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Entrevistes

Juan Diego Botto “Milei no es un fenómeno aislado; la extrema derecha avanza en todo el mundo”

Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) es cine, series, teatro, es Lorca; pero, sobre todo, es memoria. Nació en la capital argentina en 1975, y su padre, el también actor Diego Botto, fue uno de los 30.000 desaparecidos durante la última dictadura militar en aquel país sudamericano. La misma Argentina que acaba de elegir como presidente al ultraderechista Javier Milei, quien ha prometido suprimir doce ministerios, privatizar la petrolera YPF, la energética Enarsa y los medios de comunicación públicos, liberalizar los precios y ejercer mano dura contra las protestas sociales. En lugar de llamar “dictadura” a la dictadura, Milei habla de una “guerra” en la que se produjeron “excesos” para describir lo sucedido en los años setenta. Pero, según el actor, director y dramaturgo, “la respuesta en la calle va a ser contundente”, porque Argentina “es vanguardia mundial en la lucha por la memoria y la justicia”.

11/12/2023 | 06:00

En cierto modo, todo lo que has escrito tiene que ver con la memoria. ¿Hasta qué punto la memoria y tu historia de vida te han marcado en lo que eres hoy?

Todos estamos marcados por nuestro recorrido vital y por el recorrido vital de nuestros padres, y mi historia no es distinta. Quizá partir de un exilio, cambiar de país de manera forzada y tener tan lejos mis antecedentes (tan lejos físicamente, no temporalmente) ha hecho que la búsqueda de la memoria sea un trabajo importante para mí. Como también lo es para colectivos militantes en los que he participado, como HIJOS [Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio], que agrupa a los hijos de los desaparecidos y desaparecidas de la última dictadura militar argentina. En HIJOS se llegó a la conclusión de que en la memoria reside nuestra identidad, y parece un eslogan, pero hay un trabajo muy complejo detrás. Sin recoger todos los pasos dados por nuestros padres sería muy difícil explicarnos. De la misma manera que funciona individualmente funciona colectivamente. Es imposible entender España sin entender el franquismo, de la misma manera que es imposible entender Argentina sin entender la última dictadura militar o el peronismo.

“El triunfo de Milei en Argentina no significa que la gente sea idiota”

Entonces, ¿cómo se entiende el triunfo de un candidato como Javier Milei en las elecciones argentinas, con una diferencia histórica de 3 millones de votos —12 puntos— respecto a su oponente, el peronista Sergio Massa? Un personaje ultraneoliberal, que ha prometido acabar con las políticas sociales en un país con más de un 40% de la población en la pobreza, y que además justifica la última dictadura.

El fenómeno Milei no es un fenómeno aislado y que sucede única y exclusivamente en Argentina, sino que se da en un contexto de un avance brutal y global de la extrema derecha. La cuestión es por qué se da, y por qué sectores financieros o industriales, que antes consideraban que estas opciones políticas no eran aceptables, ahora sí las consideran viables. Yo tengo una hipótesis: el mundo de después de la Segunda Guerra Mundial, alumbrado a la luz de la Guerra Fría y con un bloque comunista muy fuerte, fue un mundo que se fragua poniendo en el centro los derechos humanos y con un capitalismo muy regulado y controlado. Sin embargo, ahora, ese mundo ya no interesa a ciertos sectores de las élites, que prefieren un sistema mucho más desregulado, porque no hay un comunismo al que tranquilizar, de modo que se puede permitir el lujo de construir un capitalismo del siglo XIX. Y eso es lo que postulan estos nuevos salvajismos como el trumpismo, como Bolsonaro, Milei o Kast en Chile, y también en Europa, ya tenemos la extrema derecha en Italia y es cuestión de tiempo que gane en Francia. 

¿Pero cómo se explica que lo voten sectores populares que se benefician de las políticas sociales que él quiere eliminar? 

