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Foto: IVAN GIMÉNEZ
Entrevistes

Clara Serra “Podemos es un partido patriarcal y de egos masculinos, como todos”

En un bar del Raval, justo antes de apagar la grabadora, la filósofa Clara Serra (Madrid, 1982) concluye: “Siempre se nos ha exigido ser santas y esto siempre ha sido una trampa para nosotras. Hay que realizar un feminismo también para las mujeres malas”. Ahora que ella ha dejado el hervidero de Madrid por la mediterránea Barcelona, donde investiga en género y feminismo en la Universidad de Barcelona, Clara Serra revisa sus inicios, cuando fue diputada y responsable de Igualdad de Podemos hasta 2017. A raíz de su experiencia en política, defiende un feminismo libre de moralismos castradores, desacomplejado y estratégico para hacerse con los hilos del poder.

23/11/2021 | 06:00

¿De dónde proviene Clara Serra?

Es una pregunta complicada. Provengo de la militancia feminista, de los movimientos sociales madrileños a favor de la universidad pública contra el Plan de Bolonia.

¿Y ha influido en tu interés por la política que tus padres sean periodistas?

Quizá, que en mi casa siempre haya interesado la política, ha hecho que la sintiera cercana. En mi familia existe una gran pluralidad ideológica y en absoluto estamos todos de acuerdo.

Eres de Madrid y ahora vives en Barcelona. ¿Cómo observas los movimientos sociales en ambas ciudades?

Me parece que en Barcelona existe una tradición más arraigada y estable, de cooperativismo con proyectos propios y autónomos dentro de la vida cotidiana de la ciudad, más independiente de los partidos políticos. En cambio, en Madrid, creo que todo se mueve más por olas, como el 15-M, que fue una movilización enorme. Sin embargo, salvo algunas pequeñas excepciones, hoy la vida de los movimientos sociales en Madrid está desértica. Estamos en un momento de bajísima movilización.

¿Y por qué?

Tiene múltiples causas, pero supongo que también ha influido que los que militábamos en distintos movimientos entramos en Podemos. En cierta medida la institucionalización del movimiento produjo un vacío que descapitalizó la lucha social, sobre todo en Madrid.

Algunos de estos militantes estáis viniendo a Barcelona.

Parece que existe una curiosa migración madrileña en Barcelona. Aparte de muchas otras cosas, para algunos algo tiene que ver el fracaso de las izquierdas madrileñas en la capital, que ha dejado un panorama triste.

Hablas de la institucionalización de Podemos. ¿Cómo lo contemplas ahora?

Podemos es hoy un partido relativamente pequeño, un socio minoritario con las manos atadas, sin fuerza en la calle para virar el gobierno hacia la izquierda. Se encuentra en una correlación de fuerzas negativa, y aunque se puede tener menos escaños y marcar el rumbo de muchas políticas, en determinada correlación de gran asimetría, puedes quedar vendido a un partido que al final capitaliza tus políticas.

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“Si Podemos sigue siendo una estructura centralista, jerárquica y madrileña, aunque haya mujeres, nada cambiará”

Como feminista y a raíz de tu experiencia en política, ¿dirías que Podemos es un partido patriarcal?

Sí, como todos. La política, si eres mujer, es un terreno hostil, porque las instituciones y los partidos están construidos con lógicas masculinas que facilitan el poder de los hombres. De hecho, excepto si tenemos una fuerza feminista potente por fuera de las instituciones que nos dote de poder dentro, considero ingenuo pensar que las mujeres podremos cambiar la política solas desde dentro. En Podemos ha habido un gran problema negativo de egos. No estoy diciendo que los egos sean sólo masculinos, pero todas las peleas, los melodramas y las figuras de gran liderazgo tienen mucha relación con el ego masculino. Aunque los liderazgos son necesarios en política, tienen una contrapartida enorme.

Sin embargo, ahora aparecen mujeres como Yolanda Díaz o Ione Belarra.

Es interesante, sí. Pero no estoy de acuerdo en que, porque los liderazgos sean femeninos, automáticamente sean mejores. Marine Le Pen también es una mujer y está al frente de un partido autoritario y vertical. No hay que idealizar lo femenino en política. Lo que debemos cambiar son las lógicas y las estructuras de los partidos para que exista un cambio.

¿Y qué te parece interesante de estos nuevos liderazgos femeninos?

