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Foto: PAULA PELLICER

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Diez verdades ocultas del postparto

¿Qué sabemos del puerperio? ¿Es realmente del color de rosa con el que nos lo venden los altavoces publicitarios? ¿Qué hay detrás de las altas expectativas de este proceso de recuperación de las mujeres después del parto?

18/11/2020 | 21:46

La época que empieza justo después del parto, conocida como puerperio, es una realidad compleja y muchas veces invisibilizada. Se trata de un proceso de recuperación largo para la mujer, no exento de cicatrices, sangre, braguitas de reja, pechos manando leche, cansancio y dolor corporal. Pero esta no es siempre la imagen que sale en la publicidad, en las redes sociales o en los medios. Mientras una famosa como la presentadora de televisión Pilar Rubio mostraba el posparto idílico de su cuarto hijo en Instagram, los organizadores de los Óscar de este año vetaban un anuncio que mostraba a una madre dolorida al poco tiempo de haber parido. ¿Por qué se censuran imágenes como las de este spot? ¿Cómo es exactamente el puerperio y como lo viven realmente las madres? ¿Se conocen socialmente todos los efectos que tiene?

Cada vez son más las mujeres, psicólogas y expertas en el acompañamiento a la maternidad que reivindican el posparto como una etapa con luces y sombras. En CRÍTIC hablamos sobre 10 realidades del posparto con afectadas y voces de referencia.

1. El posparto no dura solo 40 días

Durante el embarazo y el parto, la mujer experimenta cambios físicos y emocionales que marcan un antes y un después en su salud, física y mental. Y, a pesar de que la definición médica del posparto se ha asociado históricamente con una duración de seis semanas, la realidad es muy diferente: no, el posparto no dura 40 días. De hecho, el puerperio es, por definición, el periodo de tiempo que una mujer necesita para recuperar su estado ordinario previo a la gestación. Y, según las expertas, pocas mujeres lo hacen solo en 40 días.

El puerperio es el periodo de tiempo que una mujer necesita para recuperarse, y pocas mujeres lo hacen solo en 40 días

La comadrona autónoma y miembro de la asociación Dona Llum, Imma Sàrries, explica que, lejos de la cuarentena, hay mujeres que requieren años para recuperarse plenamente del embarazo, del parto y del posparto: “La recuperación varía en función de la edad, la conciencia corporal y la alimentación de cada mujer o la experiencia de parto vivida, entre otras variables, y cada cuerpo es único en cada momento vital, en cada embarazo y en cada posparto”, asegura, y explica que uno de los problemas del acompañamiento del sistema sanitario a la maternidad es, precisamente, que hay un “intento de estandarizar los cuidados hacia todas las mujeres, cuando sabemos que los mejores resultados se producen con cuidados personalizados”.

2. El sangrado durante el puerperio, una realidad escondida

A pesar de que la sangre forma parte de la vida sexual y reproductiva de todas las mujeres en edad fértil del mundo, la menstruación y todo aquello relacionado con el sangrado femenino es todavía un tabú; también las pérdidas posparto, conocidas como loquis. La comadrona Imma Sàrries explica que este sangrado es “una especia de almohada pegada a la pared interna del útero que debe salir una vez nace el bebé”. Este flujo es compuesto por células y líquidos que van cambiando de color y de cantidad a lo largo de las semanas posteriores al parto. El sangrado se puede alargar durante 50 días. Sàrries sostiene que muchas mujeres no saben que tendrán estas pérdidas y que la carencia de información sobre sus características es muy grande. Según ella, hay que hacer pedagogía teniendo en cuenta que el tipo de este sangrado da mucha información en función de la cantidad, la textura y el color: “Solo así podrán valorar si se producen de manera fisiológica o no”.

Pero la realidad de los loquis también se esconde en la publicidad y en las redes sociales. Hace solo dos años, una campaña de Change.org consiguió que Facebook e Instagram cambiaran las políticas de censura para permitir fotos de los partos y pospartos reales. Y, a pesar de que estas plataformas todavía censuran cuerpos desnudos de mujeres, cada vez son más las madres (algunas famosas como la exconcursante de Gran Hermano y madre de siete hijos, Verdeliss, o la modelo Ashley Graham) que publican fotos de denuncia con pieles colgando, luciendo braguitas posparto o compresas XL, entre otras.

