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Foto: DAVID F. SABADELL
Entrevistes

Ismael Serrano “Ser de Vallecas imprime carácter y conciencia de clase”

Ismael Serrano (Madrid, 1974) es mucho más que un cantautor. Con la canción Papá, cuéntame otra vez, que se convirtió en la banda sonora de varias generaciones, Serrano pasó a ser un icono, también, para los movimientos de izquierda. Reconoce que se enmarca en la tradición de la canción de autor que viene definida por Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute o Víctor Jara. A punto de cumplir un cuarto de siglo desde que irrumpió en el panorama musical, nos cita para charlar largamente en su estudio de la Latina, uno de los barrios más populares de la capital española.

16/11/2021 | 06:00

Mi patria es mi infancia. Así que mi patria es mi barrio”, decías en Twitter hace un par de años.

Los recuerdos de mi infancia están inevitablemente vinculados al lugar en el que nací y crecí. Vallecas es un barrio que imprime carácter y conciencia de clase. Las relaciones vecinales eran familiares y existía un sentido de solidaridad muy fuerte. Recuerdo perfectamente lo que sucedió el 23F del 1981: mi vecina llamó a la puerta asustada, llorando, porque había escuchado en la radio que los militares habían entrado en el parlamento. Mi madre estaba en casa y mi padre en aquel momento trabajaba en El País. En ese momento se movilizó todo el bloque y se tejió una red de solidaridad y empezamos a buscar a aquellos familiares que podrían estar comprometidos porque militaban de una u otra forma… Esto es solo un ejemplo, en definitiva, mi bloque era mi familia.

Eres hijo de una funcionaria de justicia y de un poeta y periodista. ¿Cómo fue tu infancia?

Mi madre, además de trabajar toda su vida en el Ministerio de Justicia como funcionaria, ha sido una eterna estudiante y mis inquietudes en parte son también su responsabilidad. De hecho, hace poco, jubilada, acabó su licenciatura de Historia y a día de hoy sigue estudiando. Mis padres se conocieron en el barrio de Palomeras cuando las calles eran de piedra y el retrete compartido. Construían las casas casi con sus propias manos, por la noche, para que la policía no las echara abajo y se las encontraran levantadas al día siguiente. Casi todos los logros del barrio son resultado del activismo, desde la parada de autobús hasta el centro de salud. Una vez leí que sabías que alguien vivía en Vallecas cuando llegaba al trabajo con los bajos del pantalón manchados de barro… Las cosas han cambiado en los últimos años, pero Vallecas hoy en día sigue teniendo ese carácter reivindicativo y de lucha.

¿Qué papel tenía la música en tu vida?

La inquietud literaria ha estado siempre presente en mi casa. De pequeño agarraba los versos que veía de las Ediciones Losada, de Pablo Neruda, Mario Benedetti o Blas de Otero, y jugaba con la música… Empecé a componer canciones a los 14 años, pero estudié música desde antes. Mi madre fue quien me compró mi primera guitarra y ella me llevaba a un centro cultural a estudiar piano y solfeo, por libre, porque no era una carrera reconocida por el conservatorio. Más adelante, monté una banda con unos amigos del barrio que se llamaba Delitos y faltas. Con ellos hacíamos versiones de cantautores a los que admirábamos y con los que habíamos crecido, como Sabina, Serrat, Silvio Rodríguez… y de vez en cuando me animaba a meter alguna canción mía.

¿Recuerdas tu primer concierto?

Claro, fue en el barrio, en un local del Partido Comunista reconvertido en un centro cultural. Allá se hacían representaciones de teatro, conciertos y asambleas vecinales…

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“Estudié astrofísica. Pero me gustaba más por las incertidumbres que por las certezas”

Aunque la música era tu sueño estudiaste Ciencias Físicas, una carrera aparentemente alejada del mundo del arte y la creación…

La verdad es que me apasionaba la astronomía y de hecho empecé la especialidad de astrofísica. Me gusta la parte de la ciencia que tiene que ver, no tanto con las certezas, sino con las incertidumbres; la física cuántica, los límites de la realidad… y supongo que también, la idea romántica de mirar las estrellas y ver más allá… Pero esto coincidió con el momento en el que salió mi primer disco y decidí abrazar mi sueño. En un principio empecé a dar conciertos e iba a clase. Iba y, bueno, simulaba que atendía…

¿Fue difícil dejarlo?

