vacaciones leo mucho los diarios. Me gusta saber lo que pasa y explicarlo para que la gente lo entienda. Por esta razón he hecho pocas colaboraciones en prensa, porque lo que me gusta es charlar. Soy una charlatana.

Por lo que explicas, no tenías una predisposición definida hacia el periodismo, como si el azar te hubiera llevado a él. Pero entras muy joven a TV3, solo con 20 años.

No tomé ninguna decisión. Estudiaba en la Universidad y un profesor me dijo que se estaba creando la Corporació Catalana de Radio i Televisió y que buscaban gente para la radio. Durante las pruebas, me preguntaron si sabía escribir en catalán y mentí, porque no sabía. Finalmente, entré. Y entonces, me dijeron que había unos castings en TV3. Mi profesor me animó a probar de nuevo, “el ‘no’ ya lo tienes”, me dijo. Y sin darme cuenta me encontré presentando los informativos de los fines de semana en TV3.

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En una televisión pública hay un peso político. Pero la TV3 de antes no tiene nada que ver con la de ahora”

Fue en 1983. Empezaban las primeras emisiones. Si lo miras con perspectiva, ¿crees que ha cambiado mucho TV3?

En una televisión pública, como siempre, hay un peso político. Pero debo decir que la TV3 de antes no tiene nada que ver con la TV3 de ahora. Antes había una correlación de fuerzas como en TVE. Cuando yo trabajaba en TV3, nunca sentí ninguna presión especial, aunque sabías cómo funcionaba y dónde estabas, pero como en una empresa privada.

Estuviste allí 13 años y hiciste de todo. Pero, ¿como viviste el fin de tu etapa en TV3?

Hubo gente que no comprendió que me fuera. No entendían que renunciara a TV3, que me fuera de Cataluña para irme a Madrid. Pero lo hice para progresar como profesional, independientemente de que mi decisión gustara o no. Yo formaba parte del imaginario de Cataluña porque había crecido en TV3. Aún hacemos broma con los amigos, pero yo era “la pubilla”. Y claro, que ‘la pubilla’ se fuera, pero además a España, era incomprensible. Este hecho nos ha unido con Figo, y de hecho lo hemos hablado muchas veces. Lo hice para progresar como periodista y sólo podía hacerlo yéndome de Barcelona. Pero no fue por rencor de donde había crecido ni tampoco para enriquecerme. Aunque tengo mis mejores amigos en TV3, como Rosa Marqueta, Edu Sanjuan y otros. Sólo consideré que concluí una etapa. Ahora bien, venir a Madrid fue una decisión personal importante. Tenía una hija de tres años y no había visto nada diferente después de empezar en TV3 con 20 años.

Por un lado, no comprenden tu marcha de TV3. Y por otro, cuando llegas a Madrid para trabajar en Telecinco, te encuentras un ambiente de gran polarización.

Sí, un hecho muy curioso. Aquí me doy cuenta de cómo te instalan en la trinchera. Por ejemplo, si hacía un comentario sobre la monarquía, ya me ponían la etiqueta de republicana. O por ser catalana, ya era catalana y, me lo invento…, de izquierdas. Y así: cada comentario, una etiqueta. Fue sorprendente, porque yo no estaba acostumbrada a este juego. Además, cuando tu eres periodista en Madrid, aunque seas de una televisión autonómica, todo el mundo sabe perfectamente quién eres. A Hilario Pino, que era como mi alter ego en Telemadrid, todos lo conocían. Pero yo llegué como si empezara de cero. Y llevaba 13 años de recorrido en TV3.

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Antes de entrar en prisión, Turull me hablaba de la incomprensión de Madrid. Le dije que puede explicar este rollo a cualquiera, pero no a mí”

Tu experiencia en Madrid y Barcelona parece una metáfora elocuente de la actual crispación política entre Cataluña y España.