El triunfo de Milei en Argentina no significa que la gente sea idiota. Argentina vive una crisis económica brutal desde los últimos cuatro años y está claro que el anterior gobierno, el del peronista Alberto Fernández, ha sido deficiente. La pandemia fue un golpe para Argentina y se ha gestionado mal la economía desde entonces. Y cuando las promesas de un gobierno de izquierdas apoyado por las clases trabajadoras no se materializan, el desencanto es siempre doble. Además, hay una generación de gente joven que ha crecido situando en la élite política al peronismo, que sería más o menos el equivalente a lo que nosotros entendemos en Europa por el bloque de centro-izquierda. No es un dato menor que el candidato que presentó el peronismo era el ministro de economía, un ministro que había llevado al país a un 140% de inflación anual, y es muy difícil ganar en esas condiciones. Y creo que es la crisis económica, junto con toda una serie de medios que permitieron que mensajes que hace una década estaban vetados empezaran a cuajar, lo que ha hecho posible ese porcentaje espectacular a favor de Milei. También hay que tener en cuenta que la decisión final se basó en un balotaje, es decir, que se votó entre los dos candidatos más votados en una primera vuelta que había ganado el peronista Sergio Massa. Y es ahí cuando al voto de Milei se sumó el voto de la derecha convencional, y entre las dos derechas ganan. La derecha tradicional argentina, lejos de hacer un cordón sanitario entre demócratas, se alía con la extrema derecha, cosa que también estamos viendo en España con el PP y Vox. Eso antes no pasaba.

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“La derecha tradicional argentina se ha aliado con la extrema derecha, como han hecho el PP y Vox. Eso antes no pasaba”

Algunos analistas culpan de la derrota del peronismo en Argentina, así como de la izquierda en general en Europa, al éxito de la nueva extrema derecha o derecha populista en las “guerras culturales”. ¿Hasta qué punto el triunfo de Milei lo es también en el ámbito cultural? 

Para desregular el mercado de órganos, no sirve decir “vosotros, pobres de mierda, vended vuestros órganos para conseguir dinero”. Se consigue diciendo: “el kirchnerismo ha amarrado nuestra libertad y tenemos el derecho a ser libres”. Para conseguir cargarte todos los subsidios en un país que vive de subsidios, en un país con un 30% de pobres, tienes que atacar los elementos simbólicos de tu enemigo, y digo “enemigo” porque ellos lo dicen así claramente. Y para conseguir que ese discurso cale, tienes que destrozar los pilares fundamentales en que se han asentado las políticas estos últimos años, como el tema de los derechos humanos. Lo que más me ha dolido de lo sucedido en Argentina no es que un tipo inestable y filofascista asuma la presidencia de la nación, sino que viene de la mano de Victoria Villarruel, una mujer defensora de represores y genocidas, que reivindica la figura de los militares de la última dictadura, que los considera personas honorables, y a todos los que lucharon contra la dictadura, los llama “terroristas”. Y esto en un país como Argentina, que es vanguardia mundial en la lucha por la memoria y la justicia contra los militares.

¿Podríamos decir lo mismo de España? Que la principal guerra es en el ámbito de lo simbólico y la cultura…

En España sucede lo mismo: las batallas se dan fundamentalmente en el ámbito cultural. Para conseguir entrar en ese imaginario simbólico de la gente y poder abaratar su despido, tienes que ganar la guerra cultural, que es en realidad lo que mueve las pasiones. Las cuestiones identitarias y culturales mueven pasiones, me refiero al aborto, al divorcio, a la cuestión de género, a tu pertenencia identitaria a tu región o a tu nación. Es ahí donde se hace la política realmente, y eso la gente de Vox lo tiene muy claro. Lo que está debajo siempre se ancla a cuestiones económicas, pero la batalla no se da ahí. No recuerdo grandes manifestaciones por cuestiones económicas. Y ahí los medios de comunicación tienen una responsabilidad enorme. Para mí, el principal actor político, hoy en día, no son los políticos, son los medios de comunicación. La gente no milita en los partidos políticos, la gente milita en los medios. La gente es de la COPE, la gente es de El País o es de la SER. La gente es de La Base o de CRÍTIC.