Me costó dejarlo porque la universidad no solo me formó académicamente, sino que me formó sentimentalmente, políticamente y en muchos otros aspectos. Me costó porque me gustaba lo que estudiaba y porque, además, era consciente de la dificultad que lleva implícita una carrera artística y musical, en la cual la precariedad está al orden del día: un día estás aquí y mañana no se sabe. La carrera musical es como ir en bicicleta, no puedes dejar de pedalear, porque si lo haces, te caes. Y esta sensación me ha acompañado hasta el día de hoy.

Joan Manel Serrat, Luis Eduardo Aute o Silvio Rodríguez son algunos de tus referentes. ¿Qué te han aportado?

Crecí con ellos. Son personalidades que comparten una forma, no solo de entender la música, sino del oficio: músicos que entienden la música como algo que se va construyendo con el tiempo y que no depende de un hit radiofónico, con una mirada a largo plazo. Yo sigo creyendo en eso, en que la coherencia y la lealtad hacia uno mismo son valores a cultivar. Y tienen recompensa. Al fin y al cabo, no puedes exigir lealtad a tu público si tu no eres fiel. De lo que quizás me arrepiento es de haber cargado con ciertos prejuicios cuando era joven: la juventud tiene una soberbia casi inherente a la edad. Ojalá me hubiera desprendido de esa circunspección, porque hubiera aprendido mucho antes todo lo que sé hoy. Pero, por otro lado, creo que este carácter me ha traído hasta aquí. Y, sobre todo, no sé hacerlo de otra forma. Soy así, o me amigo con ello o acabo en el frenopático…

Ahora que hablas de tus referentes y de su coherencia: Serrat y Sabina plantaron cara al régimen franquista; en cambio, hay quien los ha criticado recientemente por haber tomado una deriva más conservadora. En el caso de Sabina, participando, incluso, en una campaña por Ciudadanos…

La aportación de Serrat y Sabina a la cultura popular y al desarrollo democrático de este país es tan incuestionable que no desmerece por cosas con las que no podamos comulgar. Que yo alabe la coherencia de estos artistas no quiere decir que comulgue con todo lo que hacen. De hecho, no participamos de las mismas campañas ni de las mismas tradiciones políticas; Joan Manel Serrat es una persona que ha apoyado al partido socialista, al PSC, toda su vida. Y yo estoy más a la izquierda. [Risas]. Sí, hay cosas que me gustarán más y cosas que me gustarán menos, pero podrían estar perfectamente dedicándose a coleccionar sellos y ahí siguen, al pie del cañón, haciendo canciones maravillosas y dando conciertos para la alegría de todos sus seguidores. Una vez más, existe un sectarismo que señala y que te hace la cruz, haciendo una enmienda a la totalidad.

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“Con ‘Papá, cuéntame otra vez’ les reprochábamos a nuestros padres el fracaso del mundo en el que vivíamos”

Hablemos de “Papa, cuéntame otra vez”. ¿Cómo y cuándo la compusiste?

Mi primer disco vio la luz en el 97, probablemente esta canción la compusiéramos en el 95. La escribí junto con mi hermano Daniel, en un contexto en el que nosotros veíamos que todo el mundo se jactaba de haber estado en el mayo del 68 en París. Nos parecía absolutamente ridículo. Recuerdo que era un momento en el que el muro se derrumbó y los grandes dogmas se tambalearon. En el corazón de Europa había una guerra atroz de la que nos sentíamos responsables. En ese contexto, con “Papá, cuéntame otra vez” les reprochábamos a nuestros padres el fracaso del mundo en el que vivíamos. Habían construido un relato edulcorado omitiendo una parte de renuncia que, para nosotros, merecía ser contada. Éramos conscientes de que se había sido muy injusto con mucha gente que se había jugado el tipo en la lucha antifranquista. No se les había dado el reconocimiento que merecían, mientras otros habían tenido un reconocimiento inmerecido. Y, sobretodo, nadie hablaba de las renuncias que había conllevado la transición en cuanto a memoria.