3. El suelo pélvico, el gran desconocido

Según datos de la red de clínicas ginecológicas especializada en cuidados y tratamientos para la prevención del suelo pélvico BeNuren, 4 de cada 10 mujeres tiene problemas de incontinencia urinaria en el posparto y una buena parte de ellas desconocen las causas y las consecuencias de ello. En cambio, a pesar de ser un problema “muy habitual y de máxima importancia”, según Sàrries, los controles que se hacen en los CAP de Cataluña “son bastante mediocres y existe mucho desconocimiento” alrededor de esta recuperación. Pero, ¿por qué las mujeres sufren incontinencia urinaria en el puerperio? Estos problemas son la consecuencia del deterioro del suelo pélvico, un conjunto de músculos y ligamentos que sostienen la parte inferior del abdomen: la vejiga, el útero y el recto, concretamente. Durante la gestación, estos músculos tienen un papel capital con el incremento de peso y los cambios que sufre el cuerpo de la mujer.

Suelo pélvico antes y después del parto / AMMOLONDON.COM

Laura, Moderna con Gafas en las redes sociales, es madre y asegura que recuperarse del parto es un camino “largo y bestial que, si se hiciera bien, implicaría una inversión en sanidad, formación y educación que la economía capitalista liberal no está dispuesta a asumir”. Por este motivo, considera que la recuperación acaba siendo un privilegio y que aquellas mujeres que se pueden “permitir financiar una fisioterapeuta de suelo pélvico, una rutina de ejercicios de rehabilitación varias veces por semana, una persona que se haga cargo de las criaturas y atención psicológica”, probablemente se recuperarán mejor que las que tengan que volver al trabajo cuanto antes mejor.

4. Cesáreas y episiotomías: cicatrices evitables

Sí, las cicatrices también forman parte del puerperio. Y, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar el 10% y el 15% de los partos por cesárea y con episiotomías, respectivamente, estas prácticas forman parte del orden del día de los hospitales, públicos y privados. Según datos del Idescat, en Cataluña en 2019 el 27,9% de los partos fue por cesárea, y un informe del Ministerio de Sanidad asegura que en el 42% de los partos se hacen episiotomías. No solo esto: según este mismo informe, la prevalencia de partos vaginales con cesárea anterior solo es del 44,2% cuando los estándares internacionales aseguran que tendría que oscilar entre el 60% y el 80%. Preguntada por estos datos, la comadrona Sàrries considera grave la falta de seguimiento que la sanidad pública ofrece al posparto, en general y, en concreto, “con aquellas mujeres que han sufrido una cesárea”. Además, alerta sobre la falta de información en los cuidados: “El seguimiento de la cicatriz es de una importancia vital para evitar adherencias que puedan dar problemas en un futuro embarazo”, asegura, y reclama que el personal sanitario dé “herramientas como masajes, terapia neural y trabajo de hipopresivos”.

La doctora y directora del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Sant Pau de Barcelona, Elisa Llurba, considera en este sentido que, a pesar de que la atención ha mejorado últimamente con “las visitas de las comadronas a domicilio, por ejemplo”, las carencias de la atención al posparto “son un problema no resuelto”. No solo cuando llegan a casa, sino también desde el momento en que las mujeres están ingresadas en el hospital. Aun así, desde su punto de vista, donde se tendría que poner más énfasis es en la carencia de preparación para el posparto y hace una doble propuesta: un curso previo al parto que aborde todo lo que supone el posparto para las mujeres, y un mejor acompañamiento, como mínimo, en los primeros tres o cuatro meses posparto para todas aquellas madres que lo necesiten.

En 2019 en Cataluña el 27,9% de los partos fue por cesárea. En cambio, la OMS recomienda que esta cifra no supere el 15%

Laura, antes de ser madre, consciente de esta invisibilitación del posparto, había querido hablar con amigas sobre sus experiencias: episiotomías eternas, puntos que se infectan, cesáreas que cicatrizan mal, fisura anal, mastitis, grietas, y también había leído sobre como diferenciar un baby blues pasajero de una depresión posparto de larga duración. Conserva un recuerdo bonito de su parto; duró unas ocho horas y se respetó su voluntad. En cambio, cuando el efecto de la anestesia desapareció, sintió un dolor fuerte provocado por un hematoma vaginal que la llevó al quirófano: “Me informé mucho de todo; pero, justamente sobre el hematoma vaginal, no había leído nada”, explica. Laura estuvo “muy jodida” hasta que un día se atrevió a mirarse la vagina con un espejo para ver el moratón y empezó a dibujar y compartir aquella experiencia en las redes sociales y en el blog Girly Girl Magazine, para sentirse acompañada. “Por mucho que te expliquen esto de las compresas gigantes, las braguitas de reja y el pis que no puedes controlar, no es lo mismo cuando lo vives”, asegura.

