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Entrevistes

Cristian Segura “Colau también forma parte ahora de la élite, le guste o no”

El periodista y escritor Cristian Segura (Barcelona, 1978) nació en Sarrià, fue al Parvulario Pedralbes y estudió en La Salle Bonanova. De joven, atravesar la frontera de la Diagonal era para él adentrarse en territorio comanche. Pero, con el tiempo, se convirtió en lo que define como “un pijoprogre de manual”. Escribe en el diario El País, ha publicado novela y ensayo y a menudo ha estado en la diana de cierto independentismo por sus artículos, escritos con una prosa irónica y mordaz. Quedamos en el Centre Cívic de Sarrià para hablar de su nuevo libro, Gent d’ordre (Gente de orden) publicado por Galaxia Gutenberg, un retrato de las élites de Barcelona y de un mundo que, según él dice, está desapareciendo. “¿Sabes que tú y yo tenemos haters en común, no?”, me dice al llegar. Le digo que sí, pero que en esta entrevista hablaremos de las cosas realmente importantes.

28/10/2021 | 06:00

Explicas que Gent d’ordre ha tenido que superar muchos obstáculos para ser publicado. ¿Cuáles?

Qué ilusión que me lo preguntes, porque nadie lo hace, y yo, por elegancia, prefiero no plantear motu proprio este tema. No tiene mucho secreto. El libro lo escribí por encargo del Grup 62; lo tenía que publicar el sello Destino. La primera versión estaba terminada en 2018, y tenía que salir en septiembre de 2019, pero se fue atrasando. De hecho, si buscas por Internet, encontrarás una referencia a la edición que tenía que hacer Destino, porque ya se había anunciado la publicación, con una portada diferente con una raqueta… Incluso puedes intentar comprarlo, a pesar de que no se llegó a distribuir.

¿Qué pasó?

Recuerdo que, en pleno jaleo por la sentencia del Supremo, me llamó el editor del Grup 62 y me dijeron que este libro no podía salir. Qué era muy delicado, que hablaba de mucha gente… Me pidieron algunos meses para plantear unas modificaciones, porque por contrato estaban obligados a publicarlo tal como lo tenían.

Tú tenías un contrato con Planeta, actual propietaria del Grup 62. De hecho, ganaste el premio Josep Pla, que otorga Planeta…

No creo que el problema fuera Planeta. En el libro trato bastante bien al señor Lara y el grupo editorial no sale malparado. Creo que es más el problema de unos editores en concreto de estos sellos, que quizás tenían miedo. Pero, si miras la historia de Planeta, ha publicado cosas muy valientes. Planeta lo que quiere es ganar dinero, y por eso tanto pueden ser accionistas del Avui como de La Razón o de La Sexta. O publicar libros de un comunista.

¿Y cómo acabó todo?

Fueron pasando los meses y no recibía señales de vida de los editores. En febrero de 2020, cuando empezaba la pandemia, me enviaron un documento con una serie de modificaciones que me parecieron surrealistas. Me decían, por ejemplo, que solo daba voz a una parte…, cosa que hacen el 95% de los libros que edita el Grup 62. El libro de Oriol Mitjà, por ejemplo, hace una crítica desgarrada contra Pere Aragonès, Alba Vergés o contra mí mismo. No me pidieron la opinión o la réplica, y me parece perfecto. También dijeron que nos demandarían por el hecho de explicar que Lluïsa Sallent, que fue amante de Juan Antonio Samaranch, había sufrido maltratos de su primer marido, Enrique Martorell. Un caso que ella misma explica en su autobiografía… publicada por el Grupo Planeta! Al final decidí proponerles de rescindir el contrato y estuvieron de acuerdo. Y esto también me ha permitido conocer que en Cataluña hay buenos editores, como Galaxia Gutenberg.

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En Cataluña se han consolidado unas nuevas élites a partir de su vinculación con la Generalitat”

El libro es el retrato de un mundo que, según dices, se está extinguiendo. Pero, que se sepa, los grandes nombres del Ibex-35 siguen cortando el bacalao. ¿Por qué dices que está perdiendo poder?