La lógica de descentralización que se está produciendo con Yolanda Díaz, Mónica Oltra o Ada Colau, con una fuerza importante de los territorios de Cataluña, Valencia o Galicia, por ejemplo. Si Podemos sigue siendo una estructura centralista, jerárquica y madrileña, aunque haya mujeres, nada cambiará. Sin embargo, si Podemos se integra en un espacio político más amplio y confederal con lógicas más repartidas por todo el territorio, podemos transformar cosas.

Escribiste Leonas y zorras. Estrategias políticas feministas mientras estabas en política. ¿Qué conclusiones extraes?

Me di cuenta de que la política está hecha para los hombres y, además, de que el poder tiene una relación inevitable con la política. El poder está construido para que las mujeres no puedan acceder a él y por eso no tenemos las mismas condiciones unos y otras. En este sentido, el libro defiende la legitimidad del feminismo a ser estratégico, oponiéndose a la idea de que las feministas sólo nos podemos dedicar a pensar lo correcto y lo justo en el mundo, como si no pudiéramos enfocarnos en el aspecto estratégico de alcanzar el poder, siempre considerado un asunto masculino, de hombres.

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“Cuando una feminista habla en un medio de comunicación machista, es juzgada por haber traicionado su causa y sus principios”

Sobre conquistar o no con el poder, existe discrepancia dentro del feminismo.

Sí, algunas feministas afirman que no debemos disputar el poder, sino que debemos abolirlo. Pero para mí era evidente mientras estaba en Podemos que eso justamente era muy cómodo para los hombres que nos excluían de los espacios de poder. Yo me niego a aceptar ese puesto de penumbra, a ser la feminista de decoración y a cumplir dócilmente con el papel de la feminista florero del partido que tantos dirigentes esperan que cumplas. Por todo eso, intento responder por qué debemos pensar el feminismo en clave estratégica y de manera menos moral. Yo defiendo que las mujeres tienen que poder utilizar las propias herramientas del poder al menos tanto como los hombres, y que no por utilizarlas deben quedarse irremediablemente atrapadas en él.

De acuerdo. Pero ¿cómo combatir el poder con sus propias armas? ¿Eso no fortalece el patriarcado? Ponme un ejemplo.

Un partido político como Podemos que quiere impugnar los grandes poderes de este país, ¿puede utilizar los programas de gran audiencia de los gigantes mediáticos capitalistas? En Podemos dijimos que sí. Que podíamos y debíamos tratar de utilizar esas herramientas del poder.

La imagen más gráfica que recuerdo de lo que explicas son los debates de Pablo Iglesias en Intereconomía.

Sí. Ahora bien, él puede ir a “la casa del amo”, pero, en cambio, cuando una feminista hace lo mismo y utiliza medios del poder, somos muchos más exigentes con la pulcritud que las mujeres deben tener en política. Un hombre puede ir a cualquier medio de los monstruos mediáticos a hacer política o a los programas de la derecha más reaccionaria, pero, si una feminista habla en un medio de comunicación machista, ella será juzgada por haber traicionado su causa y sus principios. Es ahí donde radica el problema.

A ti muchas feministas te criticaron por salir en Interviú.

Sí. Y en ese momento era muy evidente que, mientras muchos hombres de izquierdas hacían entrevistas políticas en Interviú sin que eso implicara un gran problema, las mujeres no podían usar ese mismo espacio para hablar de feminismo, porque eso parecía ser más contradictorio. Ese doble rasero, esa especial exigencia de pureza con los medios que estamos legitimadas a usar, hace que las mujeres vayamos a hacer política con las manos atadas.

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Si los hombres se sienten más deseables siendo feministas, eso demuestra que el feminismo ha ganado

Esta exigencia de pureza, ¿no es la necesidad de un paraíso idílico que evita las contradicciones de un mundo manchado de poder?

Sí. De hecho, creo que por esa razón, el feminismo ha sido tan inaccesible, ya que hasta ahora se hacía por expertas e iniciadas reunidas en librerías feministas donde las mujeres estaban muy concienciadas y sin contradicción alguna. Pero el mundo de fuera está lleno de contradicciones y relaciones de poder. Lo que reclamo es que se nos trate como a los hombres, porque no vale que ellos puedan hacer política en Intereconomía o en el infierno y nosotras tengamos que hacerla en el cielo.

¿En qué peca la izquierda en materia feminista?

En la pureza. Pero más que izquierda, diría que es izquierdismo, una especie de racionalismo que asume que las personas que hacen política son racionales. Esto también es otra discrepancia de fondo entre feminismos. Las personas no solo se acercan a la política mediante argumentos racionales y principios morales. Tampoco funciona así el avance del feminismo. Ahora que el feminismo ha conquistado más espacios y más hombres se incorporan a él, algunas compañeras feministas ven sospechoso que los hombres se hagan feministas para ligar o gustar más.