El caso es que se convirtió casi en un himno. ¿Esperabas que tuviera esta repercusión?

Recuerdo claramente el día en que la canté por primera vez. Fue en la universidad, en un encierro, creo que contra la subida de las tasas universitarias. Yo en aquella época estaba estudiando, tocaba de vez en cuando en algún café, pero no me conocía nadie. Fue una sensación súper bonita. Había un chaval cantando canciones de Silvio en el hall y mis amigos me pidieron que cantara algo. Agarré la guitarra y la canté: “Papa, cuéntame otra vez”. Se hizo un silencio de la hostia y cuando acabé recibí una ovación espontánea. De ninguna manera pensábamos que iba a tener ese impacto…

“El cantautor detecta los déficits de un modelo que va a peor, y hace una llamada a la acción”

Mientras preparaba la entrevista con tu banda sonora de fondo, me daba la sensación que muchas letras podrían haber sido escritas hoy, ¿no crees?

Sí, quizás es porque el cantautor detecta los déficits de un modelo democrático que va a ir a peor si no se atiende. Por eso siempre hay una llamada a la acción, una llamada a cambiar las cosas y el mundo. Y puede que no se nos haya hecho tanto caso como se debía. Sí, suena un poco soberbio y a mi la soberbia me repatea bastante, pero creo que los cantautores siempre han tenido la sensibilidad de detectar lo que está fallando, una habilidad profética de la posible distopía, de que el problema se recrudezca…

Y, bien, ¿cómo ves la canción de autor, actualmente?

Creo que goza de buena salud, porque existen nuevos cantautores. Y cantautoras, sobretodo. Mujeres que están construyendo el relato. La canción de autor hace la crónica social y sentimental del mundo en el que nos ha tocado vivir y de nuestra propia generación. Y, a día de hoy, existen mujeres cantautoras que están escribiendo el relato que tiene que ver con el feminismo, con el empoderamiento de la mujer. No siempre explícitamente político, pero sí poniendo en el centro los problemas con otra mirada, hasta cuando se le habla al amor. Rehuyendo de esa toxicidad propia del ideal romántico que los cantautores y músicos hemos cultivado tradicionalmente.

En cambio, las principales plataformas de difusión reman en otro sentido…

Aquí está el problema, que pese a que la salud de la canción de autor es buena, los canales de difusión nos juegan en contra. Muchas veces me pregunto hasta qué punto los algoritmos de las redes sociales y, sobretodo, de YouTube, no están determinando también nuestra forma de componer. Hasta qué punto se penaliza que uno, por ejemplo, se exprese políticamente en una canción. O que ciertas propuestas se vean castigadas por cuestiones formales, porque decides hacer una canción más larga, por ejemplo. Actualmente no existen canciones sino memes musicales. Las redes encapsulan cada vez más el mensaje y los cantautores, lejos de encapsularlo, tratamos de reflexionar en profundidad.

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“No es casualidad que en nuestro imaginario los referentes musicales sean casi todos masculinos”

Alguna vez te he escuchado decir que la canción de autor ha tenido un exceso de testosterona…

La música en general ha tenido demasiada testosterona e, incluso, la canción de autor, a la que se le presupone cierta sensibilidad… Hace poco veía un festival de canción de autor en el que 70% u 80% de los músicos eran hombres. Eso no se corresponde con la realidad, menos a día de hoy, cuando hay una eclosión de voces femeninas que tienen que estar en los escenarios. No es casualidad que, en nuestro imaginario existan referentes mayoritariamente masculinos. Hemos cultivado un ideal romántico casi tóxico.

Eres padre de una niña. ¿Cómo vives la paternidad?