Siempre ha habido grandes empresas al frente de los índices bursátiles. Pero este libro no habla de eso, sino de una sociedad que vive de Diagonal hacia arriba y sus colonias en Sant Cugat o en Cadaqués. No es un retrato del señor Godó o de Víctor Grífols. Doy por perdidas a unas élites, y no solo a los 10 nombres más conocidos. Te pondré un gran ejemplo: la ampliación del aeropuerto de El Prat. Hace 20 o 30 años, este proyecto habría salido adelante fuera como fuera, por mucho que se quejaran los ecologistas. Ahora esto ha cambiado. Hay unas nuevas élites que tienen influencia pública, y este tipo de sociedad civil que representa el señor Sánchez Llibre [presidente de Fomento del Trabajo] ha perdido peso. Otro ejemplo es este centro cívico donde estamos ahora. O la Casa Orlandai. La gente que gestiona estos espacios seguramente son hijos y nietos de estos barrios, pero tienen otra sensibilidad y otra percepción de la vida, de lo que es justo e injusto. Cuando yo era pequeño, lugares así no existían. El ascensor social y la consolidación del Estado del bienestar han hecho que aquel oasis elitista se abriera por fuerza. Han tenido que compartir poder e influencia.

También explicas que en Cataluña, según tu parecer, ha nacido una nueva élite a la sombra del procés. ¿Qué características tiene y en qué se diferencia de la élite clásica?

Una diferencia importante es que las élites de siempre hicieron negocio en gran parte al margen de la política. Durante el franquismo, había una desconfianza intrínseca en la clase política, producto de 40 años de dictadura. Ahora no es así. Con la democracia, los empresarios empezaron a tener más vínculo con la Administración. Y se han consolidado unas nuevas élites que se proyectan a partir de su vinculación con la Generalitat. Un caso evidente es la familia Sumarroca. Comsa es una empresa muy antigua, con 50 años de historia y han trabajado con administraciones de todo el Estado, pero dónde tienen más peso es en Cataluña. Otro ejemplo es Ros Roca, de Tàrrega.

Pero no es cierto que las élites que prosperaron durante el franquismo no tuvieran contacto con el régimen. Al contrario: el poder económico y político del régimen estuvieron muy imbricados.

Había una paz social impuesta; esto es cierto. Pero mi familia, por ejemplo, se ganó muy bien la vida fabricando perfumes, pero no tuvo ninguna relación con el régimen. El señor Antoni Vila Casas tenía una gran farmacéutica, y él lo que quería era que no lo incordiaran. Como mucho, pedir alguna licencia para conseguir comercializar medicamentos… Antes había muchas más empresas que lo que querían era hacer negocio y que la Administración no las incordiara mucho; ahora no es así. La globalización y la crisis económica han supuesto un golpe muy bestia para la industria, en especial en Cataluña. En tiempo de crisis, tener buenos contactos en la Administración ayuda, sobre todo en el sector de la construcción o el tecnológico. La Administración catalana es rica, mueve un presupuesto muy grande.

Hay quien dice que la Generalitat es poca cosa y tiene pocos recursos, porque el Estado recauda los impuestos y hay déficit fiscal.

La Generalitat quizás no recauda todos los recursos. Pero el presupuesto de la Generalitat es elevado. Es una de las regiones con los presupuestos más elevados de Europa. De la Administración catalana, vive mucha gente.

¿Te refieres a los 500 altos cargos?

No solo. También está el cuerpo de funcionarios de más rango de la Generalitat, en algunos casos muy bien retribuido. Y, en cuanto a los altos cargos, aunque sean eventuales, son gente que en algunos casos quizás hace décadas que están en la Administración cobrando mucho dinero. Una persona que gana 80.000 euros anuales durante 15 años quizás no es burguesía en la definición más tradicional, pero sí que es una clase acomodada.

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“Ahora los padres que llevan los niños a La Salle dicen que van ‘a la concertada’, pero aquello es la escuela de pago, como siempre”

El libro es una especie de autobiografía a medio camino del ensayo. Hablas de lugares muy referenciales de tu niñez y juventud. Mencionas, por ejemplo, La Salle Bonanova, donde estudiaste y donde se ha formado gran parte de las élites barcelonesas.