¿Y tú qué opinas?

Que si los hombres se sienten más deseables siendo feministas, eso demuestra que el feminismo ha ganado, que hemos cambiado el sentido común y que hemos hecho del feminismo un lugar deseable. ¿Qué más da cómo lleguen? Bienvenidos sean.

¿Se trata de extraer el moralismo recalcitrante?

Claro. En general me siento muy distante de los feminismos moralistas que entienden que los sujetos humanos somos, ante todo, sujetos de razón y voluntad. El feminismo justamente ha venido a reivindicar también la legitimidad de las emociones, los deseos y las pasiones. También podemos preguntarnos si las mujeres nos volvemos feministas de una manera racional, ¿verdad? Probablemente existan muchas causas emocionales, amorosas y deseantes, y eso no es algo de lo que sospechar. Cuando intentas convencer a los demás solo con la moral y la razón, la política sale mal. Es una política de sermones.

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“Hay que crear un feminismo del deseo y no de la culpa ni de la moral”

En el libro también criticas que la izquierda percibe el poder como una bola inquebrantable, un todo sin fisuras.

Sí. Existe una tendencia conspiranoica de la izquierda a definir sólidamente el sistema, como si fuera un elemento único con una mente inteligente perfecta, donde todo encajara con todo. Es mejor pensar que hay varios poderes y estructuras en vez de “el sistema”. El poder no siempre es coherente consigo mismo. Y así, aparecen rendijas en las que hacer política. Si el poder es un todo perfecto, la pregunta es: ¿desde dónde hacemos política? ¿Desde un oasis fuera del poder? Ahora bien, si consideras que no puedes escapar del poder, entonces la posibilidad de la política está en su interior. Hay fisuras en el poder, hay rendijas, hay ocasiones, hay momentos que se abren para la política.

Y es ahí cuando hablas de feminismo estratégico.

Exacto. Un feminismo que utilice también –y como los hombres– las legitimidades construidas en este mundo. Creo que en política hay que ser fiel a los fines, pero laica en los medios. Y eso quiere decir que, en algunos contextos, por ejemplo un instituto de chavales adolescentes, la herramienta para hablar a esos chicos sobre masculinidad y feminismo quizás no soy yo, sino un hombre hetero que va a la charla en moto y con chupa de cuero. Algunas feministas argumentarían que, si un hombre es quien habla sobre feminismo, significa quitarnos la voz a las mujeres. Pero yo pienso que si este chico de la moto y la chupa de cuero se pone a nuestro servicio y dice cosas transformadoras, bienvenido sea.

¿Por dónde debería empezar una política feminista?

Por pensar radicalmente la vulnerabilidad y la finitud para crear otra política que la que han hecho históricamente los hombres.

¿Dirías que existe una masculinidad herida? Pienso en el prototipo de hombre estilo Abascal.

Sí, y que, además, deambula hacia la reacción. Una masculinidad con malestar por las conquistas del feminismo. Para desactivar esta reacción es necesario crear un feminismo del deseo y no de la culpa ni de la moral. Lo que alimenta esta reacción son los discursos ‘izquierdistas’ en el terreno de la razón, eso que comentábamos antes. Las políticas más centradas en la politización del deseo, en la disputa acerca de lo que es deseable y lo que no lo es, pueden conseguir más fácilmente ganarle terreno al machismo y a la reacción. La culpa, sin embargo, alimenta la reacción de Vox.

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“Las mujeres no somos el único sujeto del feminismo: las personas LGTBI, los hombres y las personas trans también lo son”

¿Quién es el sujeto del feminismo? ¿Puede haber hombres feministas y mujeres no feministas?

Sí, por supuesto. Y esto demuestra que el sujeto del feminismo no deben ser sólo las mujeres. De hecho, si el feminismo es una lucha universal y transformadora para todos, entonces el feminismo no es exclusivo de las mujeres, también entran los hombres, como entran todas esas personas que no se sienten ni hombres ni mujeres. Sin todos esos sujetos el feminismo no sería un proyecto del 99%, como pretendemos.

Sin embargo, esta es otra discrepancia dentro del feminismo.

