Crític Cerca
Foto: DAVID F. SABADELL
Entrevistes

Nuria Alabao “La extrema derecha sabe explotar miedos y malestares y convertirlos en identidad política”

Nuria Alabao (València, 1976) es periodista, antropóloga e investigadora especializada en cómo la extrema derecha trata las cuestiones de género, tema que ocupa sus dos últimos libros: Las guerras del género (Ed. Katakrak) e Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas (Ed. Ctxt). También forma parte del colectivo feminista Cantoneras, colabora con el medio digital Ctxt y es una de las impulsoras de Zona de Estrategia. En esta conversación explica cómo Orriols, Abascal o Le Pen utilizan el feminismo para conseguir votos y da herramientas para desenmascarar sus argumentos

18/02/2026 | 07:00

Tu último libro empieza diciendo: “Una alarma se extiende por las salas de profesores y las conversaciones familiares: los chicos jóvenes abrazan cada vez más los discursos antifeministas”. ¿Por qué pasa esto?

Es importante decir que no todos los chicos jóvenes son de derechas. En general, tienen actitudes más igualitarias y son más abiertos con su sexualidad que las generaciones precedentes. Pero, paradójicamente, crece su antifeminismo, porque ofrece algunas respuestas atractivas a muchos de sus malestares. Hay que entender que la juventud actual vive una gran incertidumbre vital, se emancipa tarde por culpa de la precariedad laboral y las dificultades para acceder a la vivienda, tiene la tasa de paro más alta y un 60% reporta ansiedad o síntomas depresivos. Si a todo esto, sumas la indeterminación sobre cómo ser hombre hoy en día, en un contexto de hegemonía de los feminismos, no es extraño que busquen certezas identitarias.

Este antifeminismo se amplifica en Internet…

En la manosfera los jóvenes encuentran soluciones y también comunidad, sentido de pertenencia. En este entorno digital, aparecen subculturas como los gymbros, los criptobros o los íncels que pueden tener en común un discurso antifeminista, o incluso misógino, que afirma que el feminismo fomenta la discriminación o el odio hacia los hombres. El problema es que la lógica de hacer dinero en las redes sociales, con cursos y libros sobre cómo ligar o cómo invertir en criptomonedas, alimenta y perpetúa estos sentimientos que, además, pueden ser una puerta de entrada de ideologías de extrema derecha.

Foto: DAVID F. SABADELL

“Para la extrema derecha, el feminismo es una herramienta útil para movilizar sentimientos reaccionarios en un momento de gran desafección política”

¿Por qué la extrema derecha es tan antifeminista?

Por un lado, porque el feminismo cuestiona el modelo de familia tradicional, que es un pilar central de los proyectos ultraconservadores. Y, por otro lado, porque es un elemento clave de lo que denominamos guerras culturales contemporáneas. Digamos que es una herramienta útil para movilizar sentimientos reaccionarios en un momento de gran desafección política.

¿Qué son las guerras culturales, y cómo derivan en lo que tú denominas guerras de género?

El concepto de guerra cultural nace en los Estados Unidos en los años noventa, cuando se constata que las clases trabajadoras ya no votan por intereses de clase, sino por cuestiones culturales o de valores. En este sentido, todo lo que está vinculado con el género es especialmente eficaz porque afecta a temas íntimos como la familia, la sexualidad o la reproducción, que generan respuestas emocionales muy intensas. Un artículo sobre la reforma laboral no se lo lee nadie, pero si trata sobre la Ley trans, se hace viral. La extrema derecha sabe explotar estos miedos y malestares y convertirlos en identidad política.

¿Qué temas vinculados al género utiliza para atraer seguidores?

Por ejemplo, que la infancia está en peligro, cuando se habla de educación sexual en los centros educativos. La demonización de las personas trans. O la batalla contra el aborto. De todas maneras, hay que matizar que el antifeminismo de la derecha radical se adapta a los consensos sociales, políticos y culturales del lugar donde opera. Por ejemplo, en Europa occidental tienen que moderar el discurso para ampliar su base electoral.

Foto: DAVID F. SABADELL

“La extrema derecha no siempre se dirige a las mayorías sociales, sino a componer coaliciones de votantes que les permitan gobernar”

¿En España también ha adaptado su discurso? 

Vox todavía tiene posiciones retrógradas respecto al aborto e intenta no hablar de ello, puesto que incluso la mayoría de los que se declaran católicos está a favor del aborto. Su estrategia más importante es utilizar temas feministas para criminalizar a los migrantes. Usan la defensa de las mujeres españolas para reclamar políticas racistas y securitarias, que es su principal eje movilizador, por encima del género. Cómo hace Sílvia Orriols, de Alianza Catalana, o Marine Le Pen, de Agrupación Nacional, en Francia.

Dices que estos “pánicos morales” hacen mucho ruido, pero que en realidad movilizan a poca gente. 