5. La barriga no desaparece cuando nace la criatura

“¿Qué crema utilizas para evitar las estrías?”, “¿cuántos kilos has engordado desde el inicio del embarazo?”, “¿has vuelto ya a tu peso habitual?”, son algunas de las preguntas que muchas mujeres pueden escuchar en los primeros días del posparto. Y lo son en consecuencia de los patrones de belleza hegemónica impuestos por el sistema patriarcal que, a menudo, hacen que muchas mujeres vivan el puerperio con una presión añadida. Con el objetivo de poner el foco en las dificultades emocionales y físicas que afrontan las madres una vez han dado a luz, la empresa irlandesa de apoyo al posparto Anewmum publicaba una sesión fotográfica con imágenes de madres que reivindicaban su cuerpo posparto. La fotógrafa y madre de tres criaturas Paula Pellicer, ante los sentimientos encontrados de su primero posparto, creó el proyecto “Postpartum”, una iniciativa que, a través de ”imágenes reales sin retoques”, acompaña a muchas madres normalizando los cambios de su cuerpo en el posparto.

De hecho, cada vez son más habituales las imágenes al natural de mujeres acabadas de parir. “Ni tenemos que hacer dietas o deporte para cumplir cánones estéticos, ni después de dar a luz tenemos que esconder nuestros cuerpos porque ya no son como eran”, explica Laura, que destaca que cada vez más madres suban a las redes “sus vientres, estrías y pieles colgantes, porque visibilizarlo acompaña a otras mujeres”. Un discurso estético emergente que impugna el relato publicitario de masas. En esta misma línea, la madre, actriz y fundadora del Comando Señoras, Alicia Reyero, denuncia la crueldad de su profesión. “Si desapareces de los escenarios a lo largo del embarazo, es muy difícil volver a sacar la cabeza con 37 años y otro cuerpo, el de madre”, lamenta, y añade una tendencia muy preocupante: “Hay representantes que antes prefieren ocultar la maternidad de una actriz y optan para explicar que está trabajando en otros proyectos o que está inactiva temporalmente, y esto no puede ser”.

6. El abandono emocional del sistema sanitario

Después de la larga espera del embarazo, y lejos de la felicidad que supuestamente tiene que caracterizar a las madres, muchas mujeres viven las primeras semanas del puerperio como una etapa triste y dolorosa. Según datos del nuevo Protocolo de seguimiento del embarazo en Cataluña, una de cada 10 mujeres sufre depresión posparto y, lo que és todavía más grave, la Sociedad Marcé Española de Salud Mental Perinatal (MARES) apunta que el 75% de las mujeres no son diagnosticadas ni tratadas debidamente. Pero, ¿hasta qué punto se produce el abandono que muchas mujeres denuncian en el posparto?

La sanidad pública en Cataluña ofrece dos visitas posparto con la comadrona: una, al cabo de una semana de vida del bebé, y otra, pasadas seis semanas. En esta segunda visita la comadrona hace una exploración para valorar la salud del suelo pélvico y, a través del test de Edimburgo, hace una detección precoz de la depresión posparto. Según la psicóloga y terapeuta familiar Alba Rosiqué, “viendo los datos, claramente, esto no es suficiente”, pero la responsabilidad que la salud mental y la atención psicológica en esta etapa de la vida no sea atendida debidamente, “no es solo de la sanidad pública: se trata más de una concepción social que tenemos sobre la salud mental”.

Del mismo modo, sostiene que el test de Edimburgo, que normalmente lo pasa una profesional que no forma parte del ámbito psicológico, permite guiarse y tomar conciencia de si la mujer que tiene delante está pasando dificultades graves y le hace falta derivación. Pero también considera que “muchas veces las dificultades emocionales que presenta una mujer no se conocen únicamente por las respuestas que das a un cuestionario”, motivo por el cual considera fundamental que todos y todas las profesionales que acompañen a las mujeres en procesos de gestación, el parto o el posparto, “necesitan tener conocimientos sobre psicología perinatal o incluso sobre aspectos emocionales que surgen en los cambios de la vida”.