“La respuesta al Gobierno de Milei será contundente en la calle y él lo sabe: ha dejado cuatro ministerios represivos”

Volviendo a Argentina, la mano derecha de Milei, Victoria Villarruel, anunció en su momento que terminarán con los juicios por delitos de lesa humanidad, convertirán el Museo de la Memoria, que ocupa el que fue el mayor centro de detención y torturas de la dictadura, la Esma, en una escuela “para disfrute de todos”, y que depurarán el programa de pensiones que reciben las víctimas. Con un tejido social tan potente por los derechos humanos, con las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas al frente, y con los avances en este frente durante el kirchnerismo, ¿cómo esperas que reaccione este movimiento? 

Espero, y tengo la sensación a partir de lo que hablo con mis amigos y amigas en Argentina, que la respuesta en la calle va a ser contundente. De hecho, cuando Milei hace su organigrama de gobierno, deja cuatro ministerios económicos y cuatro ministerios represivos. O sea, él cuenta con que la respuesta en la calle va a ser importante en Argentina, un país enormemente politizado. Y luego tiene, como decía Mujica [expresidente de Uruguay y referente de las izquierdas latinoamericanas], ese animal mitológico que es el peronismo, que es capaz de movilizar masivamente a la gente. Tradicionalmente, en Argentina la calle es peronista. Y eso se va a notar, sumado a todos los movimientos de izquierdas y a los organismos de derechos humanos. De hecho, ya se está notando esta respuesta. Tú sabes que las Madres de Plaza de Mayo cada jueves van a dar vueltas a la Plaza de Mayo recordando a sus hijos desaparecidos, y el primer jueves después de las elecciones, eso fue multitudinario. Fue emocionante. Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, y Taty Almeida, presidenta de las Madres Línea Fundadora, decían lo mismo: “Con todos los gobiernos hemos seguido demandando justicia y este no va a ser una excepción”. Ellas no se van a cansar. Y estoy convencido de que una inmensa parte de la población argentina las va a acompañar. 

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“El feminismo es el campo de batalla del siglo XXI”

Argentina ha sido referente en recuperación de la memoria y lucha por los derechos humanos, pero también en los últimos años ha sido referente para el movimiento feminista y la lucha por el derecho del aborto. Milei se ha posicionado en contra de la ley que despenalizó el aborto, aprobada en Argentina en diciembre del 2020, y amenaza con un plebiscito para abrir la posibilidad de eliminar la ley. ¿Se espera que el movimiento feminista también vuelva a tomar las calles con fuerza? 

El feminismo es el campo de batalla del siglo XXI. Es el único movimiento que ha emergido con potencia en este principio del siglo y que ahora mismo está en la vanguardia, política y organizativamente, y creo que la batalla en Argentina va a ser jodida. Ya fue muy difícil que se aprobara esa ley del aborto, y ahora la cosa va a ser más complicada, porque se va a intentar retroceder en derechos, porque lo que tiene que ver con los cuerpos de las mujeres es uno de los escenarios favoritos de la derecha tradicional, y aquí se apunta la extrema derecha. Además, tiene el valor simbólico de que cualquier victoria en ese ámbito es una victoria al fantasma que ellos llaman woke, que es como el nuevo demonio del siglo XXI: todo lo que tiene que ver con feminismo, los derechos LGTBI, los ecologistas, tanto en Argentina como en el mundo entero. Hay tres elementos favoritos de las derechas en todo el mundo: el odio a los migrantes, el chovinismo y la exaltación de la nación, y el odio a las mujeres. 

“El fenómeno de Ayuso solo se explica porque las barbaridades y mentiras que dice son jaleadas por algunos medios de comunicación”

Cuando se supo el resultado de las elecciones argentinas, todos los líderes de extrema derecha en el mundo salieron a felicitar a Milei. Pero también le felicitaron desde el PP, Feijóo y Díaz Ayuso, quien además había expresado anteriormente que “nada sería más deseable que el cambio político en Argentina”. ¿Cómo se puede entender la consolidación de un personaje como Ayuso al frente de la Comunidad de Madrid?