No es solo La Salle ni es la escuela más importante: está el San Ignacio, los Salesianos, Aula, las escuelas de Raimon Galí, el Jesús María… Otra señal de cómo han cambiado los tiempos: en mi barrio, cuando yo era pequeño, tú ibas a la pública o a la escuela de pago. No existía esto de “mi hijo va a la concertada”. Ahora, los padres que llevan los niños a La Salle, o al San Ignacio, o a la Farga, dicen que van “a la concertada”. ¡Qué cojones! Van a la privada como siempre. Porque, de privadas de verdad, quedan pocas: ahora todas cobran dinero público, pero esto es otro debate.

¿Qué tiene de especial la educación que te dan escuelas como La Salle Bonanova?

Gerard Piqué fue a esa escuela: un tipo válido, muy vivaracho, y también muy chulito. Si la gente tiene en mente cómo es Gerard Piqué, sabrá cómo es La Salle. La diferencia principal es el entorno social. Tú vas a clase con “el hijo o la hija de”. Hay gente que va becada, y normalmente son los mejores estudiantes. Pero te socializas en un entorno en el que, cuando sales del San Ignacio, estás en el barrio de la Bonanova. No es lo mismo que estudiar en Trinitat Vella.

A la hora de hablar de esta “gente de orden”, en el libro haces una clasificación entre lo que denominas pijoprogres y pijolocos. ¿En qué se diferencian unos de los otros?

El pijoprogre es una persona con un sentimiento de culpa de clase muy grande. Por eso abraza cruzadas progresistas y de izquierdas. A veces, como suele pasar con los conversos, tiene posiciones extremas o muy poco sensatas. Yo mismo he sido un pijoprogre. He tenido criadas que me explicaban su vida y me sentía mal. Si soy periodista, también es un poco por esta sensibilidad, que en otros momentos de la historia una persona nacida donde yo he nacido no habría tenido. En cambio, el pijoloco es alguien que asume muy bien de donde viene sin ninguna carga de culpa. Es amoral. Para él, lo importante es disfrutar y hacer cuanto más dinero mejor.

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Sánchez Llibre, Fomento y su entorno ya no hacen de ‘pal de paller’: han perdido influencia”

Una tercera clasificación es lo que llamas pal de paller [expresión catalana que significa eje o núcleo vertebrador de una sociedad, una empresa…], que sería poco más o menos aquel típico representante del oasis catalán de los noventa, aquel votante clásico que, dependiendo del momento histórico, optaba por CiU, por el PP y a veces por el PSOE. Dices que está prácticamente extinguido.

El pal de paller lo puedes encontrar en el mundo de la empresa familiar, es alguien que aporta cordura y une a las diferentes ramas de la alcurnia. Un ejemplo sería Josep Lluís Bonet, de Freixenet, o lo que representó José Manuel Lara. Gente que tiene una voluntad de acercar posiciones, tocar muchas teclas y mantener equilibrios. Eso podía implicar también un gran ejercicio de poder. Un claro ejemplo fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona’92. Los pals de paller pasaron por encima de toda la oposición contra los Juegos. Aquello fue una apisonadora. Pero ahora están fatal. Quedan poquísimos.

¿Tú crees?

Sí, sí. Todo esto se ha perdido mucho. Volviendo al ejemplo de la ampliación de El Prat: ves la manera de expresarse de Sánchez Llibre en Fomento, o de personas de su entorno, y es una manera agresiva, desesperada. Ya no hacen de ‘pal de paller’. Han perdido influencia. Lo mismo, pero en otro sentido, pasó en la Pimec [patronal de la pequeña y mediana empresa en Cataluña] durante el procés. Dejó de ser pal de paller en el momento en que se posicionó a favor de la autodeterminación y de las tesis independentistas.

El libro desprende cierta nostalgia de este oasis que describes. ¿Por qué lo echas de menos?

Es el mundo de donde vengo. Es cómo si alguien nace en un bar de carretera de mala muerte en un rincón desértico en medio de Australia y allá vive durante toda su niñez hasta los 20 años, en que lo reclutan para ir al ejército. Y, al cabo de los años, un día vuelve y aquel bar de mierda donde lo pasabas tan mal ya no está. Y entonces sientes como lástima. No digo que el mundo de donde vengo yo sea un bar de carretera de mierda. Pero es normal sentir nostalgia del lugar de donde vienes cuando ves que desaparece.

Esto es cuestionable. La gente pobre que vive en barrios deprimidos no tiene ninguna nostalgia si consigue salir de ellos. No los romantiza.

