04/01/2026 | 08:00
(Podeu llegir la versió en català d’aquesta mateixa entrevista clicant aquí)
¿Cómo analizas lo que está pasando en Venezuela?
Esto es un ataque que tiene consecuencias continentales e incluso irradiación mundial. Lo que estamos viendo es la aceleración de un proceso que viene de lejos. Esa presión brutal contra el gobierno de Venezuela ya se inició en el primer mandato de Donald Trump. Esto es la segunda parte de lo que se empezó en aquella época: recordemos, para los que no tienen memoria, el experimento del gobierno paralelo de Juan Guaidó, el intento de cambio de régimen en el 2019, el robo de la embajada venezolana en Washington o la retención de las reservas de oro venezolanas en la banca internacional. El fracaso de esos intentos ha llevado ahora a profundizar en la presión ya directamente con bombardeos en el mar a supuestas narcolanchas y barcos petroleros y, finalmente, ayer a bombardear en tierra y acabar secuestrando al presidente Nicolás Maduro.
Pero este posicionamiento contra la Venezuela bolivariana no es exclusivo de Trump, ¿no?
Esto es una política de estado que trasciende la alternancia gubernamental y busca un cambio de régimen desde que en 1999 se ve que Chávez no iba a ser un mandatario dócil en el país con las principales reservas de petróleo del mundo. Estados Unidos lo conceptualiza como una amenaza a su seguridad y en este mandato de Trump ha construido un enemigo en la forma del narcoterrorista Nicolás Maduro. Es una más de las invenciones de Estados Unidos para justificar sus injerencias o derrocamientos de gobiernos que no les son afines. Recuerda mucho a la operación para sacar a Manuel Noriega en Panamá. Pero también a las mentiras que se construyeron para justificar la guerra por petróleo en Irak.
“Quizás ha habido algún tipo de traición o de quiebre interno en algún sector de las fuerzas armadas venezolanas”
¿Dónde crees que deberíamos fijarnos?
Lo que me ha sorprendido no es que hayan bombardeado posiciones militares, sino el hecho de que hayan sido capaces de secuestrar al presidente Maduro. Quizá ha tenido que haber algún tipo de traición o de quiebre interno, por parte de algún sector de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana o de su guardia de seguridad, de su círculo más íntimo. Es curioso porque en estos meses previos la oposición venezolana, a raíz del premio Nobel a María Corina Machado, hablaba ya abiertamente de un término que ahora algunos periodistas opositores han rescatado desde Caracas: la “extracción quirúrgica”.
¿Cómo han podido llegar hasta el lugar donde dormía Nicolás Maduro? Las medidas de seguridad eran excepcionales. Cambiaba de domicilio cada día. Estaba en alerta máxima.
Los propios analistas de oposición lo veían difícil porque se daban cuenta de que era muy complicado penetrar en ese círculo más íntimo de Maduro y en su seguridad. Para mí lo sorpresivo es que hayan sido capaces de hacer esa acción que, en la lógica opositora, llaman “extracción quirúrgica”. Pero, ¿qué tan quirúrgico ha sido realmente? Lo cierto es que aún no sabemos casi nada, nos queda la duda de si ha habido un enfrentamiento, de si ha habido muertes y cuántas entre los soldados que custodiaban al presidente o de si él ha optado por entregarse para evitar un derramamiento de sangre.
Algunos medios de comunicación dicen que Maduro ha sido detenido. Otros hablan, en términos militares, de extracción. Otros hemos optado por el concepto “capturado”. Y los más críticos, lo tildan de secuestro. ¿Tú cómo lo llamarías? El lenguaje es muy importante.
“Extracción” me parece un eufemismo que pretende ser aséptico, tratando a Maduro como si fuera un virus que hay que extraer para erradicar una enfermedad. Cuando dices que capturas a alguien, es alguien que estaba en busca y captura, es decir, un criminal. Pero Maduro estaba gobernando y en su país, paseaba por las calles de Caracas. Para mí, y creo que los expertos en derecho internacional coincidirán, esto es un secuestro y un crimen de agresión. De hecho, es un secuestro que a la vez supone un golpe de Estado o un posible cambio de régimen. Lo ha declarado el mismo Donald Trump en rueda de prensa afirmando que Estados Unidos gobernará Venezuela a partir de ahora.