7. El descubrimiento de un nuevo umbral de agotamiento

La imagen de felicidad idílica que el sistema vende en torno a la maternidad esconde a menudo realidades muy diversas. El cansancio acumulado a lo largo de los nueve meses de gestación, el esfuerzo físico y emocional del parto se suma a una nueva etapa de noches y días sin dormir, de miedos y de inseguridades, como señala la comadrona Imma Sàrries. La madre tiene poco tiempo para asimilar todos los cambios en un momento de fuerte dependencia del bebé en sus primeras semanas de vida. De esta realidad, “también se tendría que hablar”, según Sàrries, porque la recuperación de la mujer va paralela al umbral de agotamiento que sufre y que tiene muchas afectaciones.

La llegada de un recién nacido cambia muchas cosas: el día a día de las mujeres, su tiempo personal, la creación de una nueva relación con el bebé. La nueva situación también cambia la relación de pareja (si se tiene) y, muchas veces, hay madres que se sienten solas en este momento. El acompañamiento emocional de todo el posparto es una de las grandes asignaturas pendientes del sistema sanitario. Según la psicóloga perinatal y doula Paola Roig, “los pospartos de revistas, donde las mujeres salen de la sala de partos maquilladas y con una sonrisa de oreja a oreja”, generan falsas expectativas, y hay que “empezar a crear una narrativa materna que nazca de nosotros y para nosotros”. En esta misma línea se pronuncia la doctora Llurba, que recuerda que la mujer se enfrenta a un cambio vital, “cuando, en la mayoría de los casos, todavía no está recuperada”, motivo por el cual, asegura, “la sanidad pública tiene mucho margen de mejora”.

8. Visitas no deseadas, un clásico del puerperio

Alicia Reyero no tuvo un parto de revista. Se le alargó cerca de 50 horas a causa de las complicaciones provocadas por un virus que cogió, apenas cuando empezaban las primeras contracciones del parto. Además, su hijo, Urko, tenía el cordón umbilical enrrollado en el cuello y tuvieron que reanimarlo nada más nacer. Desde su punto de vista, el respeto hacia la familia en estos momentos es “imprescindible en cualquier parto y especialmente cuando el parto se complica” y no siempre se tiene. En este sentido, Reyero recuerda las primeras visitas y la sensación de “pánico” cuando le arrancaban “el bebé de los brazos”. Considera que tener un parto como el suyo todavía hace vivir con más intensidad el ”intervencionismo” de los primeros visitantes.

Pero Alicia no es la única mujer que sufre esta presión. Vivimos en una sociedad que no solo normaliza cuestiones íntimas y delicadas como las visitas al hospital o el contacto con el bebé, sino que juzga a todas aquellas madres que prefieren blindar este espacio vital. “Parece que los familiares y amigos tengan derecho absoluto a coger la criatura”, explica Alicia, y asegura que esto pasa porque no hay respeto por la acción de parir de la madre: “Cuando una persona tiene una intervención de cualquier cosa, el día siguiente a nadie se le ocurre ir al hospital y plantarse durante muchas horas allá”. En esta misma línea se muestra Andrea Ros, madre y acompañante de maternidades, que reivindica que las mujeres, “como mamíferas que somos, vivimos el posparto con un movimiento hormonal donde la biología interviene directamente”. Por este motivo, dice, “no se puede tratar una mujer de loca porque no quiera que cojan su bebé de una semana todos los miembros de su familia“. Y recuerda un video que corre por las redes de cómo reacciona una “hembra mono” cuando está amamantando su bebé. “Pues con nosotros pasa lo mismo”, sentencia.

Muchas mujeres se sienten incómodas y violentadas por esta cuestión, tal como explica Lucía M. Quiroga en eldiario.es. Por eso, cada vez son más las expertas que alertan de las graves consecuencias psicológicas que tienen las visitas al hospital o a casa los primeros días del posparto, así como la voluntad de coger el bebé, motivo por el cual “es fundamental respetar los tiempos que la mujer necesite”.

