14/05/2026 | 07:00
Tu último libro Auge (EnDebate, 2026) empieza diciendo que se acusa injustamente a jóvenes y feministas del auge de la extrema derecha. ¿De quién es culpa entonces?
Efectivamente, la conversación gira en torno a un antagonismo entre chavales jóvenes que no se enteran de la misa la media y que se han radicalizado porque a las feministas se les ha ido la olla. Pero decir que el malestar de los jóvenes es culpa de las feministas es el marco discursivo de la extrema derecha y no podemos comprarlo. La pregunta no es de quién es la culpa, porque no es operativa, busca señalar y castigar, y nadie va a querer asumir ese papel. La pregunta es por qué hay un auge de la ultraderecha entre algunos jóvenes.
¿Y cuál es la respuesta?
La extrema derecha manipula el malestar juvenil masculino de algunos chicos para ponerlos de su lado y convertirlo en odio hacia los demás. Yo considero que los feminismos han de luchar para decirle a los chavales: “Este es un sitio en el que también podéis estar”. Para que los chavales jóvenes se acerquen al feminismo los hombres adultos también tienen que hacer un trabajo primero. Necesitamos modelos de masculinidad alternativos y liberadores.
¿Los adultos hemos contribuido a este malestar?
El malestar de los jóvenes tiene que ver con una situación de multicrisis. A los jóvenes les estamos diciendo que el futuro está cancelado, que no hay esperanza, que hay una crisis climática de la que no se va a salir, y un montón de cosas que, desde luego, no ayudan a que intenten buscar soluciones.
“Les estamos diciendo que el futuro está cancelado, que no hay esperanza, que hay una crisis climática de la que no se va a salir“
No solo se les llama fascistas. En tu opinión, son señalados como una generación caprichosa, malcriada e irascible.
Si voy a un sitio donde me escupen y me insultan, allí no me quiero quedar.
Hablas de edadismo, que para ti es un sistema de opresión como el racismo o el sexismo.
Los adultos piensan que lo único importante son sus necesidades. Y las del resto de la sociedad, personas mayores, jóvenes e infantes, no son relevantes. Lo vimos con el Covid-19, niños y niñas no podían ir al parque sabiendo que es una actividad central para su desarrollo, pero el fumador empedernido sí podía ir al estanco.
¿No sabemos acercarnos al malestar de los jóvenes?
Yo la verdad es que veo más titulares alarmistas que otra cosa. Quienes hemos trabajado en servicios de atención comunitaria con este colectivo sabemos que hay una clara falta clara de políticas públicas hechas con y para jóvenes. Si no escuchas al sector de la población hacia el que quieres dirigir la política pública, estás abocado al fracaso. Además, en esta narrativa de vincular los jóvenes con el auge de la extrema derecha, me llama la atención que se está exigiendo una responsabilidad política a personas que están en una especie de abandono político. Hay una pulsión sádica de decir “tú eres el culpable, te vas a enterar”, mientras los sectores adultos de la población se refugian en un “yo no he sido”. Por no decir que la categoría política joven cada vez es más amplia y por tanto más difícil de analizar. Ahora parece que con 38 años sigues siendo joven.
“El gran problema es el capitalismo, no que haya mucha gente cobrando pensiones. Vamos a terminar pegándonos los unos con los otros”
¿Crees que los medios de comunicación son responsables de este alarmismo?
Absolutamente. En Auge cito el artículo que hizo que esta narrativa de jóvenes versus feministas empezara a inundar los medios, en enero de 2024. Y analizo cómo se sobrevaloran algunos datos para conseguir clics. Antes los jóvenes contagiaban el Covid-19, ahora contagian el fascismo. A ver qué contagiarán mañana. El periodismo está claramente en crisis, la información tiene que ser entretenimiento y monetizada. Los medios de comunicación deberían tener más cuidado y sopesar el efecto de ciertos titulares.
¿Qué rol tiene Internet en la derechización de algunos jóvenes?
Lo primero que tenemos que hacer es dejar de considerarlo el chivo expiatorio, que parece que es el único sitio de radicalización de la juventud. Eso no quita que la privatización de las plataformas ha hecho que hoy los algoritmos no sean ideológicamente neutrales. Durante muchos años, las raras del instituto encontrábamos refugio en internet, pero ahora se premian los contenidos vinculados a discursos de odio y tienen mucho alcance.
