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Opinió

30/01/2019 | 18:50

Foto: ROGER SEGURA

7 de septiembre. Viernes. Sant Joan les Fonts. Primer intento. 300 litros de gasolina rodean nuestra casa y una voluntad: la de quemar viva a nuestra madre. Tenemos mucho miedo. Desesperadas, lo denunciamos, necesitamos ayuda. Esa noche él duerme en comisaría. Nosotros estamos a la espera de una sentencia que nos haga justicia.

8 de septiembre. Sábado. Juzgado de Olot. Primer juicio. Sólo ganamos una orden de alejamiento de 300 metros y más miedo. Además tenemos que escuchar comentarios de la abogada y de la secretaria que nos dicen:
– “No hará nada, sólo os quiere asustar”
– “Todo quedará en palabras, no os preocupéis”
– ” ‘Os mataré’ es un decir”
– “Nos vemos mañana, este hombre no violará la orden de alejamiento”.

¿Sólo una orden de alejamiento, a pesar de haber presentado pruebas que tenía 300 litros de gasolina en sus manos y haber conseguido dos grabaciones donde se le oye gritar: “Te voy a quemar viva, te voy a matar…”?

Fuimos a casa a recoger ropa, huíamos. Sólo pedíamos vivir sin miedo. ¿Es mucho pedir? Parece que sí. Abrimos la puerta de casa y él ya estaba dentro. Esperándonos. ¿Teníamos que estar muertas para que nos escuchara alguien? Más impotencia y más miedo.

9 de septiembre. Domingo. Juzgado de Olot. Segundo juicio. Efectivamente, nos vimos al día siguiente. Aunque el día anterior tan sólo había tardado media hora en saltarse la orden de alejamiento, la juez sólo decide cambiar la orden de alejamiento de 300 a 500 metros.
La fiscal le advierte: la próxima vez acabarás en la cárcel. Ahora él sabe que sólo le queda una oportunidad. Nos deja un mensaje claro: la justicia no nos salvará.

3 de octubre. Miércoles. Sant Joan les Fonts. Nuestra madre sufre. Nuestro padre la amenaza, le apunta con el dedo y ríe: ya lo tenía todo preparado. Desesperación: la abogada dice que si no queda constancia de la amenaza, denunciar es perder el tiempo. Mucho, mucho miedo. Por ella y por nosotras.

6 de octubre. Sábado. Sant Joan les Fonts. Una comida familiar, ilusiones, planes, una nueva vida a punto de empezar. Una tarde por delante que acaba con el ruido de un coche que se nos acerca, corridas, gritos, desesperación, balas…

Un cuerpo inocente agoniza. Sangre en el suelo. Un reloj que marca la hora exacta de su muerte. Nuestra madre duerme para siempre. Ya sólo quedamos nosotras.

7 de octubre. Domingo. Hospital de Girona. Hoy dormiremos tranquilas porque nos han dicho que nuestro padre ya está muerto. Se ha colgado. Fue cobarde hasta el mismo día de su muerte. Ahora ya no hay miedo, sólo pena.

25 de noviembre. Juzgado de Olot. Os hablamos del final que sufrió nuestra madre y cómo la posesión, los celos, la injusticia de la justicia –que se preocupa más de controlar a la víctima que de controlar al agresor– la mataron. Los agentes controlaban cómo, cuándo y dónde se movía nuestra madre, pero nuestro padre seguía libre por las calles de nuestro pueblo. ¿Qué os había hecho nuestra madre para que la necesitárais tener tan controlada? ¿Y qué no había hecho nuestro padre para que no lo controláseis?

Toda una vida de callar, de ir haciendo para no molestar. Del “a ver que vas contando por ahí”. Y el día que damos el paso, sólo hay miedo, muerte y pena. Ahora sólo nos queda hablar a nuestra madre desde la distancia:

Mama, donde estés, esperamos que nos cuides, que seas libre y que estés tranquila, esperamos que estés bien. Queremos darte las gracias por tu valentía, por tu fuerza de voluntad y por mirar siempre adelante, a pesar de los obstáculos que nos ha puesto la vida. Ahora viviremos con tu recuerdo, con tu educación, con tus valores, con tu protección y con tu amor.

Te echamos de menos MAMA.

Esta es la traducción al castellano del texto que leyeron públicamente Beatriz y Noelia Jiménez Giménez el pasado 25 de noviembre en Sant Joan les Fonts (Garrotxa) en recuerdo de su madre. Las hermanas han querido que sus palabras también se publicaran en CRÍTIC.

 

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