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Opinió
Jose Mansilla

Jose Mansilla

Doctor en Antropologia Social i membre de l'Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)

La formación de la clase obrera en el turismo

En el contexto actual de cambio climático, es urgente establecer alianzas entre las clases subordinadas mayoritarias para exigir políticas, planes y estrategias de diversificación y decrecimiento

25/03/2024 | 06:00

Turistas en la Rambla de Barcelona / IVAN GIMÉNEZ

La reciente celebración del X Foro de Innovación Turística, organizado por el Grupo HOTUSA en Madrid, contó con la participación del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. El alto funcionario reclamó al gobierno español la necesidad de articular medidas que posibiliten el cobro de la prestación por desempleo con el trabajo, por ejemplo, en el turismo, en un intento de forzar la vuelta de los trabajadores a un sector caracterizado por la precariedad y los bajos salarios.

La reciente aprobación, por parte de la Generalitat de Catalunya, de una serie medidas para luchar contra la actual situación de sequía también ha afectado al turismo, aunque de forma particular. El Govern no ha establecido restricciones específicas para esta actividad, entre otras cosas, porque no cuenta con información suficiente para saber lo que está pasando en ella. Las estadísticas oficiales no separan su consumo del resto de la red doméstica, por lo que la Agència Catalana de l’Aigua ha optado por dejar en manos de los ayuntamientos su control. Sin embargo, esto no ha ocurrido en medio de un vacío económico o político. Aunque inicialmente no era posible llenar total o parcialmente las piscinas con agua de mar, después de la correspondiente acción lobbística y la polémica suscitada al respecto, ahora será posible hacerlo, siempre que se llenen sin conexión a las redes de abastecimiento ni saneamiento.

El sector turístico empresarial tiene poder para condicionar e incluso proponer las políticas públicas en torno al turismo

El carácter del turismo como hecho social total lo lleva a establecer y tejer vínculos con un gran número de aspectos que afectan a las necesidades cotidianas y más básicas de la población donde se establece de manera masiva y descontrolada. Es el caso del acceso a la vivienda. La Generalitat de Catalunya, de nuevo, aprobó un decreto-ley en noviembre de 2023 con el objetivo de regular los apartamentos o viviendas destinadas a uso turístico para un total de 262 localidades del territorio. Estos municipios, donde se había detectado problemas habitacionales, verían limitado el número de licencias para este tipo de equipamiento turístico en una proporción de 10 por cada 100 habitantes, teniendo la necesidad de renovar el permiso cada cinco años. Sin embargo, la patronal de pisos turísticos ya ha manifestado que no está de acuerdo con estas disposiciones, y el PSC avanzó que se habrían tenido que modificar y flexibilizar estas limitaciones si el Govern, en manos d’ERC, hubiese querido convalidar el decreto-ley en el Parlament.

Son estos solo tres ejemplos del poder con el que cuenta el sector turístico empresarial organizado en sus diferentes patronales y organizaciones para condicionar, modificar o, incluso, proponer las políticas públicas llevadas a cabo por las administraciones en torno al turismo.

El título del presente texto no está dispuesto al azar. En 1963, E. P. Thompson publicó la obra La formación de la clase obrera en Inglaterra. En esta obra, el historiador marxista propuso su ya conocida tesis de que las clases sociales no son sino el producto de la lucha, del conflicto y la confrontación en torno a diversos intereses de tipo material. Su existencia no parte de una estructura dada, un sistema de clasificación ex ante, mediante el cual se disponen los diferentes individuos desde su nacimiento, sino por su posición en el sistema social y económico que supone, en este caso, el capitalismo y por la búsqueda de solidaridades distintas entre los y las afectadas por el ejercicio del poder y el control cuasi-monopólico de los medios de producción en manos de los capitalistas. Bajo las formas actuales del sistema capitalista, el neoliberalismo, este control se ve ampliado más allá de las paredes de las fábricas y las empresas; todo el territorio ha devenido objeto de explotación, alcanzando ámbitos, como el de la reproducción social (sanidad, educación, calles y plazas, vivienda, etc.) que anteriormente habían quedado parcialmente resguardados. Esto es aún más evidente cuando hablamos de turismo.

La expansión orgánica-espacial del turismo nos convierte a todos en parte de una clase obrera que incluye también a los trabajadores del sector

En el actual contexto de crecimiento acelerado de la actividad turística, España recibió en 2023 85,1 millones de visitantes, un 1,9% más que durante 2019, el año inmediatamente anterior a la pandemia, mientras que Catalunya lo hizo en una cuantía cercana a los 18 millones, todavía algo por debajo de la fecha anterior. Las ingentes posibilidades de beneficio, algo que conlleva su necesaria expansión orgánica-espacial y la atracción de una gran cantidad de mano de obra, nos convierte a todos y todas, vecinos y vecinas, trabajadores y trabajadoras, en parte de esa clase obrera autoconstituida de la que hablaba Thompson. Comenzando por los obreros turísticos, en el sentido clásico, que han comenzado algunas movilizaciones y huelgas, como las llevadas a cabo por los servicios de handling de Iberia, finalmente solventada, y alcanzado pactos relativos a incrementos salariales, como el recientemente alcanzado en el área de la hostelería de Málaga, hasta llegar a las movilizaciones relacionadas con las rebajas de las tasas a las terrazas en la ciudad de Barcelona, finalmente aprobada por el gobierno municipal de Jaume Collboni en colaboración con Junts, o las manifestaciones y concentraciones organizadas por la plataforma Stop Creuers solicitando al Port de Barcelona el freno de las obras de la séptima terminal de grandes barcos, principalmente cruceros, más relacionadas con el obrero turístico-espacial, suponen solo algunos ejemplos de esta conformación de clase que supone el desarrollo incesante de la actividad turística.

En el contexto actual de cambio climático, con unas previsiones altamente alarmantes de incremento de temperaturas, subida del nivel del agua del mar, escasez de precipitaciones y otros efectos añadidos, se presenta de forma urgente la necesidad, ya no de evidenciar la constitución de estas clases confrontadas en torno a la actividad turística, sino la de establecer alianzas entre las clases subordinadas mayoritarias, obreras y obreras-espaciales, en aras de exigir políticas, planes y estrategias de diversificación y decrecimiento ante un futuro en el que repensemos cómo modificar las condiciones de producción actual, no solo turísticas, en el planeta, antes de que el sector empresarial las piensen por nosotros.

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