Un reportaje reciente en El País Semanal apuntaba a una tensión creciente entre generaciones. ¿Qué opinas al respecto?
El gran problema es el capitalismo, no que haya mucha gente cobrando pensiones. Igual que creo que el capitalismo es el culpable de que algunos chavales sean fascistas, y no el feminismo. Si no empezamos a darnos cuenta de los efectos reales de este sistema, vamos a terminar pegándonos los unos con los otros. Porque el capitalismo necesita la muerte del otro. Ya sea una muerte simbólica, “me la pelas” lo suficiente como para poder explotarte, o biológica, gente que muere de hambre, genocidios…
“Si no imaginamos el fin del capitalismo es porque no lo deseamos. ¿Por qué vas a desear un ‘dos caballos’ si puedes desear dos ‘bugattis‘?
Es difícil ser anticapitalista cuando todo el rato te están diciendo que el dinero te dará la felicidad…
Eso lo digo en Política del Malestar (Debate, 2024): si no imaginamos el fin del capitalismo es porque no lo deseamos. Este sistema te dice que todo es ilimitado y que si alguien sale mal parado no serás tú. ¿Por qué vas a desear un dos caballos si puedes desear dos bugattis y tres chavalitas?
¿Las izquierdas deberían ser más anticapitalistas?
¿De verdad vamos a buscar soluciones a la pobreza dentro de este sistema? Tenemos que hacer un análisis fuera del marco capitalista. Es necesario y urgente repensar nuevos modelos políticos, económicos, culturales, relacionales y estéticos.
En ese libro indicabas que las izquierdas no pueden quedarse ancladas en el “todo está mal” y apuntar otros caminos. ¿Existen alternativas?
En el último capítulo mencionaba varias: las monedas sociales, el municipalismo, los pódcasts o medios de información no tradicionales. Todo lo que tiene que ver con la política del no-todo.
¿Qué significa la política del no-todo?
Hay una narrativa retórica muy instaurada que dice que toda acción que no aspire a la totalidad es inútil. Y eso provoca un efecto desmovilizador. Sin embargo, yo sé que ir a una asamblea feminista no va a acabar con el patriarcado. Igual que un vegano sabe perfectamente que no va a hacer que se cierren las granjas porcinas que inundan Catalunya. El no-todo es una apuesta política que pone en valor cualquier movilización que se produzca en los espacios micro y cotidianos.
“No hay que caer en el narcisismo de las pequeñas diferencias; la manera como yo quiero solucionar un problema no siempre es la mejor”
También dices que la política del no-todo acepta la disidencia, los antagonismos y el descontento.
Esta es una idea transversal a todo mi trabajo. Por un lado, es importante no caer en lo que Freud llamaba el narcisismo de las pequeñas diferencias, que tiene que ver con pensar que la manera en la que yo quiero solucionar un problema es la mejor. Y esa pequeña diferencia hace que me sienta radicalmente diferente al otro. Por otro lado, hay que entender que siempre habrá diferencias. Si en el activismo no voy a tener un encuentro incómodo es que solo estoy hablando con quien ya está convencido y eso me parece problemático. El feminismo al que yo me adhiero es capaz de navegar en estas alianzas incómodas y de unir a todo el mundo.
Cuando hablas de narcisismo de las pequeñas diferencias pienso en las izquierdas…
Dos ratas peleando por un churro, que es un vídeo viral que me encanta. Pero esta es una respuesta descriptiva y quiero dar una propositiva: efectivamente están en la tensión de los pequeños narcisismos, de no asumir alianzas incómodas, y eso genera bloqueo, parálisis, pero es que hay que asumir la incomodidad del encuentro con el otro, nadie va a ser igual a ti.
Esto va acompañado de superioridad moral.
Esto se nota mucho con los jóvenes. Se ha instaurado la imagen de que un joven es un descerebrado, alguien que no tiene ni idea de lo que va la vida. Y, sobre todo, alguien mucho peor joven de lo que tú has sido.
Las alternativas que mencionas están funcionando hoy
Siempre proyectamos las alternativas a futuro, pero es importante explicar que ya existen y que podemos desearlas. Si se persigue una mayor movilización, no se puede apelar todo el tiempo a un horizonte lejano y que no sabemos si llegará.