Esto no lo sé. Pero, si es un mundo en el cual se vivía de forma inconsciente, dulce y placiente, seguramente lo echarás de menos.

Dedicas un capítulo a hablar de La Caixa y de Isidre Fainé. Explicas que, hace años, publicaste un artículo en la revista Actualidad Económica que no le gustó. Y que te citó en la sede de La Caixa para cantarte las cuarenta.

Los banqueros son gente especial. Yo he estado en entrevistas en grupo con Angela Merkel, en ruedas de prensa como observador con el presidente de China o con Barack Obama, he entrevistado presidentes de la Generalitat… Pero nunca he notado tanto la transmisión del poder como con Isidre Fainé. Fue muy interesante. Él me hablaba con aquellos silencios que hace, aquella voz de caballero Jedi… Las gafas las tenía limpísimas. Un vidrio grueso, limpio… Fíjate que los presidentes de La Caixa siempre tienen las gafas muy limpias. Y los gestos, cómo te coge… Aquel hombre me podía haber triturado… y no lo hizo. El pal de paller es consciente de su posición y no le hace falta apretar el botón de destrucción para relacionarse. La Caixa durante décadas ha financiado partidos e instituciones de todo color. Este es el paradigma del pal de paller. Que CaixaBank ya no esté en Cataluña es el símbolo que los pals de paller se están extinguiendo.

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El ‘conseller’ Giró fue muy prolífico desde La Caixa en financiar al independentismo”

¿Qué piensas de Jaume Giró, consejero de Economía que ha sido director general de CaixaBank?

Es un señor que llevaba la prensa de Gas Natural y fue subiendo. Siempre ha sido muy próximo al núcleo convergente. Y desde La Caixa fue muy prolífico a la hora de financiar a cierto independentismo.

¿La Caixa financiando al independentismo? Pero si sacó la sede social de Cataluña durante el 1-O!

¿De verdad que no lo sabes? Lo dices en broma, ¿no?

Explícate más. ¿Qué independentistas ha financiado La Caixa? ¿Partidos políticos? ¿Medios de comunicación?

El señor Giró no salió bien parado de La Caixa porque él quería mantener una relación muy cordial con el nacionalismo catalán, pero en aquel momento la presidencia de la entidad entendió que eso era ir por mal camino. Pero no es solo su caso. Ramon Rovira también se fue del Banc Sabadell. Los grandes bancos como La Caixa siempre han querido llevarse bien con todas las fuerzas políticas y económicas. ¿CRÍTIC recibe dinero de La Caixa?

No. CRÍTIC tiene un código ético publicitario por el que no recibe publicidad de las grandes empresas de Ibex-35 o de la gran banca. Creemos que ello podría afectar la independencia del proyecto periodístico.

[Silencio largo] Continuemos, continuemos.

También hablas del “suquet” de Pere Portabella en L’Empordà [cena basada en este plato típico de pescado que reúne personalidades de la política y de la economía catalana en la residencia de verano del director de cine y exdiputado del PSUC Pere Portabella] como exponente de esta sociedad acomodada. ¿El equivalente soberanista de aquel momento es ahora la paella de Pilar Rahola?

Los “suquets” de Portabella durante los ochenta y noventa eran el oasis total. Esto de Pilar Rahola es diferente. Rahola es o era socia del Real Club de Polo. Yo la veía escribiendo sus artículos en la sala del dómino. Creo que es otro ejemplo de como las cosas están cambiando. Hace 30 años, Rahola no habría sido socia del Polo. Ganaba mucho dinero en el Grupo Godó, esta señora. La paella de Rahola es un retrato de estas nuevas élites que han crecido a partir de su vinculación con la Generalitat. Pensemos en aquella foto de hace algunos años. Estaba Joan Laporta, un señor que ha hecho política con los partidos soberanistas y ha sido y es presidente del Barça, y su mujer es de una familia de superorden, los hombres de Fecsa-Endesa en Cataluña. Ahora Laporta es parte del establishment independentista. Bonaventura Clotet también. Sus éxitos y virtudes como médico son incontestables, pero ha sido una persona próxima al poder político y a Junts per Catalunya. Gemma Recoder, que es la hermana del exconseller Lluís Recoder, debe de ganar mucho dinero haciendo el Canet Rock. ¿Pero dónde están aquellos prohombres de Convergència de Barcelona? ¿Dónde están los Molins, los Roca, los Pujol, los Trias? El mismo Artur Mas, de familia de El Maresme, pero que también formaba parte de aquello… Aquella burguesía barcelonesa ya no está. Puigdemont es de Amer. No hay nadie de Barcelona que mande en Junts per Catalunya. Laura Borràs, quizás. Pero Laura Borràs es el antipal de paller.