La extrema derecha no siempre se dirige a las mayorías sociales, sino a componer coaliciones de votantes que les permitan gobernar. Es decir, que consiguen victorias políticas en base a tener grupos de poder en ciertos espacios o pequeños grupos de activistas muy movilizados. Por ejemplo, en los Estados Unidos, han conseguido anular la sentencia que permitía abortar, Roe versus Wade, a pesar de que hay una amplia mayoría a favor del aborto, incluso en los Estados republicanos. Aquí, Vox consigue apoyo criticando la Ley contra la violencia de género, ampliamente defendida por todos los partidos, por ejemplo, de los hombres divorciados que luchan por la custodia compartida. 

¿Qué rol tiene la Iglesia católica en todo esto? 

La Iglesia católica es un actor antigénero global importantísimo, que ha sido determinante para frenar el adelanto de los derechos sexuales y reproductivos en muchos países de América Latina. Es verdad que en España no está tan activa como cuando se aprobó la reforma del aborto y el matrimonio homosexual con Zapatero. Si bien creo que ha perdido hegemonía cultural, mantiene un poder importante, del que normalmente no se habla, a través de las escuelas concertadas y privadas, las universidades, los medios de comunicación propios y la interlocución directa con las instituciones.

Foto: DAVID F. SABADELL

“No debemos pensar que la extrema derecha triunfa porque tiene dinero: es más interesante ver por qué la gente conecta con sus discursos”

¿La extrema derecha tiene mucho dinero y está muy bien organizada?

Tiene recursos y está organizada a escala internacional desde hace mucho tiempo. En España, Vox está conectado con organizaciones “provida”, HazteOír o think tanks ultraconservadores, financiados por élites empresariales o grandes fortunas. Además hay potentes estructuras internacionales detrás con quienes comparten recursos, discursos y apoyo político, como las organizaciones cristianas estadounidenses The World Congress of Families o la Alliance Defending Freedom. En contraposición, las organizaciones feministas o defensoras de las disidencias sexuales y de género a menudo funcionan con menos recursos, trabajos precarios o voluntarias o subvenciones públicas que desaparecen cuando cambian los gobiernos. Pero creo que no debemos pensar que la extrema derecha triunfa porque tiene dinero.

¿No crees que tener dinero sea determinante?

Es más interesante ver por qué la gente conecta con sus discursos, si queremos establecer estrategias de respuesta más acertadas. El dinero no siempre es importante en el activismo político. Hace falta que estemos organizadas a todos los niveles y comprometidas en el tiempo para poder generar una cultura política que promueva unos valores por los que merezca la pena luchar.

Los ataques contra feministas o defensoras de derechos son tan furibundos que, en algunos momentos, consiguen silenciarlas. ¿Cómo se puede combatir esto?

Los activistas ultraconservadores combinan el acoso judicial con el mediático. Abogados Cristianos presentan denuncias de forma masiva contra activistas feministas o clínicas que hacen abortos. A pesar de que normalmente no prosperan, funcionan como un tipo de censura, porque cuando dedicas muchos esfuerzos a defenderte, no puedes hacer tu trabajo. En las redes sociales, organizan campañas coordinadas de mensajes de odio, amenazas, y publican fotografías o datos personales (el llamado doxing). Y esto es muy duro. Algunas compañeras ya están trabajando en estrategias de defensa, apoyo y cuidado de las personas y colectivos que están recibiendo ataques para evitar que se retiren del espacio público y que puedan continuar dando batalla.

Foto: DAVID F. SABADELL

“El enemigo no son las mujeres o el feminismo, sino las estructuras que organizan este mundo desigual”

En tu libro explicas que el antifeminismo de la manosfera acaba aislando a los jóvenes. 

Estos discursos prometen soluciones individuales a problemas estructurales. No resuelven ni la precariedad ni sus dificultades para relacionarse con las chicas, sino que más bien las profundizan porque les proponen una masculinidad tradicional que, además, cada vez es menos viable. Las tradwives pueden ser un meme en Internet, pero ni las mujeres quieren dejar de trabajar ni los hombres quieren que las mujeres dependan de ellos. Además, es imposible ahora mismo mantener a una familia con un único sueldo.

¿Cómo podemos recuperar a estos jóvenes?

La cuestión es que la extrema derecha les ofrece un espacio de reconocimiento. Y el feminismo que reciben estos chicos muchas veces es culpabilizador o acusatorio, les dice que todos los hombres son violadores o que han de renunciar a sus privilegios. Lo primero que debemos hacer es dejar de tratarlos como el enemigo y mostrarles que el feminismo puede ser un proyecto político de transformación social, donde ellos también pueden participar, que quiere luchar contra esta masculinidad tradicional que los oprime y mejorar las condiciones vitales de todas las personas. Un proyecto, en definitiva, que se enfrente al sistema que provoca sus frustraciones: las jerarquías de clase, la concentración de riqueza, la explotación laboral, la mercantilización de la vida. Porque el enemigo no son las mujeres o el feminismo, sino las estructuras que organizan este mundo desigual. Tenemos que politizar sus malestares en un sentido emancipador, no reaccionario.