Es cierto. Yo hice mucha pedagogía sobre Cataluña cuando llegué en 1997 a Madrid, de la Cataluña que yo identifico y reconozco, mi Cataluña. Pero hace falta una pedagogía a dos bandas, porque ya te he explicado la anécdota de ‘la Pubilla’ y el juego de las trincheras. Siempre ha habido una incomprensión mutua, de gente preocupada en Barcelona que me preguntaba cómo me tratarían en Madrid. Pues, como en cualquier lugar, respondía. Llegué a Madrid con mi primer coche, que aún tenía matrícula de Barcelona, y cuando volvía a Cataluña, me preguntaban ‘¿qué te dicen del coche?’. Y yo respondía que no me decían nada. Y en sentido contrario también: yo hablaba en catalán con mi hija por teléfono, y alguien que escuchaba le sorprendía que hablara en catalán. ¡Pero si soy catalanoparlante! La incomprensión no es sólo mutua, sino constante por una parte y la otra. Y el conflicto finalmente se ha enquistado.

En el Palau Macaya, en una conferencia sobre los medios con Lluís Bassets y Antonio Franco, Mònica Terribas señaló que durante los últimos años los medios catalanes han ido informando de qué pasaba en Cataluña. Pero que desde Madrid no se ha querido escuchar y sólo se le ha dado cobertura cuando ya el conflicto estaba muy enconado. ¿Estás de acuerdo con esta visión?

No es cierto. La incomunicación ha sido mutua, en las dos direcciones. Antes de entrar en prisión, Jordi Turull me hablaba de la incomprensión de Madrid. Y le respondí que no me dijera esto porque yo soy catalana, y que puede explicar este rollo a cualquiera, pero no a mí, que yo sí lo entiendo. Es una incomunicación voluntaria de mucha gente. Y de otra que no, claro.

¿Cuál debería ser el papel de los medios en coyunturas difíciles como ésta?

El medio debe explicarlo y debe explicarlo bien, situar a las personas ante sus contradicciones. Para mí, y lo confesé en directo, fue el peor momento profesional porque que me estaba afectando personalmente. Y los medios, lo peor que pueden hacer y lo han hecho todos, unos más que otros, es cavar las trincheras tan profundas que se han cavado. Era un momento muy complicado porque una parte de España quería romperlo todo saltándose las leyes. Y entonces entramos en dinámicas peligrosas, porque no se puede ser muy condescendiente con quien rompe la legalidad. Fue un momento muy complicado para mí.

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“Hiperventilados hay en ambos lados, y cuando aparecen los matices, la equidistancia se convierte en algo negativo”

¿Como recuerdas la votación de la DUI?

El día de la votación, Puigdemont no quiso hablar en público, no lo explicó. ¡Estaba tomando la decisión más importante de este país! Y yo pensaba: sal y explica qué quieres hacer con todo esto. No sólo rompía la Constitución, sino el propio Estatuto. Todo esto era muy difícil de explicar. Hiperventilados hay en ambos lados, porque en el momento que aparecen los matices, los grises, la equidistancia se convierte en algo negativo. Pero, ¿cuando ha sido negativa la equidistancia?

En este sentido, ¿crees que los medios tienen responsabilidad en cómo se ha comprendido el conflicto?

Sí, no sólo con el tema de Cataluña, sino con Podemos, Vox, los pactos, etcétera. Hay un momento en que la audiencia sólo quiere ratificar sus ideas. Yo soy una mujer progresista defensora del bienestar social y de los derechos humanos. Pero si critico a Pedro Sánchez, porque me considero progresista, la jauría se me tira encima. Todo el mundo hace cosas buenas y malas. Pero estamos en un punto donde la gente sólo quiere escuchar lo que ratifica sus ideas.

¿Los medios como burbujas identitarias?

Sí, sea la independencia, la ultraderecha, es igual.

Y los periodistas, ¿somos capaces de salir de esta burbuja? ¿Hablamos poco los periodistas entre nosotros?

Hablamos poco y nos mezclamos demasiado con los políticos. Somos una raza aparte. Hay mucho ego y recelo. En este sentido, no es una buena profesión.

Gemma Nierga, entrevistada en CRÍTIC, comentaba como la SER ha perdido audiencia por hacer un tratamiento poco radical con el independentismo.

Estoy de acuerdo. Si escuchas Carlos Herrera en la COPE, que tiene un discurso muy radical sobre el independentismo, no tienes ninguna duda de lo que piensa. Pero yo tengo ambigüedad porque considero que la reivindicación de la independencia, que afortunadamente en este país se puede hacer en la calle y en el Congreso de los Diputados, es absolutamente legítima. Pero al mismo tiempo, yo, Àngels Barceló, estoy absolutamente en contra de que para conseguirla se opte por la vía unilateral rompiendo las leyes establecidas.