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Conozco mucha gente que viene de un entorno acomodado y vota a la CUP. Me parece contradictorio”

En el libro también haces un retrato duro de la CUP. Una de las cosas que dices es que te sorprende que gente como Jaume Roures o Josep Ramoneda hayan manifestado simpatía por esta formación anticapitalista.

Roures no viene de una familia acomodada, al contrario. Es alguien del Raval que viene de muy abajo y quizás le sabrá mal que lo diga, pero es el paradigma del self-made man. Este hombre en los Estados unidos tendría calles y edificios con su nombre. Es un crack. Su empresa tuvo una proyección importante por sus vínculos con la Administración pública, la catalana y no catalana. Pero, claro, alguien que es millonario, y creo que soy conservador diciendo solo millonario, que se ha ganado muy bien la vida con uno de los negocios más especulativos que hay cómo es el de los derechos del fútbol…; que alguien con esta trayectoria defienda, y cito CRÍTIC, que es marxista…, o que diga que Fidel Castro es maravilloso…, pues es paradójico: llama la atención. Ramoneda ha sido presidente del Grup 62, ha montado una escuela de pensamiento con La Caixa, escribe en diarios del establishment como El País o incluso el Ara… Que diga que vota a la CUP es contradictorio. No son casos únicos. Quizás no es mayoritario, pero yo conozco mucha gente que viene de un entorno acomodado y vota a la CUP.

¿Por qué crees que se da este fenómeno?

Cuando tienes no solo las necesidades más básicas, sino también las más elevadas, cubiertas del todo, tienes más tiempo y más margen para embarcarte o apoyar a ideologías que incluso rompen con el mundo del que vienes. Yo mismo me he encontrado en esta situación, y seguramente es normal. El socialismo lo ideó gente que venía de la burguesía. El obrero que ponía clavos en una fábrica no tenía tiempo para pensar: solo se ocupaba de trabajar y llevar un plato caliente a casa. La burguesía siempre ha sido motor de grandes cambios y transformaciones.

Y Podemos, ¿crees que es un poco lo mismo?

Yo lo dije en su momento: no hay nada más establishment que el documento del pacto de Gobierno entre el PSOE y Podemos. ¡Era brutal! Aquello te lo firman Merkel y Macron. Y la señora Colau representa esto también.

Pero Colau no viene de estas élites que representarían gente como Portabella o Ramoneda. Su familia no es burguesía de Sarrià.

No viene de este mundo, pero ahora forma parte de él. Ahora Colau es parte de la élite, le guste o no. Una señora que ha sido ocho años alcaldesa de Barcelona forma parte de las élites. La diferencia es que en las élites de antes llevaban la batuta los prohombres de Barcelona, y ahora ya no. Me sabría mal que se entendiera que digo que Colau es la alcaldesa de las élites: no es eso. Pero sí que coincide en parte con ellas.

Las políticas que proponen Colau y Podemos en materia de vivienda, por ejemplo, no son las mismas que las de Merkel…

No, pero han entrado a formar parte del sistema. Aquel documento se compromete a un control presupuestario, a muchas cosas que están en la línea del establishment y el sistema liberal europeo. Y, en Barcelona, la señora Colau introduce demandas no solo de la gente más necesitada, sino de los sectores de las clases acomodadas que tienen otras necesidades.

¿Qué demandas?

Tengo amigos míos pijos a cagar que están en contra de la ampliación de El Prat. Es gente que continuará pasando el verano en Tokio o seguirá viajando a hacer negocios a Múnich, y no irá en tren. A mí me parece muy bien que viajen como quieran. Pero creo que pueden estar en contra de la ampliación de El Prat porque tienen 25 pisos. Entrevisté a Pepe Álvarez, de la UGT, que también forma parte del sistema, pero es consciente que la ampliación de El Prat puede dar puestos de trabajo. Buenos o malos, pero puede darlos. Y, en un momento en el que el paro es alto, entiendo que tenga otras cosas en la cabeza.

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