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Opinió
Rafael Poch

Rafael Poch

Periodista i excorresponsal internacional 

La derrota de Trump en Irán

Estados Unidos ha perdido la partida en Irán: no tiene opción de salida que no parezca una derrota. Mientras tanto, ocho de las nueve potencias nucleares (todas menos China) están hoy directamente implicadas en guerras

19/05/2026 | 11:00

Un avión de combate de los Estados Unidos, en el portaaviones USS Tripoli, durante la operación militar 'Epic Fury' contra Irán el 6 de abril de 2026 / US MARINE CORPS vía ACN

En Irán estamos presenciando una derrota sin paliativos de Estados Unidos. Esto es algo que los estrategas y propagandistas imperiales comienzan a reconocer. El ideólogo neocón Robert Kagan mencionaba la semana pasada (en The Atlantic) que es “una derrota que no podrá repararse ni ignorarse. No habrá un regreso a la situación anterior a la guerra”, decía. En los últimos meses, el presidente Donald Trump ha fijado plazos para que Irán acepte sus condiciones en cinco ocasiones. Ha amenazado a Irán con la “Edad de piedra” y con “arrasar una civilización”, pero no le han hecho caso. “No está claro si, detrás de su bravuconería, Trump comprende realmente la limitada naturaleza de sus opciones militares”, decía el columnista del Financial Times Gideon Rachman, el pasado 21 de abril.

Lo de Irak también fue un desastre, pero lo de Irán es mucho peor. En Irak se venció militarmente y se derrocó al régimen, lo que inicialmente parecía una victoria, recuerden el “mission accomplished” (“misión cumplida”) proclamado por el iluso George W. Bush sobre la cubierta de un portaaviones antes de que se le incendiara aquella “victoria”. Pese a todo, las repercusiones internacionales de la catástrofe de Irak fueron limitadas. No hubo una crisis del petróleo, ni escasez de alimentos, ni interrupciones en las cadenas de suministro. Ahora, el cierre del estrecho de Ormuz provoca todo eso. Convierte a Irán en un actor mundial clave. Su régimen no ha caído sino que más bien parece que se ha fortalecido.

Irán coloca manifiestamente a Estados Unidos y a Israel en el papel de desestabilizadores mundiales. Sus aliados en el Golfo han descubierto que las bases y la protección norteamericana les convierten en objetivos militares. Constatan la impotencia de su protector ante la evidencia de que están a merced de la destrucción total de sus economías. Y parece que están reaccionando. Turki al-Faisal, un importante miembro de la familia real saudí que fue embajador en Estados Unidos e Inglaterra y dirigió los servicios de inteligencia saudíes, responsabiliza directamente a Israel de la guerra.

Los aliados de EE. UU. en el golfo Pérsico han descubierto que las bases y la protección norteamericana les convierten en objetivos militares

Según el exanalista de la CIA Larry C. Johnson, “los chinos y los rusos están trabajando entre bastidores —utilizando a Pakistán como testaferro— para erigir una nueva arquitectura de seguridad en el golfo Pérsico. El objetivo actual es convencer a Arabia Saudí y a Qatar de que rompan efectivamente sus lazos militares con EE. UU. y firmen un acuerdo estratégico que estará garantizado por Rusia y China. Si Arabia Saudí y Qatar se mantienen firmes en su prohibición de que los norteamericanos utilicen sus bases y su espacio aéreo para una nueva serie de ataques contra Irán, Trump podría verse obligado a cancelar los ataques previstos”. Habrá que ver lo que sucede.

Los aliados asiáticos de Washington (Japón, Corea del Sur, taiwaneses y filipinos) ven su suministro energético en peligro. Cae necesariamente entre ellos la confianza hacia Estados Unidos. Todo ello sube las acciones de Rusia y China, que llevan años proponiendo una nueva “arquitectura de seguridad colectiva” en el Golfo que sustituya al paraguas de defensa estadounidense, centrado en el cerco a Irán. En el fondo, es lo mismo que pasa en Europa: un cerco a Rusia, en lugar de la arquitectura de seguridad colectiva que se prometió a la URSS de Gorbachov y que Rusia ha venido reclamando durante treinta años desde entonces.

¿Qué hará Estados Unidos para salir de la guerra de Irán?

Si atacan con aún mayor fuerza, restando incluso más capacidades al frente ucraniano y trasladando al golfo Pérsico más fuerzas militares destacadas en la contención a China en Asia Oriental, lo más probable es que la respuesta de Irán sea aún más dañina para las economías del Golfo y la economía mundial.

Sin electricidad y agua, los países del Golfo son países muertos. En esos países, durante la mitad del año no se puede vivir sin aire acondicionado y, si se destruyen las plantas de desalinización, no hay recursos hídricos disponibles. Un cable de la CIA, fechado en Riad y divulgado en 2008 por Wikileaks, estimaba que en caso de destrucción por Irán de la planta desalinizadora que abastece de agua a la capital saudí (7 millones de habitantes, el 20% de la población total del reino), la ciudad “debería ser evacuada en una semana”.

