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Foto: IVAN GIMÉNEZ
Entrevistes

Marta Tafalla “La pandemia es culpa de lo que llamamos normalidad”

Marta Tafalla (Barcelona, 1972) ha lanzado un libro-reflexión sorprendente en los tiempos que corren: ‘Ecoanimal. Una estética plurisensorial ecologista y animalista’ (Plaza y Valdés, 2019). Es doctora en Filosofía y profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona. Es, no obstante, una filósofa diferente: una filósofa que piensa sobre la naturaleza, los animales y la biosfera. Por lo tanto, sus reflexiones son ideales para analizar las causas de fondo de esta pandemia del coronavirus: la degradación de los ecosistemas, la extinción de especies salvajes y la transmisión del virus de los animales a los humanos. Su gran pregunta ética es por qué los humanos tratamos a los animales como nuestros esclavos y de manera tan violenta, agresiva y alienante; y las conclusiones hacen daño. “Los humanos creemos que dominamos la Naturaleza, pero somos una especie próxima al colapso”, alerta.

02/06/2020 | 07:30

En el libro ‘Ecoanimal’ empiezas explicando una cosa que me sorprendió mucho: naciste sin sentido del olfato.

Sí, pero me sorprende que la mayoría de gente, incluso algunos médicos, me han dicho siempre que no pasa nada por no tener olfato porque es un sentido que los humanos ya no usamos mucho… No se dan cuenta de que, cuando no tienes olfato, no puedes detectar si una camiseta huele mal, no sabes si hay un escape de gas en la cocina, no detectas que hay un incendio cerca de ti…

Quizás te lo dicen porque estamos obsesionados con la vista: todo lo que no entra por los ojos no existe. Esto tiene un trasfondo importante.

Hay quien me dice que el olfato solo lo necesitan los animales, pero que a los humanos ya no nos hace falta. He entendido que el desprecio al olfato, y toda esta ideología que hay detrás de ello, tiene que ver con el deseo de los humanos de no ser animales. Los humanos nos hemos dado mucha importancia y no queremos ser animales.

Tú lo llamas “deseo de huida”, ¿no?

Los humanos queremos estar por encima de los animales y, por eso, nos hemos inventado fantasías como que nos han creado los dioses, que tenemos un espíritu inmortal o que somos mucho más inteligentes que el resto de animales. Es todo completamente falso. Esto está en el origen del pensamiento occidental: lo decía Platón o el cristianismo. Este deseo de dominar, de controlar, tiene que ver con nuestro miedo y nuestro egoísmo. Esto se va retroalimentando para construir la ideología del antropocentrismo.

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Los humanos creemos que dominamos la Naturaleza, pero nuestra civilización está cerca del colapso”

Precisamente, eres un caso curioso académico: eres una filósofa que se dedica a pensar la naturaleza…

Yo no soy científica. Lo que me ha interesado estudiar es cómo se relaciona la especie humana con los ecosistemas, y en concreto con los animales, desde una perspectiva ética. Mi gran pregunta es: ¿por qué los humanos tratamos tan mal al resto de especies?

Ah, ¿y por qué?

Es una mezcla de razones: por miedo, por egoismo, por orgullo, por ignorancia, por estupidez. Pero no nos damos cuenta de este maltrato porque hemos fabricado una ideología antropocéntrica y tendemos a pensar que los otros animales y plantas son esclavos a nuestro servicio y podemos hacer lo que queramos con ellos.

Este coronavirus de la Covid-19, que probablemente apareció en China en un mercado de animales, ¿sería una ‘venganza’ de la naturaleza contra los humanos?