¿Si cae Maduro, cae la revolución? Los medios y gobiernos creen que si “extraen” el virus de Maduro, caerá todo el sistema como un castillo de naipes. ¿Puede ser?
Elliott Abrams, funcionario con una larga trayectoria en la guerra sucia y la contrainsurgencia, mandó un mensaje directo a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana: “Ustedes no se tienen que ir, Maduro se tiene que ir”. Este sector de línea dura ha estado presionando a Trump diciéndole que no podía no completar el trabajo, y vemos que finalmente Trump ha decidido acabarlo. Las presiones hacia el ejército venezolano han sido y están siendo brutales.
Que esa hipotética traición se traduzca en una traición más amplia en los comandos de la Fuerza Armada está por ver. Ahora mismo el general Vladimir Padrino, ministro de Defensa, ha salido a marcar línea, igual que Diosdado Cabello, que representa al sector del poder militar, denunciando las acciones de Estados Unidos y pidiendo una fe de vida del presidente Maduro. También Delcy Rodríguez, la vicepresidenta, que sería la que tendría que asumir el cargo de presidenta interina.
Esto es importante porque la oposición ya está colocando en los medios la idea de que se tienen que convocar elecciones. Pero según la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, no hay una falta absoluta del presidente porque no existe ningún supuesto donde diga que el presidente se va a ausentar por un secuestro. Si sigue el conjunto del gobierno y no hay un quiebre en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la revolución sigue adelante, con la dirección que ha tenido hasta ahora, solo que con otro presidente o presidenta.
¿Cómo van a reaccionar las calles en Caracas?
De momento ha habido diversas movilizaciones en defensa del retorno de Maduro y de la institucionalidad venezolana, pero creo, por lo que he conversado con diversos amigos y compañeros venezolanos que están allí y aquí, que mucha gente está todavía procesando los acontecimientos. Nadie se esperaba esta operación de secuestro de Nicolás Maduro.
Aquí la clave es saber qué pasos más está dispuesto a dar el gobierno de Estados Unidos. Trump dice eso de que gobernarán ahora Venezuela pero ¿cómo tomará el control institucional? ¿Piensa enviar tropas o tiene aliados in situ para hacerlo? María Corina Machado ha hecho una declaración pidiendo a la gente estar lista para ver los siguientes pasos pero, a la vez, Trump ha dicho que Machado no tiene suficiente apoyo ni respeto para gobernar. Hay muchas cosas aquí que no sabemos. Todavía se está a la expectativa.
“María Corina Machado y este sector de la oposición de ultraderecha tienen más seguidores fuera de Venezuela que en Venezuela”
¿Pero cómo está la oposición? ¿Fuerte? ¿Unida? ¿Quién la lidera realmente? ¿Se lanzará a la calle como otras veces?
María Corina Machado y este sector de la oposición de ultraderecha tienen más seguidores fuera de Venezuela que en la propia Venezuela. La oposición radical no es nada sin la ayuda de los EE. UU. y dudo que tenga capacidad de movilizar en las calles ahora mismo a los venezolanos que sí quieren un cambio de gobierno, todavía menos después de comprobar que pueden ser bombardeados también ellos.
Puede que haya un sector de venezolanos que se ha cansado del proceso, que son más indiferentes ahora, o incluso que se han pasado del chavismo a posiciones opositoras, pero eso es una cosa y otra cosa es querer que bombardeen tu propio país. Hay una oposición, o al menos sectores críticos con el gobierno, que tienen un sentido muy patriótico y no aceptan injerencias extranjeras; esto es algo que también ha dejado el proceso revolucionario. Hay una serie de opositores venezolanos moderados que no quieren matar a Maduro, ni acabar con la revolución a base de bombas. Son sectores que reconocen su constitución, pero que quieren cambiar cosas; se presentan a elecciones o incluso tienen gobiernos regionales o alcaldías. Están en Venezuela y apuestan por ganar espacios y beneficiarse de esa insatisfacción de algunos sectores con la gestión del gobierno.