El fenómeno Ayuso solo se explica porque las barbaridades y mentiras que dice son jaleadas por algunos medios de comunicación. Como lo de las residencias: da igual que esté publicado en el Boletín Oficial del Estado, que ella era responsable de las residencias durante la pandemia, da igual que su consejero de Sanidad dimitiera por negarse a aplicar una orden de restricción de personas mayores de residencias públicas a hospitales, porque consideraba que eso era un crimen. Estoy seguro de que si haces un sondeo en España, la inmensa mayoría de los españoles te dirán que el responsable de las residencias era Pablo Iglesias. Las mentiras enormemente difundidas por los medios de comunicación son las que luego recuerda la gente. Ayuso, sin gente que le lave la cara al día siguiente, no sería el fenómeno que es. 

Mientras en Argentina se ha encerrado en la cárcel a genocidas y se ha hecho todo un trabajo para recuperar la memoria de los desaparecidos, en España sigue siendo un tema pendiente. ¿Qué papel continúa teniendo la memoria del franquismo y de la Guerra Civil en la política española?

La memoria histórica sigue siendo en España un tema nodular en cuanto a las identidades políticas de cada uno. Cuenta la leyenda que una política madrileña, en un off the record con periodistas, hablando de Zapatero dijo: “Bueno, si siguen con esto, ganamos otra guerra y se acabó”. Y eso está en el corazón de la derecha española: “Este cortijo es nuestro porque ganamos la guerra y de vez en cuando hay una gente que ostenta el poder ilegítimamente”. Ganaron la guerra y no se ha hecho ningún trabajo después de 40 años de adoctrinamiento en escuelas, de eliminar físicamente a personas que pensaban distinto, de expulsar a los maestros y las maestras de los colegios. Aquí, en España, hubo campos de concentración y se torturó hasta poco antes de la democracia, pero casi no se sabe ya. Y esto además se suma al hecho de que, en los principales cargos, las estructuras siguen intactas. Los mismos que ayer estaban en el Tribunal de Orden Público, tres meses después eran jueces de la Audiencia Nacional. Se acostaban fascistas y se levantaban demócratas.

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“Es imposible entender España sin entender el franquismo, o Argentina sin entender la última dictadura militar o el peronismo”

Los desahucios han dejado de ser noticia porque se han cronificado. Tu película En los márgenes fue un paso para volver a ponerlos en la agenda, vinculándola con la lucha de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). ¿Ves alguna perspectiva de cambio?

En España, la vivienda es uno de los principales problemas a la hora de hablar de precariedad. Es un problema transversal entre la clase media y la clase trabajadora de este país, donde la inmensa mayoría del sueldo de una familia se va en su alquiler o en su hipoteca. Es muy difícil para la gente joven independizarse. Y luego, por debajo de esto, están los desahucios de gente precaria que, teniendo trabajo, porque la inmensa mayoría de los que sufren un desahucio tienen trabajo, no puede pagar un alquiler o la hipoteca. Y es un drama que sigue sucediendo a pesar de la ley de vivienda que se aprobó, que fue una mejora en algunos casos, pero muy insuficiente en las cuestiones principales. En el tema de la vivienda topas con parte de la estructura de capital fundamental de nuestro país. Pedro Sánchez, en su última visita a Estados Unidos, se reunió con fondos de inversión que tienen miles de pisos en España, y parece que tenga pánico a hacer una ley que provoque la huida de esos inversores inmobiliarios. ¡Pues que se vayan!

“Nos interesan más las películas sobre dramas humanos; esto castiga al cine más social, más político, que triunfaba antes”

En Europa hay un cine social muy potente, que conecta con las luchas o las injusticias, como las películas de Ken Loach en Gran Bretaña o de Robert Guédiguian en Francia. ¿En España falta cine social? ¿Habrá más por tu parte?