La biosfera no se venga de los humanos. Pero, en la biosfera, todas las especies estamos entrelazadas. Los humanos pensamos que no estamos ligados a las vidas de las plantas, de los otros animales y de los microorganismos, pero cuando nosotros hacemos daño a la biosfera o al resto de animales, el mal nos acaba volviendo hacia nosotros. Maltratar la naturaleza es pegarse un tiro en el pie. ¡No estamos por encima! A veces parece que los humanos no queramos asumirlo…

El poeta T. S. Eliot decía que los humanos no podemos asumir tanta realidad. Asumirla implicaría cambiar radicalmente nuestros hábitos de consumo, de alimentación, de transporte, de vacaciones, de ocio…

No podemos asumir la realidad porque vivimos en un mundo de mentira. Los humanos nos hemos creído que dominamos a la naturaleza y que lo tenemos todo controlado gracias a la tecnología. Nuestra civilización está cerca del colapso. En cambio, las culturas de cazadores-recolectores viven más en la realidad que nosotros.

¿Por qué?

Ellos conocen el comportamiento y las relaciones de las especies de animales y de plantas de su entorno. Entienden el mundo natural. En cambio, la inmensa mayoría de la gente del mundo occidental no sabe casi nada de su entorno natural. No tenemos ni idea ni siquiera de las especies de pájaros que habitan nuestro barrio ni el tipo de los árboles que hay en la calle. Hemos desconectado tanto del mundo natural que no podemos ni siquiera entender situaciones tan graves como la extinción de especies o el cambio climático. Es una desconexión absoluta.

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Una de las causas del virus es que los humanos sufrimos superpoblación. Pero nadie se atreve a decirlo”

David Quammen, divulgador científico, autor de ‘Contagio’, libro de referencia para entender la crisis del coronavirus, explicó esto en una entrevista en ‘El País‘: “Estamos destruyendo los hábitats de los animales salvajes y ellos buscan comida en áreas humanas donde haya huertos y árboles frutales. Todo esto les acerca a los humanos, lo que, a través de sus heces y su orina, aumenta las posibilidades de que los virus se extiendan directamente o a través de los animales domésticos”. ¿Una de las causas de los coronavirus es la destrucción de los ecosistemas?

Aquí una de las cuestiones claves, a pesar de que pocos quieren hablar sobre ello, ni siquiera los ecologistas, es que los humanos sufrimos superpoblación. La biosfera funciona con unos equilibrios, y las especies tienen unos nichos de población determinados y cuando suben demasiado acostumbran a caer. Esto está desordenando el planeta: extinguimos especies de animales, y a las que quedan, las arrinconamos. No ha habido un desastre así en la biosfera en millones de años. Los animales tienen patógenos, y siempre se los han contagiado entre ellos, pero las propias dinámicas de la biodiversidad los acaban frenando. Las especies se controlan las unas a las otras. Pero nosotros hemos desordenado los ecosistemas, y los patógenos ahora lo tienen más fácil para generar nuevas enfermedades.

¿Me podrías poner algún ejemplo, para entenderlo mejor?

Un buen ejemplo son los mercados de animales salvajes vivos en Asia: allá hay animales de muchas especies, domésticos y salvajes, moribundos, que están muy estresados y que están inmunodeprimidos. Son fábricas de patógenos. Serpientes, gatos, reptiles, perros y otros animales salvajes están juntos, con pocas defensas y cuando en la naturaleza no estarían nunca juntos. Los virus están encantados porque van saltando de un individuo a otro. Y, para acabar de completar el cuadro, aparecen los humanos: somos muchos y estamos cerca de estos animales que se han quedado sin hábitats, y por tanto, los virus encuentran en los humanos un organismo perfecto para crecer.

Pero esto no es la primera vez que nos pasa, a la Humanidad, ¿no?

En el libro ‘Armas, gérmenes y acero’, el biólogo Jared Diamond explicaba ya a finales de los 90 que las sociedades de cazadores recolectores, como están formadas generalmente por grupos pequeños y sin mucho contacto con otras comunidades, no suelen sufrir dolencias infecciosas porque los patógenos no tienen bastante masa crítica para atacarlos. Por ejemplo, en la Edad Media, las sociedades de cazadores recolectores de Norteamérica no tenían casi ninguna dolencia infecciosa, mientras que en las ciudades de Europa estaban sufriendo continuamente por la peste y otras enfermedades infecciosas porque vivían amontonados y con relaciones poco sanas con los animales, sobre todo por la ganadería —que incluso la tenían dentro de casa—. Por lo tanto, como los humanos actuales tenemos superpoblación, vivimos amontonados en ciudades y nos movemos por todo el planeta en avión, los virus tienen muchas facilidades para expandirse.