“No se puede denunciar lo que hace Estados Unidos y al mismo tiempo decir que Venezuela es una dictadura”
Has sido crítica con los grandes medios de comunicación por, según tú, haber legitimado golpes de estado y agresiones extranjeras en Venezuela y en otros lugares de América Latina. Ahora habría vuelto a suceder. ¿Se puede hablar del papel de los grandes medios de comunicación?
La construcción mediática de una realidad paralela ha provocado que ahora se pueda secuestrar a un presidente y que haya gente, incluso progresista, que lo vea bien, como un acto de liberación de una narcodictadura. El problema con Venezuela es que se ha tratado de presentar como información cosas que muchas veces eran opinión, tirando de periodistas que están en Caracas, pero que son personas claramente opositoras. Recomiendo el libro Antiperiodistas, de Fernando Casado, donde directores de medios y periodistas acaban confesando cómo informan sobre Venezuela: con mucha más opinión que información. Se ha hecho un tipo de periodismo que no fiscalizaba a los poderosos porque, en este conflicto, el poderoso no es Nicolás Maduro y la revolución bolivariana; el poderoso es Estados Unidos.
Los medios de comunicación nos han repetido hasta la saciedad que Venezuela es una dictadura y, por lo tanto, Maduro es un dictador o autócrata horrible. ¿Se equivocan todos?
Cualquier politólogo serio que analice, incluso con parámetros de medidores liberales, qué características tiene que tener un régimen para ser una dictadura, verá que Venezuela no cumple todos los requisitos. Sus dirigentes pueden cometer errores o abusos, pero son gobiernos legitimados por sus pueblos porque representan su visión. Si la gente de izquierdas en Europa no entiende que cuando te enfrentas al poder de verdad no te van a respetar, los pueblos europeos estarán condenados a no tener posibilidad de emancipación nunca. No se puede denunciar lo que hacen Estados Unidos y al mismo tiempo decir que Venezuela es una dictadura como una especie de falsa equidistancia. De hecho, decir esto demuestra una falta de comprensión total sobre lo que está ocurriendo realmente.
“A la izquierda europea le ha costado mucho entender a Chávez, Maduro y la revolución bolivariana. Hay que ser más humildes”
Buena parte de la izquierda española, y no me refiero al PSOE, ha sido muy crítica con Maduro y el proceso bolivariano. ¿Por qué se han posicionado así?
Es cierto que Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro luego y, en general, la Revolución Bolivariana, han costado mucho de entender, entre ciertas izquierdas mundiales, sobre todo europeas.
¿Por qué?
Chávez venía del ejército y estaba viva la memoria de las dictaduras militares, aunque en América Latina también hay una historia de alzamientos militares progresistas. Además, Chávez no era una persona de izquierdas clásica; bebía de muchas fuentes, desde Trotsky hasta Simón Bolívar, en un sincretismo doctrinal. Algunos, desde el marxismo, lo tildaban de bonapartismo, ignorando el proceso de construcción del Estado comunal, por ejemplo. Esa incomprensión y esos prejuicios vienen también de que Chávez consiguió lo que no logró la izquierda clásica venezolana: canalizar la rabia de las masas tras el Caracazo de 1989, y hacerlo de una manera sui generis, pero rescatando la idea del socialismo. Es cierto que la revolución, desde que no está Chávez, ha tenido un componente más de lucha patriótica frente a la agresión externa que de pureza de izquierda, imponiéndose sectores más nacionalistas que socialistas.
¿Y crees la izquierda europea se ha equivocado en sus análisis?
Creo que tendríamos que ser más humildes y no dar lecciones de cómo hacer una revolución a gente que sí se está jugando la vida y poniendo su cuerpo. Quienes tienen que combatir las contradicciones de ese gobierno son los propios sectores de izquierdas en Venezuela. El problema es cuando sectores críticos que dicen ser progresistas van de la mano de la oposición que apoya agresiones imperialistas; ahí pierden su legitimidad porque nunca hay que equivocarse de quién es el enemigo principal. Nuestra izquierda tiene una ingenuidad absoluta sobre cómo es el ejercicio del poder brutal en las periferias del sistema. A la izquierda europea le diría: si no vas a aportar nada, no estorbes y deja a la gente luchar a su manera.