Con el nacimiento de mi hija empecé a escribir sobre las mismas cosas, pero desde otro lugar. Ha sido sumamente inspiradora porque ha renovado mi mirada. Empiezas a verlo todo a través de los ojos de tus hijos, incluso, en algo tan elemental como ver el mar. Rescatas esa sensación de las primeras veces. La capacidad de escribir música no responde a un don, responde a un déficit, y es que no sabemos lidiar con la pérdida, la soledad, no sabemos renunciar. Por eso nos subimos a un escenario, porque queremos ese protagonismo. Y, gracias a la paternidad he dejado de estar en el centro. Me ha hecho ser más flexible, tolerante, reafirmarme en mis convicciones y también han aflorado miedos. Al fin y al cabo, componer es, también, una forma de combatir el miedo.

Vivimos en un sistema patriarcal y capitalista. ¿Cómo afrontas el reto de la educación en este contexto?

Yo soy hijo de una educación patriarcal y probablemente las mujeres con las que convivo lo padezcan de una u otra forma. Trato de revisarme para evitar transmitir valores con los que he crecido y que están adheridos a mi educación y a mi forma de estar en el mundo. Es evidente que la vida es un reto y, ojalá cambien mucho las cosas, pero para las mujeres lo es todavía más.

Dices que el relato es muy importante para ti. A veces, da la sensación que los cantautores emergentes hablan más de lo individual que de lo colectivo, ¿no crees?

Somos hijos de nuestro tiempo y vivimos en un modelo social que ha impuesto la atomización de la sociedad. Aquello que nos decían de que internet iba a generar espacios de comunicación y vínculo, ha demostrado ser un bulo, una estafa. Tenemos comunidades cada vez más cerradas, con sesgos de confirmación firmes donde te rodeas de nichos herméticos. Para mí la música, más que para cambiar el mundo, sirve para crear espacios de encuentro y darte cuenta que no estás solo. Cuando descubres que no estás solo, consigues entender tu capacidad para cambiar las cosas. Hay un ejercicio de desactivación desde la industria musical hasta el modelo de consumo, donde lo que se incentiva es el individualismo.

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“Posicionarse políticamente tiene un coste, se castiga. Vivimos en un país muy sectario”

El 15-M fue un punto de inflexión en este sentido. ¿Qué ha pasado después?

Gracias al 15-M muchos grupos que no hablaban de política, de repente empezaron a hacerlo. Pero ahora el péndulo está yendo al otro lado de manera vertiginosa y se está perdiendo esa batalla cultural: la gente tiene una sensación de exceso de hiperpolitización. Además, creo que el objetivo de la estrategia de polarización es ese, que la gente de la calle, el ciudadano medio, se aleje de la política para que la política quede en manos de unos pocos. Y el mensaje de la anti-política es sumamente peligroso. Está claro que posicionarse políticamente tiene un coste, se castiga.

¿Hasta qué punto consideras necesario que las personalidades públicas se posicionen más públicamente?

Considero que debería normalizarse que todo el mundo asumiera su responsabilidad de participar en política. Pero vivimos en un país muy sectario en el que, efectivamente, se castiga o se premia en función de tu ideología. Y el caso de la música y de la contratación de la institución pública es claro: aquí se ven las filias i las fobias de cada partido, de izquierdas y de derechas. Lo peor es que la polarización y el sectarismo van a más…

A través de tus canciones, y, al margen de ellas también, hablas sin tapujos. En las elecciones del 4 de mayo compusiste ‘Un nuevo futuro’ para la candidatura de Pablo Iglesias. ¿En algún momento dudaste sobre posicionarte de esta manera?

Dudo muchas veces, pero en este caso en concreto, no. Me pareció urgente y necesario participar de manera activa en un contexto tan importante.

“Hay una campaña dirigida para disuadir a las personas que se expresan políticamente de izquierdas”


¿Cuándo dudas?