Pongamos un ejemplo concreto: ¿qué le puedo de decir a mi hijo de 15 años cuando me cuestiona las cuotas?

La reacción más habitual es enfadarnos. Pero los adolescentes buscan precisamente esto, porque están en una etapa de la vida donde rebelarse forma parte de su construcción como personas. Y ellos identifican el feminismo como la autoridad, lo que defiende el gobierno, el profesorado y la mayoría de los medios de comunicación. Además, con la emergencia de las extremas derechas y los discursos antifeministas, se ha cerrado mucho el campo de debate: parece que cuando ellos atacan a las cuotas, tú tienes que defenderlas a muerte y sin matices. Pero, si queremos tener un diálogo, debemos evitar la censura moral o señalar temas como “no debatibles”, reconocer que sus dudas son legítimas y generar un espacio donde pensar juntos. También está bien reconocer que el feminismo no lo tiene todo resuelto y que hay diferentes posturas. Yo tengo muchas dudas en muchas de las cuestiones que ellos plantean.

Foto: DAVID F. SABADELL

“Debemos avanzar pensando que hay muchas cuestiones donde el feminismo ha ganado consensos que son inalterables, como la igualdad de las mujeres en el ámbito laboral”

¿Dudas de la discriminación positiva?

Las cuotas solo se exigen en lugares que tienen un alto capital simbólico y buenas retribuciones. Para dirigir una empresa, ser bombera o policía, pero nadie las reclama para los segmentos más explotados del mercado laboral, ni a la inversa: los hombres no exigen trabajar en las escuelas infantiles o en trabajos de cuidados. Y que haya más mujeres políticas o empresarias no mejorará las condiciones laborales de las mujeres que limpian. Cuando te dicen que las cuotas cuestionan la meritocracia, lo que hay que decir es que la meritocracia ha muerto. Pero no por culpa del feminismo, sino porque ahora es cada vez más relevante tu posición de clase, si tu familia te puede pagar los estudios o el piso, para tener cierto nivel de vida.

¿Y qué le puede decir un profesor a un alumno que afirma que la mayoría de las denuncias por agresión sexual son falsas?

Hay un feminismo que cree que el Código Penal puede ser la solución a muchas de las violencias que sufren las mujeres. Pero hay otro que piensa que unas penas más elevadas no reducirán las agresiones sexuales. Porque pasar mucho tiempo en la prisión, que es un lugar muy violento, no es la solución. Debemos promover soluciones más transformadoras, como la justicia restaurativa, que no pone en el centro el castigo sino la reparación del daño. Y que tiene más en cuenta a las víctimas que la justicia ordinaria. Creo que el feminismo tendría que defender un sistema de garantías procesales para todos los ciudadanos, independientemente del género, especialmente en un contexto de autoritarismo creciente. Esto es clave cuando formas parte de luchas sociales y sabes que puedes ser detenida.

¿Hay esperanza?

Sobredimensionar la fuerza de la extrema derecha nos paraliza. Debemos avanzar pensando que hay muchas cuestiones donde el feminismo ha ganado consensos que son inalterables, como la igualdad de las mujeres en el ámbito laboral. Son la mayoría de las licenciadas, están en casi todos los trabajos y tienen autonomía económica. Hay un cambio social evidente, que no se corresponde con el modelo de sociedad que la extrema derecha quiere imponer. Si crece, no es porque la gente quiera un retorno a la familia tradicional, sino por la agenda antiinmigración. Sí que es verdad que tenemos un reto pendiente y es que la extrema derecha quiere representar la desafección política. Nosotros debemos hacer nuestro el deseo de cambio radical que estas fuerzas políticas intentan instrumentalizar. A menudo apoyamos o no criticamos las políticas actuales porque lo que vendrá será peor. Pero si ellos defienden un capitalismo sin democracia, nosotros debemos defender una democracia sin capitalismo o una democracia más real, como reivindicaba el 15-M.

En temps convulsos, periodisme crític

Suma't a CRÍTIC i t'enviem a casa la pròxima revista en paper (juny 2026)

Subscriu-t'hi!

Rep a casa la pròxima revista monogràfica en paper (aparició prevista al juny)

Torna a dalt
Aquest lloc web utilitza cookies pròpies i de tercers d'anàlisi per recopilar informació amb la finalitat de millorar els nostres serveis, així com per a l'anàlisi de la seva navegació. Pot acceptar totes les cookies prement el botó “Accepto” o configurar-les o rebutjar-ne l'ús fent clic a “Configuració de Cookies”. L'usuari té la possibilitat de configurar el seu navegador per tal que, si així ho desitja, impedexi que siguin instal·lades en el seu disc dur, encara que haurà de tenir en compte que aquesta acció podrà ocasionar dificultats de navegació de la pàgina web.
Accepto Configuració de cookies