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Opinió
Gerardo Pisarello

Gerardo Pisarello

Professor de Dret Constitucional i diputat dels Comuns al Congrés

Discurso sobre Chile y la nueva América Latina: volverán a abrir las grandes alamedas

Ese Chile que ha vencido al miedo es la mejor respuesta a la ultraderecha de Vox que hoy pretende imponernos una suerte de internacional del odio, clasista, misógina y neocolonial

24/12/2021 | 13:54

Un abrazo a esos millones de jóvenes, de mujeres y hombres que han abierto desde Chile las grandes alamedas para que una humanidad libre pase a construir un mundo mejor.

Con Salvador Allende y Víctor Jara en la memoria, saludamos a ese Chile que ha levantado la bandera de la esperanza, de la justicia social y ambiental, de la plurinacionalidad y de una nueva Constitución, convirtiendo a Gabriel Boric en el presidente más joven del país.

Ese Chile que ha vencido al miedo es la mejor respuesta a la ultraderecha que hoy pretende imponernos una suerte de internacional del odio, reaccionaria, clasista, misógina y neocolonial, que no ofrece ninguna solución a los grandes problemas de nuestro tiempo.

Y es que esta internacional rancia, que se vale de un palabro horrible, “Iberoesfera”, para parecer moderna, no es más que un intento de nuestro trumpismo local de resucitar el casposo imaginario imperial y colonial que tanto le gustaba al franquismo.

Su propuesta no está dirigida a los pueblos ibéricos, hispanos, americanos o de África. Está dirigida a una parte pequeña de sus élites, y su función es clara: articular una alianza que evite una salida redistributiva y justa a la emergencia ante la que nos encontramos.

Ese es el programa “iberoesférico” de Vox al que el PP sigue de manera sumisa.

Construir una red transoceánica para que el 1% más ricos no pague impuestos. Construir una alianza de amigos de los Panamá Papers y de los Pandora Papers.

Construir una alianza para que los servicios públicos sean desmantelados, para que las gentes trabajadoras pierdan derechos y para que el agua, el litio, los recursos minerales, las selvas, sean devastados y explotados por parte de un puñado de multinacionales.

Obviamente ese programa deja a muchísima gente fuera y es un desastre para el 99% a uno y otro lado del Océano.

Por eso, como les enseñó Steve Bannon, tienen que acompañarlo de mentiras y de campañas de odio que buscan enfrentar a pobres contra pobres, que promueven la homofobia, la islamofobia, el antisemitismo, que instigan a la violencia contra activistas sociales y defensores de derechos humanos.

Y a pesar de todo eso, hay que decir que esta internacional reaccionaria, que es también un intento de retroceder cinco siglos para rehabilitar al viejo partido de los Encomenderos, de los Inquisidores, de los grandes rentistas amigos del dinero fácil, no prevalecerá.

“Esa América a la que también sentimos nuestra vencerá, será hermoso, y mejorará en mucho el mundo en que vivimos”    

La ultraderecha ya ha hecho el ridículo en México, pensando con arrogancia neocolonial que podían dar lecciones de conquistador a un pueblo que en 1910 hizo una gran revolución campesina e indígena y que poco antes dio a grandes presidentes como el zapoteca Benito Juárez.

Y ahora lo ha hecho en Chile, resucitando a Videla y a Pinochet en la figura de Kast y empeñándose además en enviar a Vargas Llosa a darle apoyo, que es la manera más segura de que un candidato no gane nunca nada.   

A su Iberoesfera le sobran millones de americanos y de africanos. Y le sobran, siempre le han sobrado, millones de españoles, de catalanas, de vascas, de andaluzas, de gallegas, que tampoco quieren ser parte de ese proyecto decadente.

De Bartolomé de las Casas a Marielle Franco

Esto ya lo vio el sevillano Bartolomé de las Casas, denunciando los desmanes de la conquista y exigiendo que se respetara a los pueblos originarios.

También lo vio la lúcida generación liberal de Mariana Pineda, de Flórez Estrada o de Rafael del Riego, que se negó a reprimir a los movimientos de emancipación americanos de su tiempo.

Eso lo vieron republicanos como Pi i Margall, que defendió la incorporación de Cuba y Puerto Rico no como colonias sino como estados libres en una España federal.

Eso lo vieron Max Aub, Margarita Nelken y León Felipe, que agradecieron a la República mexicana de Lázaro Cárdenas no solo por acogerlos tras el golpe franquista sino por condenar al nazismo y al fascismo en la Sociedad de las Naciones.

El hispanoamericanismo monárquico, ultramonano, que vienen a presentar aquí, no tiene nada que ver con el generoso y respetuoso iberismo de Miguel de Unamuno o de Fernando Pessoa.

Tampoco con el del portugués José Saramago, quien siempre lo concibió como un espacio plurinacional y plurilingüe, ni con el internacionalismo solidario de mis admirados Pilar del Río, Xosé Manuel Beiras o Joan Garcés.

Por eso, la internacional del odio, del neoliberalismo furioso y del gran capital que promueve la ultraderecha mundial, tan dócil con los poderosos y tan abusona con los débiles, está destinada a fracasar.

Ayer, en Chile, no pudo con mujeres como Fabiola Campillai, que perdió ambos ojos durante la represión de 2019, pero nunca dejó de luchar. Tampoco podrá contra la Colombia humana decidida a dejar atrás el tiempo de muerte que instaló Uribe. Y tampoco podrá con Brasil, donde Bolsonaro perderá y con el presidente Lula retornará la memoria de Chico Mendes, de Marielle Franco y tantas más.

Esa América a la que también sentimos nuestra, esa América a la que ustedes han contribuido a ofender a y a humillar, vencerá, señorías. Vencerá, será hermoso, y mejorará en mucho el mundo en que vivimos.    

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