Cualquier cosa que Estados Unidos haga contra Irán, Teherán la puede devolver con mayor efecto, porque tiene el control de la escalada

Irán también es un país muy seco, pero la situación climática e hídrica allí es muy diferente. Todavía ahora, en primavera, las fotos de Teherán permiten ver una cadena montañosa nevada detrás de la ciudad. Cualquier cosa que Estados Unidos haga contra Irán, Teherán la puede devolver con mayor efecto, porque tiene el control de la escalada.

El país ha sufrido mucho. Hasta el 8 de abril, registraba 3.540 muertos, de ellos 1.616 civiles y 244 niños, con trescientas instalaciones sanitarias dañadas solo en Teherán, 760 escuelas y 46.000 edificios. Pero, según estimaciones de la CIA, conserva un gran stock de misiles, así como la capacidad de producirlos y lanzarlos desde instalaciones subterráneas. Las derrotas de Estados Unidos en Vietnam y Afganistán no tuvieron las consecuencias que tendrá la derrota en Irán. Porque el contexto mundial ha cambiado.

En los últimos 35 años, hemos presenciado una sucesión de guerras continuas, todas ellas cosechando desastres con una factura humana monstruosa y bien conocida. Ahí están las cifras del estudio Cost of Wars de la Universidad Brown de Estados Unidos, particularmente recomendable.

El motivo fundamental de esos desastres fue la creencia de Washington de que, concluida la Guerra Fría, su mundo bipolar y la autodisolución de la URSS, Estados Unidos era la única superpotencia. Por lo tanto, podía dictar su voluntad e ignorar los intereses de los demás. Eso les llevó a cometer un error detrás de otro. En los últimos cuatro años esto se ha acelerado y evidenciado con tres errores de cálculo.

Donald Trump, durante la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en junio de 2025 / ALBERT CADANET – ACN

¿Qué errores de cálculo ha cometido la geopolítica de Trump?

El primero fue el de Rusia. Se creía que, provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro. El segundo fue creer que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas contra China doblegarían a Pekín. El tercero es lo que estamos viendo ahora con Irán.

El multilateralismo ya es una realidad que no se puede soslayar y es incompatible con el hegemonismo de Washington

Estos tres errores están unidos por la misma voluntad de contener e impedir militarmente la emergencia de un mundo multipolar, es decir, basado en la interacción de las potencias y el multilateralismo, que ya es una realidad que no se puede soslayar y que es incompatible con el hegemonismo. Como dice el especialista en Irán Trita Parsi, “el peligro para Estados Unidos es continuar manteniendo una estrategia diseñada para un mundo que ya no existe”.

Rusia, China e Irán no son aliados, pero están unidos por el vector de la integración euroasiática. Son eslabones de una misma cadena con motor chino, que cambia por completo la correlación de fuerzas mundial y que acabará dando lugar a un nuevo sistema de gobernanza internacional. Y eso, en Occidente, se vive como una amenaza, cuando lo único que exige es una adaptación que reconozca la nueva realidad de que el hegemonismo ya no funciona. En esto hay cierta analogía con el fin de los imperios coloniales europeos tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo había cambiado, el colonialismo ya no funcionaba, pero, hasta que las metrópolis coloniales se dieron cuenta y pusieron en marcha una nueva estrategia conjunta de dominio, que acabó concretándose en la Unión Europea, se derramó mucha sangre.

Ahora estamos en algo parecido, con la diferencia de que la presión del cambio global del capitalismo antropocéntrico no nos deja mucho tiempo para evitar un desastre planetario y que la situación de la capacidad de destrucción masiva y sus riesgos ha aumentado considerablemente.

¿Habrá una guerra nuclear?

Ocho de las nueve potencias nucleares (todas menos China) están hoy directamente implicadas en guerras o son partícipes en tensiones militares. Israel contra Irán, que es un estado cuasi nuclear. Estados Unidos contra Rusia en Ucrania, y contra Irán. Rusia con Ucrania y con la OTAN. Corea del Norte, ayudando con tropas a Rusia y combatiendo en la región de Kursk el año pasado. India en tensión con incidentes militares con Pakistán, recientemente. Pakistán, con India y con Afganistán. Francia e Inglaterra, contra Rusia vía el proxy ucraniano y con Irán, colaborando en la defensa de Israel y su genocidio.

Comparado con esto, la Guerra Fría era un juego de niños; este año, la guerra podría extenderse en Europa y no se mueve nadie…

Comparada con esto, la situación de la Guerra Fría era un juego de niños. Ahora los peligros se han multiplicado. En los ochenta los euromisiles sacaron a los europeos a la calle. Hoy a los alemanes, y a los europeos en general, se les está llevando de la oreja a la guerra. Este año, la guerra podría extenderse en Europa y no se mueve nadie… Que Estados Unidos esté perdiendo la partida en Irán no es una mala noticia, pero en absoluto suscita tranquilidad.

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