Cuando el coste político cada vez es mayor: los ataques son más virulentos y hay una campaña dirigida y programada para disuadir a las personas que se expresan políticamente de una determinada manera. Pero, por otra parte, es lo que soy. A nadie le puede sorprender que yo hiciera campaña por Podemos. Siempre he hecho campaña por Izquierda Unida, siempre he estado en ese lugar y probablemente lo siga estando. Quizás algún día me caigo del caballo, cosa que dudo… A veces la política no está a la altura de las circunstancias: uno puede tener la sensación de que solo se acuden al músico cuando se le necesita políticamente y no tanto cuando se trata de desarrollar políticas culturales que ayuden al desarrollo de la cultura del país. Pero en ese caso en concreto lo tuve claro.

La victoria aplastante de Ayuso fue un golpe bajo para la izquierda. ¿Cómo lo viviste?

Con tristeza, evidentemente. Pero, bueno, soy un tipo acostumbrado a la derrota política. Rara vez celebro victorias y siempre he estado en el lado del vencido… Lo más importante es hacer una lectura de lo que sucedió.

¿En qué crees que fallaron las izquierdas?

Es muy difícil hacer lecturas en un contexto de crisis sanitaria mundial que lo distorsiona todo. Casi todos los gobiernos, independientemente de cual fuera su gestión, están siendo castigados. Es aquello de “¿por qué Churchill perdió las elecciones después de haber ganado la guerra?”. Pues porque la gente está deseosa de pasar de etapa, supongo, y ella prometía eso. La gente tenía la sensación de que la izquierda era ese papá que te regaña constantemente porque no cumples con lo que corresponde.

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“La primera vez que toqué en Barcelona vinieron 20 personas. Desde entonces en Catalunya he hecho algunos de los conciertos más emocionantes”

Antes de acabar, ¿cuál es tu vínculo con Catalunya?

Muchos de mis conciertos más emocionantes los he vivido en Catalunya y tengo un vínculo que se ha ido fortaleciendo con el tiempo. La primera vez que toqué en Barcelona vinieron veinte personas, la siguiente tocamos en una sala que se llama Tarantos y la tercera en el teatro Llantiol, donde cabían cien personas. Más adelante nos atrevimos e hicimos el Apolo… y, después vinieron el Palau, el Liceu i el Grec, todos ellos sitios maravillosos. Me siento en deuda con un público que ha sido siempre muy generoso conmigo.


¿Cómo viviste la encarcelación de los líderes independentistas?

Me pareció totalmente desproporcionada y así lo han constatado juristas y expertos en derecho internacional. Independientemente de lo que piense yo sobre la independencia, que eso es lo de menos, me preocupa la injusticia que supuso que gente que no había ejercido la violencia de ninguna forma estuviera en la cárcel. Sobre todo cuando se trata de activistas que pertenecen a la sociedad civil, que ni siquiera eran representantes políticos. Fue indignante, porque esa deriva, lejos de resolver el conflicto, lo tensó más. Que, por otra parte, era la voluntad política de quienes habían propiciado todo esto…

¿Consideras que existe un sector del independentismo que ignora el Madrid de izquierdas, antifascista y feminista que reivindicas?

Creo que hay una tendencia de caricaturización y simplificación del problema. Sí, claro, a un lado y al otro existe este interés incluso de deshumanización. Es un problema complejo que requiere de otra mirada. Rehuir de esos discursos generalistas que tratan de enfrentar a la gente de manera absolutamente irracional y en busca de un interés político.

Ahora sí, acabamos hablando de música. Ahora arrancas nueva gira. ¿Cómo la encaras?

La verdad es que cuando empezamos a plantear la gira pensábamos que íbamos a estar en otro estado. Tenía pensada una gira de gran celebración con toda la banda, pero vamos caminando con pies de plomo. Hemos tenido que retrasar algunos conciertos porque así nos lo han aconsejado algunos teatros. El aforo es limitado y no podemos ir en las condiciones que deseamos. Pero al menos iremos con formato trío, con una puesta en escena. Me siento un animal de teatro. Voy con mucha ilusión porque me gusta darle un carácter teatral, escribir casi un guion. ¡Con muchas ganas de regresar!

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