Por mi parte, seguramente sí, si consigo financiación para hacer más películas. El problema es que hay una moda mundial, que responde al momento en que estamos, más intimista, y nos interesan más películas sobre dramas humanos, sobre el dolor de lo íntimo. Estas son las películas premiadas en los festivales y que gustan a los críticos, y que también me gustan a mí, pero eso castiga al cine que triunfó en los setenta y principios de los ochenta, que era un cine más social, más político, que se fijaba más en lo colectivo y menos en lo individual. En España, además, no sé por qué, tenemos mucha dificultad en contar historias con nombres y apellidos. Es muy difícil que aquí tú vayas a una televisión y digas “quiero hacer una película sobre Isabel Díaz Ayuso y las residencias” y te digan “adelante, esto va a ser un éxito de taquilla”. Lo habitual es que te respondan: “¿no tienes un thriller?”, o “¿no tienes una comedia?”. Esto no pasa en los países anglosajones. Es habitual también recibir notas de una televisión que te pide que bajes un poco el tono político de la serie o la película. La verdad es que no sé muy bien a qué responde, pero el hecho es que hacemos menos cine político que Francia, Inglaterra o Estados Unidos. No quiero decir que hagamos mal cine. Pero hay una limitación en lo político.

Mientras te estrenabas en las salas como director de cine, también estabas inmerso en la gira de Una noche sin luna, un monólogo donde das vida a Federico García Lorca. ¿Hasta qué punto Lorca ha marcado tu trayectoria?

Lorca no fue un folclórico que tuvo la mala suerte de ser homosexual y por eso lo mataron, fue mucho más. Fue un tipo que firmó manifiestos a favor de que en Cataluña se pudiera hablar catalán. Fue un tipo que apoyó al Frente Popular en 1936, cuando muy poca gente tenía el coraje de apoyar, porque España ya estaba partida en dos. Fue un tipo enormemente comprometido y ese compromiso, además de su homosexualidad, además de su feminismo —porque también fue muy criticado por hacer un teatro de mujeres para mujeres—, fue lo que le granjeó el ser admirado por gran parte de la población y detestado por los golpistas. Por eso fue uno de los primeros muertos.

Recientemente, has dado vida a un profesor gruñón que sufre por tener que sacarse el carnet en la serie No me gusta conducir. ¿Cómo pasas de representar a Lorca en los teatros a ser Pablo, tu personaje en la serie de la plataforma HBO?

Fue un regalo, la verdad. Hacía mucho tiempo que quería trabajar con Borja Cobeaga, que es un excelente director de comedias. Él me propone esta historia cuando yo venía de hacer la obra de Lorca y de dirigir En los márgenes, y ya tenía mi ración de drama bien servido. El hecho de poder acercarme a una comedia en ese momento fue un regalo y en el rodaje nos reímos muchísimo. Borja es muy metódico, pero también muy optimista y alegre. Y encima es una serie que me ha traído un montón de alegrías, así que no puedo estar más agradecido. 

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“En Gaza se da un genocidio con la permisividad de Europa y de los Estados Unidos”

Concretamente, la serie te ha valido un previo Feroz y recientemente un Ondas. En la entrega de este último premio, denunciaste el genocidio en Gaza. ¿Qué más podéis hacer desde el mundo cultural para denunciar la masacre de Israel contra el pueblo palestino?

En Europa hay países donde mostrar una bandera palestina es casi delictivo, como puede ser Alemania. Es difícil hablar de este tema porque da la sensación de que faltan las palabras frente al bombardeo masivo de la Franja de Gaza. Hay que empezar por el principio, y explicar que Gaza es un territorio ocupado militarmente por Israel. Entonces, frente a los atentados de Hamás, lo que hay que hacer es detener a los responsables, en lugar de disparar indiscriminadamente a toda la población. Es como si ETA pone una bomba y el Gobierno español bombardea el País Vasco. Cuando se seleccionan hospitales y escuelas como objetivos válidos y el mundo lo permite, es difícil encontrar las palabras. Según un alto funcionario de Naciones Unidas, estamos asistiendo a un genocidio, pero además con la permisividad de Europa y de los Estados Unidos.

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