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“La televisión requiere de cierta trinchera para existir”

Que sea difícil entender esta ambigüedad, ¿no radica en pretender mantener el falso mito de la neutralidad? Más que pretender ser neutral ¿no sería más honesto esforzarse para fomentar una cultura de la discrepancia y del debate, reflexiva y de espíritu crítico?

El medio cien por cien objetivo no existe. Cuando decido como abriré un informativo, ya no soy objetiva porque estoy seleccionando. Mi aspiración, y quizás soy naif, es que la gente entienda las cosas sin necesidad de enfadarse. Cuando criticaban a Manuel Valls por la opción de los lazos, una tertuliana del programa dijo: entre el independentismo radical y los lazos amarillos, Valls optó por los lazos porque son un cartel, un símbolo. Supo diferenciar. Ponemos las cosas sobre la mesa y expliquémoslas sin enfadarnos.

Otro ejemplo es cuando Ada Colau puso el lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento.

Sí, y la criticaban. Pero el lazo amarillo lo puede llevar alguien que no es independentista, pero que considera que estas personas no deberían estar en la cárcel. Yo conozco gente que lo lleva y no es independentista. Yo me lo podría poner.

¿La televisión favorece más que la radio este ruido mediático?

Sí. La televisión nos ha hecho mucho daño porque eleva la anécdota a categoría. Además, la televisión requiere de cierta trinchera para existir.

Y ante este ruido, ¿como se sitúa la SER?

En la tranquilidad. Sobreponernos al ruido hablando del ruido mismo y de las mentiras que cuentan los políticos, que son muchas.

Hemos hablado de cómo los medios tienen una responsabilidad. Si el periodismo debe comprometerse, ¿el periodista debe ser un actor social?

Sí, pero en ciertas cosas. No entiendo el periodismo sin compromiso, pero sólo en algunas cosas. Por ejemplo, me mojo ante la injusticia y la mentira, pero no frente a la ideología.

¿Ni con la ultraderecha?

Sí, con esta sí, eso siempre. Yo puedo estar más o menos de acuerdo con Manuel Valls, Pablo Iglesias o Pedro Sánchez, pero defiendo el sentido común y que cuando hable no me ofenda. Me mojo en el beneficio social, el compromiso y los inmigrantes. Y donde no tengo objetividad es en el maltrato. Si buscas objetividad aquí, yo no soy la persona adecuada.

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“¡Nadie imaginaba que una mujer presentaría programas! Vamos poco a poco, pero confío en ello, y más en esta profesión “

En este sentido, ¿cómo definirías la objetividad?

Leí que la BBC ha decidido hablar de emergencia climática, en lugar de cambio climático. Y además, ha decidido no dar cobertura a los negacionistas en sus debates. Alguien pensará que esto no es ser objetivo, pero yo pienso que es lo que hay que hacer.

¿Como ves la feminización de los medios?

No habrá alternativa. La redacción se llena de mujeres, pero todavía falta. Yo me siento en muchas mesas donde aún somos minoría. ¡Nadie imaginaba que una mujer presentaría programas! Vamos poco a poco, pero confío en ello y más en esta profesión.

Para ser joven y mujer, ¿tuviste que ganarte la credibilidad? ¿Cómo lo hiciste?

Estudiando mucho. Siempre estudio por mi propia seguridad ante el micrófono. No estoy segura de nada, que por otra parte tiene un lado positivo. Cuando me sentaba en una reunión de redacción, hablaban de cosas que yo no entendía porque no las había vivido, no había tenido tiempo. Cuando terminaban las reuniones, yo me informaba. Yo desconfío de la gente que no tiene dudas.

Trece años en TV3 y ocho años en Telecinco. La primera mujer que presentó ‘Hora 25’ en la SER. Y ahora, todavía te quedan energías para un nuevo proyecto: ‘Hoy por hoy’ ¿Cómo valoras este cambio? ¿Lo has decidido tú?

No lo he decidido yo, pero es un reto. Jugaba la Liga y ahora empezaré la Champions. Cuando llevas mucho tiempo haciendo lo mismo, necesitas un empujón. Yo me quería jubilar en ‘Hora 25’ tranquilamente. Ahora bien, a mi edad, todo lo que hago, lo hago para disfrutarlo. Si no lo disfruto, no vale la pena.

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