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Hibai Arbide

Hibai Arbide

Periodista i advocat

No sé lo que debería hacer Ada Colau, ni tengo obligación de saberlo

Si fuera asesor personal de Ada, le daría un consejo: deja el ayuntamiento ahora que estás a tiempo y aprovecha la crisis de Podemos para erigirte en la líder de ese espacio político

07/06/2019 | 12:18

Estábamos en una pequeña ciudad del norte de Italia. Debía ser finales de 2001 o principios de 2002. Celebrábamos una asamblea con el objetivo de okupar un centro social y no recuerdo qué debatíamos concretamente. Sólo me acuerdo de que, en un momento dado, yo esgrimí un argumento rotundo. No sé bien qué expresión utilicé porque la asamblea era en italiano, pero apelé a los principios: a “nuestros principios”. Entonces un compañero me espetó “Ma perché la metti sul piano morale?” (“Pero ¿por qué sitúas [el debate] en un plano moral?”)

Su respuesta me molestó. No entendía a qué se refería. ¿Acaso la política no está hecha de principios y valores? ¿Significa que para hacer política tenemos que ser cínicos o contradecir nuestros principios? Él tenía razón. Su postura no implica un alegato a favor de la hipocresía sino la defensa del análisis materialista. Ese compañero me marcó de por vida. He tenido que hacer un esfuerzo para recordar su nombre: Donatello. No sé si le reconocería por la calle dieciocho años después. Pero me acuerdo de su lección casi cada día.

Hace un par de semanas, el candidato de Syriza a la alcaldía de Atenas me dijo algo que me recordó a Donatello: “La izquierda española no entendió que tenía que analizarnos. Creyeron que de lo que se trataba era de estar a favor o en contra de Syriza”. Me parece muy interesante y creo que tiene razón. Durante los últimos cuatro años, prácticamente siempre que reporto algo relacionado con Syriza o con Tsipras en redes, alguien me responde que el primer ministro heleno es un traidor. Y ahí se termina la discusión porque sobre las traiciones no hay nada que discutir. Como me dijo Dona, tendemos a sustituir los debates políticos por juicios morales. A encontrar traidores donde hay derrotas, por ejemplo. La principal consecuencia es que no extraemos lecciones porque no hay lección que aprender de una “traición”.

Si en vez de utilizar categorías morales hiciéramos análisis políticos deberíamos examinar con qué correlación de fuerzas ha gobernado Syriza, qué aliados y qué enemigos ha tenido, qué leyes ha aprobado, qué leyes le han impuesto y qué leyes ha querido derogar. Qué alternativas tenía y qué falta de previsión ha demostrado, por ejemplo. Tendríamos debates materialistas.

Estar en el gobierno no siempre implica poder gobernar

Me pide CRÍTIC que escriba un artículo sobre qué pacto de izquierdas se debería hacer en Barcelona. Mi primer impulso es contestar que no lo sé y, por lo tanto, no publicar nada. Honestamente, ni lo sé ni me siento obligado a saberlo. Me he cansado definitivamente –hace tiempo– de los que saben siempre todo y, aún más, de quienes sienten necesidad de expresar siempre su opinión. Declaro aquí la contradicción de publicar este texto con un objetivo: apostar públicamente por la duda frente a la certeza impostada.

“Valls o Maragall representan lo mismo: oportunistas que cambian de ideología y partido siempre que saquen provecho”

Barcelona en Comú debe decidir si acepta los votos del PSC y Valls “sin condiciones” o si le cede la alcaldía a Ernest Maragall. Es una decisión compleja que merece mucho debate. Pero, una vez más, el debate político se ve eclipsado por juicios morales.

Parto de un punto: para mí no es esencialmente mejor, más justo, más digno o menos traición Valls o Maragall. Representan lo mismo: oportunistas que cambian de ideología y partido siempre que saquen provecho personal inmediato. Políticos con largas y vergonzosas carreras que nunca han dejado de estar al servicio de los lobbies y el gran capital. Valls es un racista que siendo alcalde de Èvry armó hasta los dientes a la policía municipal para perseguir y deportar inmigrantes; siendo ministro del interior deportó gitanos; y siendo primer ministro recortó derechos sociales, endureció la vida de los migrantes y apostó por políticas contra el medio ambiente. Ernest Maragall ha estado 35 años en el ayuntamiento, es responsable directo de las leyes urbanísticas neoliberales que han convertido Barcelona en un parque de atracciones para fondos buitre y llamó secuestradores de la democracia al movimiento 15M.

Como votante de Barcelona en Comú, lo fácil sería hacer un juicio moral y exigir que se detenga inmediatamente todo contacto con ellos. Y con el PSC, por supuesto. Pero como vecino de Barcelona quiero pensar qué debería hacer Ada Colau para mejorar las condiciones de vida partiendo del principio de realidad. Es decir, en el escenario de lo realmente existente, no en un mundo ideal que se ajusta a mis deseos.

“Mi impresión es que Valls tiene por objetivo quemar una de las figuras políticas con más potencia de la izquierda europea: Ada Colau”

Entiendo perfectamente a quienes quieren tener la alcaldía. Los Comunes no se han presentado a las elecciones con la intención de estar en la oposición y se necesitan, al menos, otros cuatro años para profundizar en las políticas con acento social. Te vote quien te vote en la investidura, si consigues la alcaldía la política se hace negociando día a día con el resto de grupos.

Pero me pregunto si tener la alcaldía es sinónimo de gobernar. Creo que la oferta de Valls es un caramelo envenenado. Mi impresión es que Valls tiene por objetivo quemar una de las figuras políticas con más potencia de la izquierda europea: Ada Colau. Permitir que sea alcaldesa en minoría para impedir cada medida que intente sacar adelante sería la forma más sencilla de neutralizar su potencia política. Ada sigue siendo una referencia internacional comparable a Alexandria Ocasio-Cortez; provocar que se consuma en su impotencia facilitando un gobierno municipal muy débil es un objetivo de primer orden para Valls y compañía.

Si fuera asesor personal de Ada, le daría un consejo: deja el ayuntamiento ahora que estás a tiempo y aprovecha la crisis de Podemos para erigirte en la líder de ese espacio político que está implosionando en las Españas. Dudo que ella quiera hacerlo, por lo que es inútil ahondar en este argumento. Y esa solución personal de Ada sigue sin resolver qué debería hacer Barcelona en Comú respecto al ayuntamiento.

Cuantas más vueltas le doy, menos soluciones encuentro. No lo sé. Menos mal que, aunque nos creamos el centro del universo, las soluciones no dependen de quienes publicamos artículos de opinión.

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