Tampoco ha ayudado el actual sistema agrícola industrial, ¿no?

¡Claro! Los patógenos crecen mucho cuando hay monocultivos. Hemos destruido bosques biodiversos y hemos plantado trigo como monocultivo. Si allá entra un insecto que come trigo, destruye todo el cultivo. Se buscan insecticidas, pero los insectos acaban haciéndose resistentes a ellos. Es una guerra permanente. Pero si sembrásemos cultivos de diferentes especies, no habría un bicho que se lo comiera todo. Cuando tienes muchas especies en un mismo ecosistema, se controlan entre ellas. Cuando tienes una especie que se dispara en población, atrae plagas y epidemias.

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Si no cambiamos el modelo de consumo alimentario, sufriremos por las pandemias y los virus continuamente”

Uno de los científicos asesores del Gobierno de Alemania decía esto en una entrevista publicada en ‘eldiario.es’: “Los coronavirus tratan de cambiar de organismo de acogida cuando se presenta la oportunidad. A través de nuestro uso de los animales, contrario a los principios de la naturaleza, nosotros creamos esa oportunidad. Los animales de granja están en contacto con animales salvajes. El modo en que se los almacena en grandes grupos amplifica el contagio del virus. El ser humano entra en intenso contacto con esos animales, por ejemplo, a través del consumo de carne”. Lo dice un asesor de Angela Merkel, no un ecologista radical. ¿Esto pone en cuestión todo el modelo alimentario y de consumo?

Si no cambiamos el modelo de consumo alimentario actual, sufriremos por las pandemias continuamente. Lo que no se quiere admitir es que sociedades mayoritariamente veganas no tendrían este tipo de problemas, o los tendrían en mucha menor escala.

Eres crítica con la ganadería. Incluso con la ganadería ecológica.

La ganadería ecológica es una mentira. La ganadería es mala por muchas razones.

¿Por qué dices que es mala la ganadería ecológica?

La ganadería, sea supuestamente ecológica o no, es una de las causas principales de los gases de efecto invernadero: contamina lo mismo que todos los aviones, coches, trenes y barcos juntos. Por lo tanto, la ganadería afecta muchísimo al cambio climático. Además, la ganadería necesita muchísima extensión de tierra: el 75% de la tierra cultivable la destinamos a la ganadería, tanto cultivando los alimentos que les das como por su presencia. La ganadería también compite por los recursos con la vida salvaje: en 2018 se hizo un estudio que demostraba que, de todos los mamíferos que hay en la Tierra, solo el 4% son animales salvajes. El 96% restante somos humanos y ganadería. Pero habría que recordar a la gente que los animales salvajes son los que hacen funcionar la biosfera: no son solo decoración, sino que trabajan para que los ecosistemas funcionen y no se degraden. Hay una cosa que nos cuesta entender porque estamos educados así: los ecosistemas sin lobos se degradan mucho… y en cambio las ovejas no contribuyen a que el ecosistema funcione mejor. ¡Mejor los lobos que las ovejas! Lo que necesita la naturaleza son animales salvajes, no animales domésticos.

Las próximas décadas serán las peores que ha sufrido la especie humana”

Ya no queda mucha vida salvaje en Europa…

La Humanidad lleva 50.000 años exterminando especies en el planeta. El grado de destrucción de los ecosistemas que llevamos acumulado está llegando a un punto crítico. Cuando los primeros Homo sapiens llegaron a Europa se dedicaron a extinguir especies de animales, sobre todo la megafauna: aquí había mamuts, elefantes y muchos animales de gran tamaño similares a los que ahora solo viven en África.

Hay quien piensa que no podemos estar peor. Pero muchos científicos dicen que el cambio climático será mucho peor que la crisis del coronavirus.