9. La maternidad hace tambalear las relaciones

Según la psicóloga Paola Roig, el cambio de las amistades y relaciones es un tema muy habitual en los grupos de crianza que acompaña. Este hecho a menudo se produce a causa de la transformación que las mujeres viven en el posparto: el estilo de vida, las prioridades y los intereses son diferentes con la maternidad y, por lo tanto, “es normal que esto provoque estos cambios en la manera de socializarse”. Así lo ha vivido Alicia. Junto con su pareja, ve un cambio importante en su vida social desde que nació su hijo: “Tuve un embarazo complicado y cambiamos nuestras salidas, pero de repente mucha gente nos dejó de llamar; es cómo si fuéramos diferentes, y ha sido una sacudida total”. En este sentido, Roig señala que es importante recordar que no todo el mundo “nos tiene que acompañar durante toda la vida”, porque las amistades tienen etapas y es posible que alguien que se aleja en un momento determinado se puede volver a acercar pasado algún tiempo.

Aun así, Ágata Subirats, madre de cuatro criaturas y fundadora de Mamayoga, apunta otras relaciones que también se ven alteradas con la maternidad, como la de la pareja y los hijos e hijas mayores: “Por un lado, los queremos con locura, los necesitamos, los echamos de menos y nos sentimos culpables por el hecho de estar menos presentes con ellos”, explica. Ante estos cambios, que a menudo vienen acompañados de un sentimiento de incomprensión para muchas mujeres, la herramienta fundamental según Roig es encontrar un espacio de sororidad y de no juicio: “No estamos hechas para criar solas y necesitamos espacios donde poder compartir todo lo que nos pasa”.

10. Los permisos de maternidad: 30 años en el congelador

“Maternar más allá de las 16 semanas de prestación de maternidad implica hacer renuncias”: así lo vive Andrea Ros, que defiende que, a pesar de que puede haber mujeres que estén preparadas para reincorporarse al trabajo pasadas las semanas de baja, “hay muchas otras que no lo están”. Sea cual sea la realidad de cada una, desde su punto de vista, “el mercado laboral tendría que garantizar, como mínimo, las 52 semanas que tienen otros muchos países“. En este sentido, reivindica la importancia de maternar mientras dure la exterogestación, es decir, los primeros nueve meses de vida que las criaturas necesitan pasar con su madre, para culminar el proceso de gestación fuera del útero.

Lo cierto es que el Estado español hoy por hoy está a la cola de Europa en permisos de maternidad y de paternidad: las madres cuentan con una baja de maternidad de 16 semanas desde hace 30 años. El permiso de los padres, en cambio, ha aumentado, en los últimos 4 años, más de un 500% y ya llega a las 12 semanas. Pero ¿como afecta esta equiparación de prestaciones las mujeres? Según los datos recientemente publicados de la Seguridad Social, las mujeres cuidan gratis, mientras que los hombres tramitan más prestaciones de maternidad que las mujeres: entre enero y el septiembre de 2020, el 48,7% de los permisos tramitados fue para las madres y el 51,3% para el segundo progenitor. Aun así, una vez agotadas las prestaciones, las excedencias continúan siendo la opción para continuar maternando de muchas mujeres: el 87,62% de ellas fueron para las mujeres durante el primer semestre de 2020, mientras que solo el 12,37% correspondía a los hombres.

En el Estado español las madres cuentan con una baja de maternidad de 16 semanas desde hace 30 años

Varias voces, como las de la asociación Petra Maternidades Feministas, consideran que las prestaciones actuales excluyen a las familias monoparentales y dejan sin derechos a aquellas mujeres que quieren, por ejemplo, garantizar la lactancia materna exclusiva (LME) que recomienda la OMS de, como mínimo, seis meses. Esta asociación hace una doble propuesta; la opción pragmática, con 6 semanas intransferibles para la madre y la segunda persona responsable de la criatura respectivamente y 20 semanas transferibles más que garanticen los seis meses de LME, o bien la opción óptima, con 6 semanas intransferibles para la madre y la segunda persona responsable de la criatura y 40 semanas más, 20 de las cuales estarían asignadas directamente a la madre para garantizar el mismo derecho.

En este sentido se posiciona Laura y recuerda que la brecha de clase está presente en todas partes: en las bajas a la rehabilitación y en la lactancia, cuando “la sociedad nos tendría que acompañar durante la gestación, con una baja de gestación (y no por lumbalgia) al final del embarazo, que no tuviera un impacto económico negativo en la cuantía de la prestación de maternidad y recetando rehabilitación de suelo pélvico publica y de calidad”.

* La imagen que encabeza este reportaje ha sido cedida por la fotógrafa Paula Pellicer y forma parte de su proyecto “Postpartum“, en el que trabaja desde hace más de cinco años. Ninguna de sus fotos ha sido retocada.

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