En cierta manera las resistencias se entienden: si el feminismo es para todo el mundo, las más veteranas perderemos el privilegio de ser las expertas y las autorizadas. Sin embargo, creo que es el peaje de ganar una lucha social y política: o queremos que el feminismo sea solo nuestro o queremos que sea la lucha política de nuestro tiempo. Sin duda, las mujeres son el sujeto protagonista fundamental, pero no es el único sujeto del feminismo: las personas LGTBI, los hombres y las personas trans también lo son; sujetos que aportan al feminismo miradas y experiencias con enorme potencia para el feminismo, aunque no sean las de las mujeres ¿Cuántas cosas pueden decir los hombres trans respecto a la masculinidad y sus estrechísimas normas? ¿Cuántos análisis valiosos para los hombres en general pueden hacer las masculinidades maricas o gays sobre la posibilidad de ser un hombre y no cumplir los imperativos de la masculinidad?

Deben ser voces interesantes de escuchar, sí. ¿Dirías que todo avance feminista es anticapitalista?

El feminismo ha estudiado con acierto la alianza entre patriarcado y capitalismo, puesto que es vital para saber cómo funciona la opresión y la dominación en la sociedad moderna y contemporánea. Dado que la sociedad capitalista está aliada con la reproducción de división sexual creo que el feminismo no puede sino ser un proyecto anticapitalista. Ahora bien, antes de que existiera el capitalismo, ya había patriarcado. Yo no unificaría ambos sistemas. El patriarcado no necesita el capitalismo.

El feminismo es una voz plural y crítica. Pero, ahora que el feminismo se afianza más, ¿qué pregunta urge formularse?

Preguntarse por qué conquistar el poder, para qué lo queremos, qué vamos a hacer con él. No debemos dar por bueno ni todo lo que hacen las mujeres ni todo lo que se defiende en nombre del feminismo. Ahora que todo el mundo quiere ser feminista, lo cual es un efecto de su hegemonía, debe abordarse la discusión de que, o no todo es feminismo, o no son defendibles todos los feminismos.

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“Tenemos derecho a ser tan malas como pueden serlo los hombres”

¿Por ejemplo?

Yo discrepo de las compañeras que no quieren saber nada del poder ni de los partidos, ni de las televisiones ni de las redes argumentando que es un mundo manchado de poder; como tampoco estoy de acuerdo con el cinismo o la santificación del poder de las mujeres. Defiendo el derecho de las mujeres de estar incluso en el infierno, pero no voy a elegir el infierno como proyecto. Legitimo el derecho a acceder al poder de las mujeres y reivindico el uso del poder por parte del feminismo, pero solo seguirá siendo mi proyecto político si ese poder es puesto al servicio de una política radical y transformadora.

No todo vale, ¿no?

Exacto. Así como Ciudadanos, por mucho que quiera ser feminista, su proyecto político le sitúa en las antípodas de serlo, los feminismos actuales anclados en el punitivismo y la política penal, me parecen contra revolucionarios. Un feminismo que combate la violencia machista u homófoba a golpe de código penal y refuerce la violencia y el castigo del Estado ampliando delitos o pidiendo más penas, no es un feminismo que dispute el poder para transformar la sociedad, sino que ha tomado el poder para reproducirlo en sus formas patriarcales.

Una última pregunta: ¿en qué debe estar atento el feminismo?

Debe estar atento a los discursos esencialistas, no santificar a las mujeres. Cuando lo hace, se convierte en conservador y deriva hacia un feminismo identitario. No todas las mujeres somos iguales. De hecho, recordemos que nuestra lucha política tiene precisamente que ver con el derecho a dejar de ser tratadas como idénticas, de conquistar el derecho al mal y poder ser muchas cosas que se nos han negado, entre las cuales está la posibilidad de ser tan malas como pueden serlo los hombres. Es necesario defender el derecho al mal y al error de las mujeres.

Estas derivas identitarias están apareciendo en otros movimientos sociales.

Sí, es un peligro que no concierne sólo al feminismo. El feminismo no debe construir una lucha política basada en la idea de que unos son buenos y otros malos. Cuando Vox nos acusa a las mujeres de mentir y denunciar a los hombres con falsedades, que la respuesta no sea que las mujeres nunca mentimos. Así solo restauramos, de nuevo, la vieja exigencia patriarcal de tener que ser santas y buenas. Santificar a las mujeres para defenderlas del patriarcado, es volver a anclarlas dentro de él. Y hay discursos feministas peligrosamente dedicados a hacer de las víctimas un sujeto bueno. Se puede ser una víctima y estar equivocado políticamente. El carácter de víctima no está en duda, pero es que ser víctima no te da ni la bondad ni la razón en nada y mucho menos te otorga el derecho a tener una posición incuestionable.

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