Tenemos una sociedad que está derrochando los recursos. Estamos agotando la fertilidad de la tierra. Avanzaremos hacia situaciones de sequía y nos faltará agua en muchas regiones. Somos una máquina con una voracidad extrema. No tenemos manera de mantener esta civilización tal como es ahora. Y el cambio climático será la hostia definitiva. La gente tendría que empezar a entender que las próximas décadas serán las peores que ha sufrido la especie humana.

La mayoría de la gente no quiere destruir la naturaleza, pero a la vez pocos realmente quieren reducir su consumo y dejar de comprar tanta ropa, alimentos, coches, motos, juguetes… ¿Por qué nos hace felices consumir, consumir, consumir tanto?

Yo no creo que nos haga felices de verdad. Es una fuga hacia adelante buscando aquello que nos podría hacer felices y nunca acabamos de encontrar. Mi impresión es que la mayoría de la gente no es feliz. Hay mucha gente que toma ansiolíticos, drogas o alcohol para estar mejor; y hay mucha gente que sufre unos niveles de estrés en el trabajo o en su vida que les provoca incluso malestares físicos. Buscamos la felicidad con soluciones rápidas. Pero quizás buscamos en el lugar equivocado. Las cosas que realmente te pueden hacer feliz a menudo no están en el mercado y pueden ser gratuitas o muy baratas. Pero implican un cambio de mentalidad, y este cambio de mentalidad es lo más difícil de hacer.

El contacto con la Naturaleza nos sienta bien, nos da alegría y nos quita el estrés”

Uno de los libros que más me ha chocado últimamente ha sido ‘Los últimos niños en el bosque‘, de Richard Louv (Capitán Swing). Él reivindica, con estudios científicos, el bienestar físico, emocional, mental, que nos aporta el bosque, sobre todo a los niños y jóvenes. En cambio, vivimos en sociedades con lo que él denomina “trastorno por déficit de naturaleza”.

El contacto con la naturaleza y estar al aire libre, como animales que somos, nos sienta bien, nos da alegría y nos quita el estrés: en el bosque podemos jugar, correr, pasear, mirar pájaros, contar mariposas, se pueden hacer mil cosas… La mejor receta contra el estrés es un poco de naturaleza. Richard Louv explica que algunos casos de gente que se medica por culpa del estrés mejoraría teniendo más contacto con la naturaleza. En España se hizo un estudio que comprobó que vivir a menos de 300 metros de un parque disminuye las posibilidades de sufrir cáncer de mama.

Tanto pesimismo puede hacer que los que nos lean piensen que no hay nada que hacer. ¿Qué podemos hacer ahora para transformar, para cambiar cosas en positivo, aprovechando esta crisis del coronavirus?

Pues, mira, podemos salir a ver pájaros al campo o, si no pueden, que vayan a cualquier parque urbano.

¿Como?

Hay que buscar entre todos mejores relaciones con la Naturaleza. Puedes coger una guía de los árboles de tu ciudad y salir con la familia a descubrir cuál es cual. Puedes plantar un huerto, aunque sea en tu balcón en medio de la ciudad. Este contacto con la tierra te dará un chute de energía positiva espectacular. Este pararte para observar y tocar la naturaleza te hará conectar con la realidad. Y entonces, cuando volvamos a conectar con la tierra, quizás podremos cambiar cosas.

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Lo que denominamos normalidad es una carrera acelerada hacia la autodestrucción”

¿Te gustaría volver a la normalidad?

¡No!

¿Por qué no?

Porque esto que llamamos normalidad es una carrera acelerada hacia la autodestrucción.

Pero era mejor que ahora que tenemos miles de muertos, contagiados por un virus desconocido y con los hospitales colapsados.

Sí, es cierto, pero hay que entender que esta epidemia es consecuencia de aquello que denominamos normalidad. Y si no cambiamos nuestra forma de vivir, volveremos a tener otra pandemia global.

¿Y a la nueva normalidad?

Depende de lo que quiera decir esto.

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